JESÚS E. MAZZEI ALFONZO| EL UNIVERSAL
jueves 15 de mayo de 2014 12:00 AM
Con el fin de la trayectoria vital de Adolfo Suárez, el pasado 23 de marzo del 2013 culmina su etapa mortal y pasa a la historia, como uno de los grandes hombres del siglo XX en España. El hombre político del post-franquismo.
En efecto, dos conceptos claves auctoritas y liderazgo en Suárez, las tuvo en grado superlativo y supo utilizarlas para construir una comunidad política basada en el diálogo y la reconciliación, fue el político de la transición por encima de Manuel Fraga Iribarren, quien de acuerdo a la quinielas de la época era el político del proceso, sin embargo fue Suárez el escogido, quien logró en un período relativamente corto desde el año 1976 al 81, la Ley de Reforma Política, la legalización del Partido Comunista, la regulación de la huelga y las relaciones laborales( Real Decreto 17/77), el restablecimiento general Vasco, La Generalidad de Cataluña, El Pacto de la Moncloa, la nueva Constitución democrática española. En fin una nueva ingeniería político-constitucional de la moderna España.
Se entiende en ese sentido por auctoritas, la posesión de cualidades de orden espiritual, intelectual o moral. Lleva siempre adheridas unas cualidades axiológicas que hacen sentir el seguimiento como un deber. Ella, además, se basa en el crédito que ofrece una persona o institución por sus logros, y por tanto, tiene como supuestos la confianza, la credibilidad. Esto innatamente lo tuvo Suárez y fue determinante en la creación de los términos de crear un nuevo orden político para su país.
La auctoritas alcanza su más plena expresión cuando se sigue a alguien no tanto por lo que dice, sino por quién lo dice. La auctoritas no necesita razonar, ni convencer a cada momento: hay o hubo un convencimiento previo derivado de la certeza del argumento o de la eficiencia de los actos, a partir del cual opera la confianza, en cuya virtud se presume la razonabilidad o la eficiencia del portador de la auctoritas. Tiene auctoritas quien posee la capacidad para ser auctor; es decir, para fundamentar o fortalecer un juicio o una decisión.
Como nos interesa el individuo, añadiremos qué tipo de auctoritas se basa en el reconocimiento de la posesión por una persona (testimoniada por sus actos) de cualidades excepcionales para enjuiciar situaciones difíciles, para decidir lo que se puede hacer ante ellas y para hacerlo efectivamente con éxito. Es decir, tiene auctoritas de esta última especie quien sabiendo qué hay que hacer, cuándo hay que hacerlo y cómo hay que hacerlo, lo hace efectivamente. De aquí se derivan la idea en torno a la política, al tipo de líder y cuál es la visión de la política. De aquí se entiende que la auctoritas deriva la capacidad moral para dirigir, orientar o aconsejar. Si esta existe, se crea un vínculo entre la persona o institución y la comunidad, se comparten valores y motivación, aparece el liderazgo.
La política tiene dos visiones una de conflicto y lucha y otra en base al compromiso en la convivencia de fuerzas opuestas. Se entiende a la política como creación de un orden en función de determinados valores y no como lucha existencial destructiva, y Suárez, basó su vida política en esta visión. El liderazgo se basa también en la credibilidad, toma años ganarla e instantes perderla. A través de la persistencia, consistencia, y demostraciones de paciencia de que uno es meritorio de la confianza y respeto de los seguidores. Esta se pierde con un paso en falso, un acto inconsistente, un acuerdo roto, una mentira, un encubrimiento. Hay tres tipos de líderes: los profetas, los manipuladores y el estadista: Suárez fue un Estadista en letras mayúsculas. De tal manera, en él la auctoritas acompañó al liderazgo. De la auctoritas, se obtiene pues, no solamente una alta motivación de la sociedad, como ambiente global. Si el poder va unido a la auctoritas los integrantes de la comunidad estarán mejor dispuestos a dar más de sí de lo que se conseguiría por una mera obligación legal y eso logro Suárez en el seno de la sociedad española de la época.
El último elemento que compone el liderazgo y auctoritas de Suárez, son los valores. Esto es esencial porque va asociado a toda nuestra argumentación anterior, porque el liderazgo debe tener como marco unos valores; por ejemplo, ¿qué tipo de sociedad desearía contribuir a crear y potenciar?, ¿qué tipo de relaciones interorganizativas le interesa fomentar?, y así se pueden hacer otras interrogantes. Lo importante de los valores es que, en gran parte, el éxito de algunos líderes se basa en la existencia de creencias, de muchos valores, marcos de referencia (lealtad, perseverancia, fe, esperanza y espíritu amplio).
