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Tanto dentro como fuera de
Venezuela cuando la gente ve con ojo crítico
el comportamiento del presidente
de la República, y en general de los funcionarios públicos, suele detenerse a observar el lenguaje que emplean
en su comunicación habitual.
La verdad es que nada es más inapropiado a sus funciones que ese lenguaje. Ni el presidente,
ni ninguno de quienes lo
secundan en sus actividades oficiales o privadas parecen y tener la más
elemental noción de qué es o
debe de ser el lenguaje propio de su posición y de sus actos, ni eso que llaman la majestad del
lenguaje político.
Este fenómeno no es nuevo. El mismo se daba en en el caso del comandante Chávez. Nunca habíamos tenido en nuestro país gobernantes tan chabacanos, balurdos y disparateros como mi paisano de Sabaneta. Y no es que nuestros gobernantes en el pasado hayan sido un dechado de cultura y buen decir, pero hasta ahora no habíamos tenido gobernantes que no hubieran tenido siquiera unmínimo de discreción al menos en lo tocante al lenguaje.
Si bien es cierto que al menos en lo que fue el siglo XX los gobernantes venezolanos, aunque no fueron gente de alta cultura propiamente dicha, con algunas excepciones, al menos tuvieron un cierto nivel de conocimientos, incluso en algunos casos bastante más allá del nivel de cultura fundamental. Figuras como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Luis Herrera Campíns, Ramón J. Velásquez, losmismos Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi, aparte de haber tenido estudios universitarios se preocuparon siempre por tener al menos una cierta cultura política.
Como en muchos otros casos, la incultura y el chabacanismo de Chávez fueron heredados por sus seguidores.
Porque carecen de personalidad propia, buscan imitarlo hasta en los más elementales vicios o defectos.
El lenguaje cotidiano de nuestros actuales gobernantes peca doblemente. En primer lugar es un lenguaje de ignorantes, de quienes no tienen la menor noción de los principios y reglas gramaticales más elementales de nuestro idioma.
No obstante, lo más grave con todo es la propensión a la insolencia, a lo escatológico. Particularmente el presidente debe darse cuenta de que el lenguaje de un jefe de Estado y/o de gobierno no puede descender a cada momento a un nivel de diatriba. Creo incluso que el presidente no tiene por qué defender a cada paso sus políticas públicas ni sus gestos personales. Para eso están susministros y demás funcionarios.
Este fenómeno no es nuevo. El mismo se daba en en el caso del comandante Chávez. Nunca habíamos tenido en nuestro país gobernantes tan chabacanos, balurdos y disparateros como mi paisano de Sabaneta. Y no es que nuestros gobernantes en el pasado hayan sido un dechado de cultura y buen decir, pero hasta ahora no habíamos tenido gobernantes que no hubieran tenido siquiera unmínimo de discreción al menos en lo tocante al lenguaje.
Si bien es cierto que al menos en lo que fue el siglo XX los gobernantes venezolanos, aunque no fueron gente de alta cultura propiamente dicha, con algunas excepciones, al menos tuvieron un cierto nivel de conocimientos, incluso en algunos casos bastante más allá del nivel de cultura fundamental. Figuras como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Luis Herrera Campíns, Ramón J. Velásquez, losmismos Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi, aparte de haber tenido estudios universitarios se preocuparon siempre por tener al menos una cierta cultura política.
Como en muchos otros casos, la incultura y el chabacanismo de Chávez fueron heredados por sus seguidores.
Porque carecen de personalidad propia, buscan imitarlo hasta en los más elementales vicios o defectos.
El lenguaje cotidiano de nuestros actuales gobernantes peca doblemente. En primer lugar es un lenguaje de ignorantes, de quienes no tienen la menor noción de los principios y reglas gramaticales más elementales de nuestro idioma.
No obstante, lo más grave con todo es la propensión a la insolencia, a lo escatológico. Particularmente el presidente debe darse cuenta de que el lenguaje de un jefe de Estado y/o de gobierno no puede descender a cada momento a un nivel de diatriba. Creo incluso que el presidente no tiene por qué defender a cada paso sus políticas públicas ni sus gestos personales. Para eso están susministros y demás funcionarios.
Vía Tal Cual
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