Gustavo Coronel
No
importa lo que diga el papa Francisco o lo que recomienden los
cancilleres de América Latina sobre
un diálogo adormecedor e inmoral. Basta con mirar al país para darse
cuenta de la realidad: un payaso en Miraflores, militares y familiares
de Maduro como narcotraficantes, burócratas corruptos, decisiones
económicas y sociales absurdas, saqueos del erario
público y expropiaciones de la propiedad privada.
Venezuela
es hoy un gran juguete de los ineptos. Los resultados están a la vista:
miseria, la basura
como alimento, la salud destruida, la educación prostituida. Mientras
Cuba ya se ha arrepentido de sus 60 años perdidos y de sus tres
generaciones sacrificadas, Venezuela se empeña en repetir esa tragedia.
País masoquista.
Frente
a los venezolanos solo se abren dos caminos: la esclavitud o la
rebelión. Cada día que el chavismo
permanece en el poder es la comprobación de nuestra mediocridad como
sociedad. Parecería que mientras más inepto y corrupto es el régimen más
sumisa se muestra la sociedad. Un chofer reposero se permite actuar
como dictador. ¿Qué clase de país tolera este
insulto?
Solo
hay dos caminos: la esclavitud o la rebelión. Se dice que, como el
poder está en manos de una Fuerza
Armada dominada por traidores y narcos, es imposible la rebelión, por
lo cual solo queda abierto el camino de la esclavitud. La historia
pasada nos sugiere que esa conclusión es errónea. Hoy, por ejemplo,
Venezuela está mil veces en peor situación que la que
tenía en 1958, cuando el país se alzó frente a Pérez Jiménez. En
aquella Venezuela hasta había prosperidad para quienes “no se metieran
en política”. Sin embargo, lo que también tenía la Venezuela de 1958
eran venezolanos dispuestos a correr riesgos por sus
convicciones democráticas. Hoy ha sido diferente. A quien se arriesgó
hace dos años y se fue a la calle para defender la democracia asaltada,
sus mismos compañeros lo dejaron solo. Sin embargo, ese preso tiene hoy
en las encuestas el apoyo de la mayoría de
los venezolanos. ¿Como se puede entender esto? Yo lo veo como la
muestra de que los venezolanos están dispuestos a rebelarse pero no
tienen un líder o líderes que los lleven de la mano por el camino de la
rebelión.
Lo
que no se ha comprendido en la Venezuela de hoy es que el camino de la
rebelión es también pacífico,
constitucional y democrático. La rebelión de la cual hablo no es la
montonera a lo siglo XIX ni un viaje a las montañas, disfrazados de
guerrilleros, como la locura de la década de 1960. Hablo de una rebelión
ciudadana, de una insurgencia cívica, basada en
uno de los derechos humanos más básicos: el derecho a vivir en
libertad, el derecho a sacudirse una dictadura. Hablo de una rebelión
consagrada específicamente en la Constitución, no solo como derecho sino
como deber. Porque el país ha estado violando su
propia constitución, al permitir ser manejado por un régimen
dictatorial, ilegítimo de comportamiento, corrupto e inepto.
El régimen chavista, apoyado por el Alto Mando Militar y un grupo de narco-generales es un tigre de papel,
un espejismo de poder que mantiene al país en sumisión.
¿En
qué consiste la rebelión ciudadana? En protestar masivamente, de manera
perseverante y creativa en
contra de ese régimen. Ello puede expresarse de maneras diversas:
marchas, desobediencia civil, huelgas parciales y generales, de duración
limitada o indefinida, actuaciones legislativas de desconocimiento de
los poderes usurpados por el régimen, como lo son
el Poder Electoral, el Poder Judicial y el Poder Ciudadano, hoy
marionetas en manos de traidores. Consiste en llamar abiertamente al
desconocimiento del régimen. Consiste en enjuiciar a Maduro desde la
Asamblea Nacional, en nombrar nuevos rectores del Poder
Electoral, en destituir a los magistrados traidores, ¿Es que van a
poner presos a miles de venezolanos?
Se
da por sentado que la Fuerza Armada va a reprimir de manera sangrienta
al pueblo. Que morirán ciudadanos
víctimas de los disparos de la Fuerza Armada. Esto es lo que se ha
dicho. En justicia, yo no puedo estar seguro de que no será así. De lo
que sí puedo estar seguro es que una represión armada en contra de un
pueblo que está en rebelión por su democracia y
su libertad y su derecho a vivir dignamente tendrá una respuesta
inmediata por parte de grupos de la misma Fuerza Armada que no están de
acuerdo con el alto mando militar prostituido. ¿Significara esto una
guerra civil? Probablemente pueda llamarse así pero,
en el peor de los casos, duraría horas. Lo más probable es que nunca
ocurra. Lo que sí ocurre, silenciosamente, frente a nuestros ojos, es la
muerte diaria de venezolanos. Mueren de hambre, mueren asesinados,
mueren por falta de atención médica. Quienes se
oponen a la rebelión por temor a la violencia no se dan cuenta de que
la violencia en Venezuela ya forma parte de su vida diaria. Quienes
piensan que podrían ser baleados están hoy muriendo a pellizcos.
¿Es
este riesgo a rebelarse lo suficientemente grande como para justificar
la aceptación de la esclavitud?
Los cubanos la aceptaron y véase el resultado. ¿Estaremos dispuestos
los venezolanos a aceptar una narco-dictadura de la familia
Maduro-Flores, a comer basura y a jugar monopolio con los billetes de
banco?
Hasta
ahora el chantaje del régimen, sus amenazas, han surtido efecto. El
país está callado. Ha aceptado
sentarse en una mesa de supuesto diálogo que ha resultado ser un
fraude. Mientras esto ocurre el régimen sigue haciendo desastres en lo
económico, en lo político, en lo educativo, en el sector de la salud, en
materia petrolera. Siguen muriendo venezolanos
inocentes. El mundo entero ya conoce la existencia de una crisis
humanitaria en el país.
Escribo
esto desde el exterior. No faltará quien me diga: véngase para acá y
póngase usted al frente
de la rebelión o cállese. Para ser exactos, ya me lo han dicho. Aunque
fuera válida esta exigencia, que no lo es, mi descalificación no le
restaría validez al contenido de mis palabras, porque consideraciones
similares están hoy en la mente de miles de venezolanos.
Repito que en Venezuela hay un 67% de la población dispuesta a la
rebelión ciudadana. Yo solo soy un ciudadano más en busca del liderazgo
quien tome la bandera de la rebelión ciudadana, la alce y se vaya a la
calle.
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