Si usted
tenía 100 bolívares en enero de 2012 esa cantidad equivalía a más de 11 dólares
del mercado paralelo. Si tenía 100 bolívares en enero de 2013 equivalía a casi
6 dólares. Con los mismos 100 bolívares en enero de 2014 usted sólo alcanzaba a
tener 1,51 dólares. Y hoy con esos 100 bolívares usted sólo tiene 0,55 dólares,
es decir, medio dólar. En tres años, en términos de dólares paralelos, usted se
ha empobrecido 20 veces. Claro, no todo es así. Ha habido importaciones a dólar
baratón y oficial, y alguna porción le toca por la vía de Mercal, “precios
justos”, dólares para el viaje, las medicinas y algo de la comida; y si es
empresario tal vez ha pasado por la alcabala de Cadivi, Cencoex, Sicad I o
Sicad II, y el promedio para la economía no llega a los escandalosos 179
bolívares que veo en esta madrugada, sino a una cifra bastante menor. El caso
es que la distancia entre un dólar a 6,30 bolívares inalcanzable para los
mortales y uno a 179,08 bolívares alcanzable y de mortales efectos, mide la
desolación del país.
Tan
necesarios para importar casi todo, los dólares se han desleído y para
conseguirlos, al menos parcialmente, se ha apelado al carísimo paralelo. Por su
parte, el aparato productivo ha colapsado porque a los empresarios se les
convirtió en el enemigo ideológico del bochinche rojo. No todos se han
arruinado porque para que la máquina de la ruina funcione hay que lubricarla y
en ese traqueteo algo le queda a los que facilitan las importaciones y su
financiamiento. Pero del resto, leñazos por esa espalda.
El
régimen sabe esto y no encuentra cómo hacer. La única oferta de Maduro es
constituir un “Estado mayor de guerra económica”, “que yo mismo voy a dirigir a
partir de enero”. Como si cuando Maduro ofrece dirigir algo eso provocara
alguna tranquilidad y no el pánico habitual. Como si de verdad se requiriera un
“Estado mayor” en vez de sensatez y talento, y como si existiera una “guerra
económica” que no fuese la declarada por el régimen al país.
El caso
es que hay un sector del gobierno que incluso ha pensado en llamar al destacado
economista del Bank of America Francisco Rodríguez para que lo salve,
designación a la que se opone el grupo que clama en “defensa de las visas” que
ahora Washington niega. Dudo que el régimen apele a Wall Street para su
salvación y dudo que Rodríguez, alejado del chavismo hace años, acepte.
Lo cierto
es que si el régimen no cambia las políticas se asfixia en la catástrofe que
provoca. Si las cambia, la marea socialista se lo traga. ¡Ay, Nicolás!
Vía El Nacional
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