EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/05/no-es-un-favor-senor-rodriguez/
Dice Jorge Rodríguez, en su versión de estos días de mayo, no la olvidada de enero, que “si quieren” puede mostrar las listas de presos políticos (él los llama privados de libertad) y revisar uno por uno para probar que están bien presos por los delitos que cometieron. No son, por tanto, sujetos de amnistía, la cual aceptó. Incluso con un exceso, digamos, de generosidad.
Las listas de “presos políticos” -perdonará el señor Rodríguez, en ánimo de reconciliación, que los sigamos llamando como corresponde- las han elaborado organizaciones civiles, como Foro Penal y Justicia, Encuentro y Perdón (JEP). El Estado copió la forma perversa con la que actuaron los regímenes militares que ensombrecieron el sur del continente durante las décadas de los setenta y ochenta. Detenciones arbitrarias, desapariciones, ejecuciones. Lo que ocurrió se supo mucho después y no se ha sabido todo. Venezuela fue entonces una excepción y sirvió de refugio para muchos perseguidos.
La Asamblea Nacional, que dirige Rodríguez, decretó la amnistía. En rigor, por mandato constitucional, está obligada a: “Ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional, en los términos consagrados en esta Constitución y en la ley” (artículo 187, parágrafo tercero). Y el Poder Ejecutivo, que ejerce su hermana, sin entrar en detalles, “está obligado a procurar la garantía de los derechos y las libertades de los venezolanos y venezolanas” (artículo 232 de la Constitución). Y el Poder Judicial debe ser independiente como lo exige el artículo 254 e igualmente está obligado, para la realización de la justicia, a guiarse por “la simplificación, uniformidad y eficacia de los trámites y adoptarán un procedimiento breve, oral y público", según el 257, que concluye así: “No se sacrificará la justicia por la omisión de formalidades no esenciales”.
Lo de “si quieren” es, por tanto, inaceptable. No es un favor. Es una obligación. Dios y la ley, y los venezolanos y venezolanas se lo exigen y se lo seguirán exigiendo. No hay ni un solo caso en el que la justicia se haya aplicado con el rigor y la transparencia que la Constitución establece. Ha habido infinidad de detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, negación del derecho a la defensa. ¡Ha habido demasiadas muertes bajo custodia del Estado! No es un favor, señor Rodríguez. Es una obligación.
Que Jorge Rodríguez ironice sobre el dolor de las víctimas es un exabrupto. Una burla hiriente. Admitir que “piensan distinto” porque son delincuentes o ponen bombas es una ofensa que retrata a quien la profiere.
No es la vía de la reconciliación. No es la vía de la convivencia. Es volver a lo mismo. A la justificación de un estado de cosas que desangra la nación, que enloda su alma, que pervierte la libertad y la democracia. Sin nobleza, ni bondad, ni justicia.
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