Alonso Moleiro
Hace unos años, los activistas chavistas
que alguna vez ejercieron el periodismo desplegaron una cruzada para
intentar convencer a los indiferentes de una idea fundamental: en
Venezuela no está ocurriendo absolutamente nada. En la Opinión Pública,
rezaba aquel argumento, existe un escándalo artificial, fomentado por un
puñado de poderosos dueños de medios de comunicación, antinacional y
mafioso, conjurado contra la esperanza popular.
Una vez que los conflictos del año 2002
concluyeron, el chavismo desplegó una intensa campaña para presentarse
como la víctima de una celada tendida por los medios de comunicación y
los periodistas independientes venezolanos. Me botaron, persiguiendo mi
credo, conculcando mis derechos. Violando mi derecho al trabajo, no me
dejaron publicar un articulo. Me pusieron un jefe encima nada más porque
soy chavista. La Oposición no tiene ética. Peor: el que no sea
chavista, no tiene ética.
Consejos comunales, asambleas celulares,
centros de discusión en el trabajo y la fábrica. Reporteros regulares,
convertidos en poderosos y bien remunerados jefes de prensa. Todo el
mundo resolvió que era periodista. Se puso de moda la fulana
“comunicación popular”. Activistas que recién entraban a la política
exigían ser llamados, también, periodistas. Súbitamente, con la
convicción del advenedizo, comenzaron a llamar “palangrista” a todo
reportero que no estuviera militando con él.
Fueron varios los episodios de
agresiones y amenazas, cohonestadas y estimuladas por el alto gobierno,
que algunos de estos activistas perpetraron en nombre de la verdad y la
ética. Pasemos por alto, esta vez, los insultos directos en los
programas de televisión. Había expresiones auténticamente partisanas,
con actitud falangista, fanática a más no poder, expresada en ocasiones
en aquellos formatos de la guerrilla comunicacional. La más conocida, la
emboscada que perpetraron un puñado de chavistas contra unos
trabajadores de la Cadena Capriles, con saña y espíritu gagnsteril, en
el centro de Caracas en el año 2010. Episodio que colocó a personas de
60 años en una clínica con dobles y triples fracturas.
Todavía hoy podemos verlos, o
escucharlos, ocasionalmente, esgrimiendo de forma mecánica y precaria
los mismos argumentos: básicamente, y como siempre, acusaciones a
terceros, complots y atentados fallidos, ejecutando ejercicios de
triangulación para poder victimizarse. Haciendo un esfuerzo desesperado y
lastimoso por abstraerse del duro dictamen de la realidad nacional.
Escupiendo injurias, todavía, contra “El Consejo” Nacional de
Periodistas
Todo el mundo la agarró por pergeñar a
los medios, reflexionar sobre la ética, hacer “análisis de contenido” en
torno la jerarquización de las noticias de la prensa burguesa. Prensa
en la cual algunos de ellos trabajó sin inconvenientes toda su vida.
Cualquier pirata se sentía con derecho a presentarse en la puerta de un
rotativo o estación de radio para presentar su queja apoyándose en un
artificio; explicarle al periodista de turno cómo era que debía hacer su
trabajo, y, a continuación, proponer una réplica para salir declarando.
Mientras los duros dirimían sus
diferencias con los demás a guamazos, otros, los más exquisitos, emitían
comunicados. El más primoroso de todos era un grupo denominado
“Periodismo Necesario”. Lecciones académicas en torno a la importancia
de los valores: es necesario realzar esta Bella Venezuela que estamos
construyendo. Basta de negativismo.
De nada de eso se discute ahora. Hace tiempo no hemos vuelto a saber de algunas de estas personas. Algunos de ellos vegetan en El Correo del Orinoco, o Ciudad CCS,
reciclando estereotipos antiamericanos para mantener el ánimo
militante. Concentrados en cambiarnos la conversación. El debate
nacional sobre los medios que promovió el chavismo concluyó. Venezuela
tiene un déficit fiscal de 20 puntos del PIB; están faltando toallas
sanitarias y medicamentos para tratar el dengue; el dólar paralelo conquista cotas propias de una distopía y los precios, controlados y fiscalizados, trepan por las paredes y los árboles.
Está ocurriendo lo que ellos querían: la
mayoría de los medios no está ocupándose de estas cosas. Los volvimos
buenos. Es importante reconocerlo: reflexionaron. Ahora ellos también
hablan del Alba, de la Esperanza de los Pueblos, de las trascendentes
reflexiones de Nicolás Maduro en la cumbre de Unasur. Ahora los medios
son conscientes, responsables, colaboradores: los mejores amigos de la
tranquilidad pública. Resolvimos el problema. Sentamos las bases de la
Era del Disimulo. Triunfamos. Todos nos volvimos éticos.
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