Por Alicia
Hernández.-
El uso político de todo –todo- es una señal innegable de la
“marca Venezuela”. Ejemplos sobran. Por eso, no es de extrañar el uso
político que se le ha dado a la muerte –reiteramos lo que dijimos en una
nota anterior: lamentable y cruel-, de Robert Serra. Durante el
entierro del joven diputado y de María Herrera, el presidente Nicolás
Maduro fue claro:
“Tenemos una cita el
próximo año; así lo digo. Tenemos una cita en el año 2015 y hagan lo que
hagan, digan lo que digan, este pueblo sabrá convertir el dolor de que
nos hayan quitado al más valiente y brillante de nuestros diputados; lo
sabrá convertir en fuerza de victoria y le dedicaremos a Robert Serra
esa gran victoria de la paz y de la patria. Preparémonos desde ya;
asumamos el reto como debe ser”.
Vale. Hasta aquí todo
dentro de lo “normal”. Vienen elecciones, hay una muerte repentina y se
usa el sentimiento de dolor y luto por el fallecido como catalizador
para aglutinar votos. A todos nos suena ese guión. Sería incluso un
error de comunicación no usarlo. Pero sigue siendo muy curioso el uso
tan rápido y extendido de las hipótesis –aún por demostrar- de que el
asesinato de Serra lo fue a manos de la derecha, de Uribe, los
paramilitares o la gusanera de Miami. Detrás puede haber mucho más que
unas elecciones que, de paso, aún ni están convocadas.
Hemos consultado con un
analista político, quien prefiere mantenerse en el anonimato, y
escudriña otras razonas más allá de las políticas para que el chavismo
se haya unido tan rápidamente a las teorías del ‘enemigo exterior’ para
cargar la muerte de Serra. Una de ellas es la “tranquilidad espiritual”
que esto reporta a quienes, de modo legítimo, están perturbados por el
crimen. Creer que haya sido Uribe, Lorent Saleh o unos paramilitares
consuela –si se le puede llamar a eso consuelo-, frente a la hipótesis
–aún por demostrar-de que haya sido alguien del círculo cercano.
¿Y quién podría ser de
un círculo cercano? Aquí no nos atrevemos a lanzar nuestras propias
hipótesis, porque para eso están los expertos en crímenes que,
esperemos, den con los culpables. Pero el analista consultado comentaba a
KonZapata que el asesinato de Serra bien podría ser un mensaje a otras
personas que estuvieran trabajando con el diputado en el tema del
desarme de colectivos y que eso también explicaría que se lancen a
defender que es un enemigo exterior el que perpetró el crimen. Tanto por
miedo como por no airear los trapitos al sol y unir más lo que no lo
está tanto.
“El crimen ha
galvanizado al chavismo duro, a juzgar por lo que se lee en Aporrea.
Hasta Marea Socialista volvió al redil”, dice el analista. Y el sacarle
el jugo político sigue. Hasta desde fuera de nuestras fronteras se han
unido a la causa Fidel Castro y Ernesto Samper.
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