La oposición ha logrado aproximarse, elección tras elección, al esquema para labrar el esperado y contundente triunfo sobre el chavismo. Es claro que a la luz de las nuevas realidades, existen variables que no se pueden dejar de lado a la hora de la selección de los candidatos a la Asamblea Nacional.
Por Johan Rodríguez Perozo.-
La
oposición ha logrado aproximarse, elección tras elección, al esquema
para labrar el esperado y contundente triunfo sobre el oficialismo.
Expertos en la materia sostienen, que una victoria electoral ha de estar
precedida por un triunfo político. Para la oposición, la certeza de la
victoria se traduce en la posibilidad de crear un estado de ánimo
colectivo capaz de concitar la presencia masiva de los electores en las
urnas de votación. Esa condición sólo es posible si la oposición
presenta una estrategia capaz de conjugar la más amplia Unidad en torno a
los candidatos, lo cual requiere además de una buena escogencia previa,
de candidatos representativos de la más amplia gama de sectores
vinculados con esta aspiración.
A
diferencia del ambiente que imperó para las elecciones parlamentarias
anteriores, el régimen, a pesar de mantener aún el poder, se presenta
hoy en condiciones de deterioro político en relación a la fortaleza que
antes le caracterizaba. Nunca, en el contexto del recorrido durante
tres lustros del chavismo en el poder, se había manifestado los niveles
de rechazo registrados hoy en todas las investigaciones de opinión
pública. Es por ello que el campo opositor está obligado, a partir del
fortalecimiento de la acción política más importante, la que le ha dado
el potencial para ver la luz al final del túnel, lo cual no es otra cosa
que la Unidad, a volcar todo el esfuerzo en torno a este concepto.
En
el pasado, el liderazgo opositor le otorgó mayor preponderancia a la
participación de los partidos, en la elaboración de las planchas. En tal
sentido, la MUD diseñó un método para escoger a los candidatos al
parlamento, que terminó por repartir proporcionalmente entre éstos, las
posiciones a elegir. Dado el ambiente que hoy vive el país, tales
esquemas no serían de factible aplicación, ya que los mismos no se
corresponden con la realidad de hoy. Si algún atractivo ha de tener la
oferta parlamentaria opositora al régimen, ese es el de concitar la
mayor cantidad de apoyos posibles para los candidatos que concurrirán a
la competencia. De seguir estos criterios de elemental racionalidad
política, el liderazgo conductor de la plataforma unitaria ha de
comprender que, aunque la presencia de los partidos es necesaria hoy más
que nunca, la propuesta de candidatos al parlamento no debe hacerse
atendiendo sólo a las aspiraciones de las organizaciones partidistas.
Sobre todo, a las aspiraciones de los grupos “dominantes” en la llamada
Mesa de la Unidad Democrática.
Es
claro que a la luz de las nuevas realidades, existen variables que no se
pueden dejar de lado a la hora de la selección de los candidatos a la
Asamblea Nacional. Varios criterios deberían ser considerados por
quienes lideran el proceso de toma de decisiones en esta materia. Para
integrar el parlamento nacional, se debe escoger a 165 diputados cuyo
origen está dado de la siguiente manera: 52 diputados provenientes de la
elección por listas, dos por cada entidad con la excepción de los
estados Zulia, Carabobo, Miranda y Caracas, donde es posible elegir 3
diputados mediante ese tipo de selección; 110 diputados cuyo origen es
la elección nominal a través de 87 circuitos electorales, de los cuales
69 eligen 1 diputado cada uno, 14 eligen 28 dos en cada circuito y 4
circuitos plurinominales eligen tres diputados cada uno; también se
eligen tres diputados por la representación indígena (occidente, sur y
suroriental), lo cual da el total de a65 diputados.
Una
maniobra del oficialismo mediante la modificación de la ley electoral,
distorsionó el concepto de representación proporcional de las minorías,
al sustituirlo en la práctica, con el mecanismo conocido como sobre
representación de la mayoría. Esta cabriola legal, hizo
posible una mayoría parlamentaria oficialista, aunque obtuvo menos
votos que la oposición. Es de suponer que al producirse un cambio masivo
de opinión del electorado, respecto a la merma del apoyo hacia el bando
oficial, tal mecanismo operará en esta ocasión a favor de la oposición.
Es por ello que no resulta descabellado afirmar que en esta
oportunidad, la oposición tiene toda la posibilidad de hacerse con una
mayoría contundente y definitiva en la integración del nuevo parlamento
nacional.
Los
partidos integrantes de la MUD deben entender que la posibilidad de
lograr el cambio político mediante el triunfo de la elección
parlamentaria, es una necesidad sentida por la inmensa mayoría de los
venezolanos. Se trata de una tarea exigente y en consecuencia, éstas
organizaciones deben actuar con desprendimiento hacia el resto de la
sociedad y presentar candidatos de la aceptación mayoritaria de la
ciudadanía y no sólo representativos de las organizaciones partidistas.
Para ello, se hace necesario atender el reclamo que densos sectores de
la vida nacional vienen formulando, en torno a la posibilidad de
realizar las respectivas consultas ciudadanas. De esta manera, la
ciudadanía con la cual se cuenta para el triunfo, sería la protagonista y
no los “cogollos”, en el proceso de selección previa de los candidatos
que han de competir en su representación para estas elecciones.
Otro
problema a superar por la conducción política de la oposición, es la
relacionada con las rivalidades por el liderazgo de este sector.
Definitivamente, en el momento preciso para ello, será la gente el
factor que decidirá quiénes habrán de ser sus candidatos a futuras
contiendas electorales. La estrategia debe ser una sola. La necesidad de
alinear las diferentes visiones en torno al problema político nacional
es más que una necesidad, una obligación. El estado de postración al que
el régimen ha llevado al país, no admite discusiones subalternas
desvinculadas de la verdadera necesidad de lograr el cambio político. Un
eventual fracaso de la oposición en las próximas elecciones
parlamentarias, como consecuencia de malas decisiones tomadas en torno
al tema en cuestión, servirá de aldabonazo definitivo en las
aspiraciones de la mayoría de los venezolanos. Es de suponer y así lo
revelan las investigaciones de opinión pública, que la gente tiene
perfectamente claro a quiénes aspira ver conduciendo los proceso de hoy.
La actuación incoherente de los líderes políticos, a contrapelo de esta
realidad, sólo conducirá al fracaso de unos pocos, pero a la ruina
definitiva de un país cuya capacidad de tolerancia con la ignominia del
régimen, está llegando a niveles realmente insoportables. Es por ello
que no dudamos en afirmar que el futuro de Venezuela y de las próximas
generaciones, se juega en el contexto de las decisiones de quienes se
han abrogado la conducción de la oposición, a través de la Mesa de la
Unidad Democrática. De actuar en correspondencia con el sentimiento y la
aspiración de la mayoría, la historia os premiará o de lo contrario,
frente al fracaso, la sociedad democrática venezolana los castigará.
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