Por Alicia Hernández @por_puesto.-
César Miguel Rondón es, se podría decir, uno de los grandes entrevistadores de Venezuela. Cada mañana, desde hace 25 años, ha sentado frente a su silla, en el estudio de radio, a multitud de personajes de la vida política, económica y social de Venezuela. Ha acercado a nuestras casas la esencia de un país. Ha visto desde palco privilegiado cómo se suceden las cosas y nos la ha contado. Pero cuál es la visión del país y del poder que tiene el periodista. Decidimos entrevistar al entrevistador.
-Usted ya estaba desde el nacimiento por el poder, nace en el exilio.
-Sí, por razones absolutamente políticas. Y me marcó de un modo muy fuerte. Nazco en el exilio porque son expulsados mi mamá y mi papá, que eran fundadores de Acción Democrática. La vida en el exilio es una vida muy dura, cargada de limitaciones. Y el volver es una gesta política. Me crío en una familia en la que hablar de política es el pan de cada día. Cuando tenía 5 años, un día derribaron a golpes la puerta de la casa. Era Justo Camargo gritando “cayó Pérez Jiménez”. Yo estaba en la cama con mis papás y los vi brincando en la cama, felices, como niños. Esa es mi imagen de la democracia, una fiesta, una cosa inexplicable.
El proceso de cambio no va a ser sencillo y me temo que pueda ser muy violento, cosa que me preocupa.
-Luego vino a Venezuela.
-Sí. Y venir fue entender lo que era la vida política. Nunca hice política frontal, excepto algún momento en la universidad. Y como toda mi generación, milité en el MAS… Lo que el MAS debería preguntarse es por qué toda una generación militó en un partido con tanta ilusión y porqué lo abandonó, incluyendo a sus fundadores, Pompeyo y Teodoro. Pero si bien nunca me interesé en la política, en ser activista político, dirigente político, la política siempre me marcó y es para mí lo más normal del mundo.
-¿Se imagina ahora una escena como la de niño?
-Sería como para brincar de alegría. Aunque siento que en la medida que no tenemos una dictadura descarada convencional y tradicional, donde uno podía decir “cayó el Gobierno y de ahora en adelante viene una cosa nueva”, sino este híbrido extraño de Gobierno militar, populista, sectario, el proceso no va a ser sencillo y me temo que pueda ser muy violento, cosa que me preocupa.
-¿Cómo ve el panorama actual desde la silla que usted ocupa, que de paso, también es de poder?
-El régimen tiene un alimento malandro, se construyó, así lo siento, que sobre un hecho malandro, un hecho violento. No es de gratis que tú surjas con una intentona golpista. Pero después, todas las circunstancias te llevan a un proceso que no quiere abandonar las armas. La primera vez que entrevisté a Hugo Chávez él había juramentado a los miembros del MVR200 y se decía que estaban armados. Yo le pregunté si estaba armado y él se molestó, se abrió el saco y me dijo “¿usted me ve que yo vaya armado?”. El guardaespaldas de ese momento era Pedro Carreño, imagínate. Y yo le dije a Chávez que sí, que él no estaba armado, pero que ese señor sí. Lo que quiero subrayar es que el hecho armado está latente ahí. Y que hoy por hoy hayamos decantado en estos colectivos, que no son sino bandas paramilitares, donde lo único que interesa e importa sobre ellas es el hecho armado te lleva a una conclusión muy peculiar.
Evidentemente Diosdado Cabello tiene poder. Tiene el Poder Judicial en sus manos.
-Veamos…
-Chávez decía que esto era una revolución pacífica pero armada, contaba con las Fuerzas Armadas. Pero ahora están enfrentadas a los colectivos, con armas largas. Rodríguez Torres sale porque aparentemente hubo un ultimátum de los grupos colectivos nada más y nada menos que al Presidente. Y éste opta por los colectivos. Eso me preocupa como ciudadano desarmado. Cuando haya horas más chiquitas y más ultimatums, ¿cómo decidirá Maduro?
-¿Cómo queda el poder dividido en el país?
-En unos colectivos armados, una fuerza institucional armada que no sabemos bien a quién le corresponde, un señor Freddy Bernal que amparó a los colectivos, que ahora tiene más armas. Cada vez me parece más crudo y más fuerte que el régimen, que todo esto que hemos vivido puede terminar en una situación de violencia.
-Ante ese panorama, quién maneja de facto el poder en el país.
-Chica, yo no tengo la respuesta, porque creo que la respuesta no está. El poder hoy por hoy es un archipiélago donde hay islas más grandes y más pequeñas, más o menos importantes, pero cada una con su porción de armas dispuesta a atacar a quien las ataque. Hoy por hoy Nicolás Maduro, ¿está por encima de Diosdado Cabello? Por más que Diosdado diga lo contrario, es evidente que hay una pugna fuerte y poderosa. Por otro lado están las Fuerzas Armadas. Hasta hace poco se decía que las gobernaba Diosdado. ¿Eso en efecto está ocurriendo en el día de hoy? También los grupos boliburgueses, que pueden funcionar con una autonomía interesante, son mil millonarios en dólares. Para remate, el líder entre comillas no parece tener tal liderazgo real, ni siquiera él parece estar convencido de eso. Parece, para decírtelo en términos andaluces, el torero asustado, frente al toro, que tiene que hacer el desplante a cada rato porque no se atreve a arrimarse y no se arrima de verdad. Esto es un desmadre en este momento, así que es imposible responder a tu pregunta.
-¿Cómo queda Diosdado Cabello con los cambios del Gobierno de los últimos meses?
-Evidentemente Diosdado Cabello tiene poder. Tiene el Poder Judicial en sus manos. Pero me sospecho que no tiene ese poder grande e inquebrantable que se le atribuía unos meses atrás. Mucho ha pasado en estos últimos meses, mucho más puertas adentro del régimen. Cabello no tiene el mismo poder, pero tampoco Maduro. Esas cuotas de poder que se han ido mermando, y te hablo sólo internamente, ¿a dónde ha ido? Uno puede ver con interés los grupos disidentes, como Marea Socialista, escuchar a Ana Elisa Osorio o a Héctor Navarro, pero tampoco siente uno que haya allí factores de poder político que puedan crecer. Es como un mazacote extraño lo que se cocina ahí. Y tenemos algo interesantísimo. Las encuestas ponen a un Gobierno que está en barrena. Un Gobierno que por más que se esfuerce no logra remontar en cosas fundamentales y todo parece indicar que se le va a agravar la situación.
-¿Por qué?
Porque ya el venezolano común tiene el problema de que no consigue champú. Estamos hablando ya de tus necesidades básicas ante las cuales te enfrentas con fastidio, con rabia, y tú comprendes que toda esa situación te va a llevar cada vez más a una barrena del régimen. ¿Cómo termina mezclándose ese elemento del venezolano común en la calle con el descontento, caos y anomia internos dentro de los sectores del régimen? No lo sé, pero me parece que ese caldo no va a dar nada bueno. Puede estar dándose eso que llaman la tormenta perfecta…
-Pero la gente olvida con cosas como un Dakazo.
-Pero el Dakazo fue puntual y tuvo una orientación electoral muy clara y específica y les resultó. Ahora no creo que estén en condiciones de otro Dakazo. Como no tienes un hecho electoral donde medir el triunfo o fracaso de ese invento, se va a diluir políticamente hablando. ¿Qué vas a hacer? Las ‘Navidades Felices’ han terminado reducidas a que logres importar unas aceitunas andaluzas, que si el precio de la hallaca, el pan de jamón…
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