Armando Durán
El gran
titular de la edición del pasado jueves del diario Últimas Noticias lo
decía casi todo. “Venezuela se defiende frente a EE UU”, interpretación muy
particular que hacen los directores chavistas del periódico de la denuncia
formulada por Nicolás Maduro en el acto central que escenificó el régimen para
conmemorar el 23 aniversario del fallido y sangriento intento de golpe militar
del 4 de febrero.
En su
discurso, Maduro se esforzó por poner cara de dramáticas circunstancias, bien
por la exigua asistencia civil a la ceremonia, bien porque sabe cosas que
nosotros ignoramos. Y quizá por eso, por sentirse bajo la presión atroz de un
momento de gran peligro, le exigió a la FANB “lealtad, lealtad” para enfrentar
“la guerra total” que preparan en Washington Joe Biden, vicepresidente de
Estados Unidos, y el general Vincent Steward, responsable de los servicios de
inteligencia del Pentágono.
Como es
natural, se abstuvo de ofrecer detalles de cómo llegó a conocer los
entretelones de una conspiración que, de ser cierta, sería el secreto mejor
guardado en Washington. Tampoco precisó los ingredientes que conforman esta
criminal aventura imperial. Lo único que se filtró en la versión oficial de su
entrevista con Ernesto Samper, que se celebró más tarde en Miraflores, es que
Maduro le pasó a su controversial visitante información confidencial de la
conjura, pues su intención era solicitarle a Samper servir de mediador entre
Venezuela y Estados Unidos para interrumpir por vías pacíficas las
maquinaciones de la Casa Blanca contra el pueblo de Bolívar. Y lo hizo sin
tener en cuenta que Bill Clinton ordenó revocarle la visa a Samper en 1996 por sus
presuntos vínculos con el narcotráfico colombiano, situación que a pesar de lo
que Samper diga le impide ser visto con buenos ojos por Washington ni ingresar
legalmente a Estados Unidos.
¿Creyó de
veras Maduro que Samper podría entrevistarse con Obama en Washington, o más
razonable sería pensar que la intención de Maduro no era esa, sino montar otro
espectáculo populista para hacerle llegar a su clientela menos sofisticada y
más necesitada, la que le va quedando, un arrogante mensaje sobre el supuesto peso
de su protagonismo en los manejos de la política hemisférica, atributo de su
liderazgo que, por cierto, jamás ha tenido?
Por
supuesto, Samper se apresuró a escabullirse de la situación al declarar que él
estaba resuelto a proceder de inmediato, pero no como corre ve y dile de
Maduro, sino como promotor en el seno de Unasur de una acción colectiva en
defensa de Venezuela. Lamentablemente para ambos, la respuesta del Departamento
de Estado fue rápida, escueta y terminante: en lugar de escudarse en Unasur, señaló
su portavoz, Maduro debe comunicarse con Washington “por los canales
regulares”.
Mientras tanto, Maduro siguió
haciendo de las suyas. Nuevas expropiaciones por aquí, nuevos encarcelamientos
por allá, nuevas amenazas y despropósitos sin ningún sentido capitalista ni
socialista, solo para huir hacia delante, aunque radicalizar el “proceso” de
esta ciega manera solo sirva para tensar aún más la cuerda de la escasez y la
indignación de los ciudadanos. ¿Será por esta desmesurada razón que en el TSJ
redactan a toda prisa “una sentencia histórica” contra el imperio, y Luisa
Ortega Díaz, basándose en esa iniciativa, se dispone a proceder judicialmente
contra los posibles conspiradores del norte? Cabe, pues, preguntarse si son
estas las patéticas acciones que se propone aplicar Maduro para rescatar de una
vez por todas a Venezuela de su agobiante crisis sin nombre ni justificación, y
a los venezolanos de tanta y tan humillante miseria. O si se propone,
exactamente, todo lo contrario.
Vía El Nacional
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