Editorial de El Nacional de 16/12
Ya estamos acostumbrados a las marchas del oficialismo, hasta el punto
de que nadie se sorprende por una nueva convocatoria, pero la de ayer destaca
por el dispendio que significa y por el motivo que la convirtió en realidad.
Venezuela, de acuerdo con las afirmaciones incontestables de los
expertos del país y del exterior, sufre la mayor crisis económica de los
últimos quince años. Venezuela es un país famélico, una comarca esquilmada y caracterizada
por la estrechez material, según las estimaciones más dignas de confianza. La
reducción de los precios del petróleo es el broche de oro de una decadencia
labrada con tenacidad por la pésima administración y por la corruptela que la
sociedad padece. El gobierno lo ha reconocido a regañadientes, debido a que ha
anunciado la eliminación de gastos suntuarios y ha sugerido otros aprietos de
cinturón, pero convoca una marcha contra la supuesta agresión del imperialismo
estadounidense.
¿Es, en realidad, una manifestación contra el ataque de los tenebrosos
poderes que habitan en Washington? Todos sabemos que el Congreso de Estados
Unidos ha tomado una decisión que solo incumbe a un grupo de funcionarios
venezolanos a quienes se acusa de violación de los derechos humanos. Todos
sabemos que la medida solo es aplicable en el territorio del país que la
solicita, en caso de que sea refrendada por el Ejecutivo Federal. Todos
sabemos, en suma, que no se trata de una agresión contra Venezuela sino solo de
una prevención frente a un grupo de burócratas de la cúpula oficialista. Sin
embargo, el gobierno llama a la multitud para que proteja a la patria contra
una especie de acción de filibusteros.
Lamentable carnaval en medio de las penurias. Injustificada congregación,
cuando la sociedad vive una de sus peores épocas. Para eso sirve el patriotismo
de la actualidad. Manipulado a su antojo por el presidente Maduro y por sus
burócratas, el patriotismo ahora se utiliza para tapar el sol con un dedo, para
encubrir penurias e irresponsabilidades que solo se pueden atribuir al
deplorable manejo de la economía y a la mano larga e impune de la ladronería.
Esas irregularidades no son la obra de la Casa Blanca, sino de los domésticos
bolivarianos, pero no faltaron los gritos acusadores contra Obama y sus agentes
que han debido ver el espectáculo con especial asombro.
En el fondo, la marcha promovió el respaldo de una de las
administraciones más desprestigiadas y vapuleadas de los últimos tiempos.
También, en especial, el lanzamiento de un apurado salvavidas para el prestigio
del presidente Maduro, cada vez en mayor menoscabo si nos atenemos a los
números de las encuestas, algunas de las cuales apenas le conceden 20% de
popularidad. De eso se trató, en suma, de un carnaval extemporáneo mientras la
sociedad se ahoga en la miseria y en la desesperación. De gastar plata sin
control a ver si, moviendo el deshilachado trapo de la lucha contra el
imperialismo, recibe un poco de oxígeno un madurismo al borde del desahucio.
Vía El Nacional
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