Finalmente, el liderazgo de Suárez tuvo la capacidad para lograr la cristalización de esos objetivos (crear un orden democrático y reconciliar la sociedad española). Entre auctoritas y liderazgo hay una positiva, dinámica y virtuosa relación dialéctica y en Suárez, se dio como en pocos individuos en la historia de España en forma positiva esta circunstancia.
En efecto, dos conceptos claves auctoritas y liderazgo en Suárez, las tuvo en grado superlativo y supo utilizarlas para construir una comunidad política basada en el diálogo y la reconciliación, fue el político de la transición por encima de Manuel Fraga Iribarren, quien de acuerdo a la quinielas de la época era el político del proceso, sin embargo fue Suárez el escogido, quien logró en un período relativamente corto desde el año 1976 al 81, la Ley de Reforma Política, la legalización del Partido Comunista, la regulación de la huelga y las relaciones laborales( Real Decreto 17/77), el restablecimiento general Vasco, La Generalidad de Cataluña, El Pacto de la Moncloa, la nueva Constitución democrática española. En fin una nueva ingeniería político-constitucional de la moderna España.
Se entiende en ese sentido por auctoritas, la posesión de cualidades de orden espiritual, intelectual o moral. Lleva siempre adheridas unas cualidades axiológicas que hacen sentir el seguimiento como un deber. Ella, además, se basa en el crédito que ofrece una persona o institución por sus logros, y por tanto, tiene como supuestos la confianza, la credibilidad. Esto innatamente lo tuvo Suárez y fue determinante en la creación de los términos de crear un nuevo orden político para su país.
La auctoritas alcanza su más plena expresión cuando se sigue a alguien no tanto por lo que dice, sino por quién lo dice. La auctoritas no necesita razonar, ni convencer a cada momento: hay o hubo un convencimiento previo derivado de la certeza del argumento o de la eficiencia de los actos, a partir del cual opera la confianza, en cuya virtud se presume la razonabilidad o la eficiencia del portador de la auctoritas. Tiene auctoritas quien posee la capacidad para ser auctor; es decir, para fundamentar o fortalecer un juicio o una decisión.
Como nos interesa el individuo, añadiremos qué tipo de auctoritas se basa en el reconocimiento de la posesión por una persona (testimoniada por sus actos) de cualidades excepcionales para enjuiciar situaciones difíciles, para decidir lo que se puede hacer ante ellas y para hacerlo efectivamente con éxito. Es decir, tiene auctoritas de esta última especie quien sabiendo qué hay que hacer, cuándo hay que hacerlo y cómo hay que hacerlo, lo hace efectivamente. De aquí se derivan la idea en torno a la política, al tipo de líder y cuál es la visión de la política. De aquí se entiende que la auctoritas deriva la capacidad moral para dirigir, orientar o aconsejar. Si esta existe, se crea un vínculo entre la persona o institución y la comunidad, se comparten valores y motivación, aparece el liderazgo.
La política tiene dos visiones una de conflicto y lucha y otra en base al compromiso en la convivencia de fuerzas opuestas. Se entiende a la política como creación de un orden en función de determinados valores y no como lucha existencial destructiva, y Suárez, basó su vida política en esta visión. El liderazgo se basa también en la credibilidad, toma años ganarla e instantes perderla. A través de la persistencia, consistencia, y demostraciones de paciencia de que uno es meritorio de la confianza y respeto de los seguidores. Esta se pierde con un paso en falso, un acto inconsistente, un acuerdo roto, una mentira, un encubrimiento. Hay tres tipos de líderes: los profetas, los manipuladores y el estadista: Suárez fue un Estadista en letras mayúsculas. De tal manera, en él la auctoritas acompañó al liderazgo. De la auctoritas, se obtiene pues, no solamente una alta motivación de la sociedad, como ambiente global. Si el poder va unido a la auctoritas los integrantes de la comunidad estarán mejor dispuestos a dar más de sí de lo que se conseguiría por una mera obligación legal y eso logro Suárez en el seno de la sociedad española de la época.
El último elemento que compone el liderazgo y auctoritas de Suárez, son los valores. Esto es esencial porque va asociado a toda nuestra argumentación anterior, porque el liderazgo debe tener como marco unos valores; por ejemplo, ¿qué tipo de sociedad desearía contribuir a crear y potenciar?, ¿qué tipo de relaciones interorganizativas le interesa fomentar?, y así se pueden hacer otras interrogantes. Lo importante de los valores es que, en gran parte, el éxito de algunos líderes se basa en la existencia de creencias, de muchos valores, marcos de referencia (lealtad, perseverancia, fe, esperanza y espíritu amplio).
Finalmente, el liderazgo de Suárez tuvo la capacidad para lograr la cristalización de esos objetivos (crear un orden democrático y reconciliar la sociedad española). Entre auctoritas y liderazgo hay una positiva, dinámica y virtuosa relación dialéctica y en Suárez, se dio como en pocos individuos en la historia de España en forma positiva esta circunstancia.
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