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Saludos,
La verdad por delante. No será con puestas en escenas y falsas utilerías que el país se tragará la intención del régimen de quedarse en el poder como si nada hubiese ocurrido el 3 de enero, y como si el país no expresó un claro y contundente pronunciamiento en las urnas electorales en 2024.
Estamos atentos a las maniobras urdidas tras bambalinas, para intentar edificarle a los usurpadores una suerte de puente que facilite la prolongación del mandato espurio e ilegal que se inició el 10 de enero de 2025.
Y no se trata de quedarnos encadenados al pasado, como algunos dicen por allí, argumentando que la prioridad es la estabilidad y que reclamar democracia es atentar contra la convivencia y la paz.
Miren señores. Mejor expresión de convivencia democrática y paz que aquella del 28 de julio de 2024, producto de la soberanía popular abrumadoramente mayoritaria, no hay. Y la soberanía popular no puede ser sustituida o ignorada de manera olímpica, por reuniones de salón encabezadas precisamente por quienes avalaron el arrebato electoral y luego aplaudieron la persecución contra miles de venezolanos cuyo único delito fue ejercer sus derechos constitucionales.
Ciertamente, entre el 28 de julio de 2024 y el 3 de enero de 2026 ha corrido mucha agua bajo el puente y unos cuantos bombazos. Sin el 3 de enero, no veríamos hoy estas contorsiones de los Rodríguez, tratando de fabricarse una película institucional a la medida que, sin embargo, tiene como punto de origen un golpe a la voluntad popular, una situación fraudulenta y miles de inocentes presos, desaparecidos, torturados y asesinados.
La verdad es incómoda, pero es la que es. Si ya Maduro era un gobernante ilegítimo, un dictador que se impuso a fuerza de sangre y fuego, ¿qué tipo de legitimidad y soporte puede tener SU vicepresidenta ejecutiva, suya suyita, la que aquél designó y que hoy cumple funciones como “presidenta encargada”?
Hay algunos personajes que fingen amnesia selectiva. Que procurando acomodarse con el roster de turno, pretenden que el país y el liderazgo democrático guarden silencio mientras se enroca esta ignominia por seis años, con argumentos tan falaces como aquél que propagaban cuando repetían que no se podía sacar a Maduro del poder porque ocurriría un Vietnam.
Bueno, Maduro está en Nueva York y aquí nadie lloró. Todos vimos lo que pasó y lo que está pasando. ¡Ahora cuéntennos una de vaqueros!
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