Sunday, January 18, 2015

El arte de hacer colas

En: Recibido por email

Mario Szichman

Nada puede andar mal en un país donde existe un Viceministerio “para la Suprema Felicidad Social del Pueblo”, cuya tarea es coordinar las más de 30 misiones sociales creadas por la Revolución Bolivariana. El viceministerio (¿por qué rebajar sus tareas desde el comienzo, por qué no empezar con un ministerio?) fue creado el 23 de noviembre de 2013 y sus tareas seguramente ya resolvieron todos los problemas del país.

Aparte de coordinar la treintena de misiones sociales, el cometido de la repartición pública, según dijo el presidente Nicolás Maduro, es satisfacer las distintas exigencias, reclamos y necesidades de la población, así como “atender a los viejitos y viejitas y niños y niñas, para atender a lo más sublime y amado del pueblo revolucionario”.

El viceministro original encargado de administrar la felicidad de los venezolanos y cuya tarea, según Maduro, sería, elevar “las misiones hasta el cielo”, era el ex–constituyente Rafael Ríos. Una vez propulsadas las misiones a la estratósfera, Ríos cedió el cargo a Carolina del Valle Cestari Vásquez, quien probablemente se encargue de la próxima misión a Júpiter.

Por otra parte, y de acuerdo al quinto apartado del Segundo Plan Socialista para el período 2013-2019, el gobierno chavista se ha comprometido a “Preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana”.

Cubiertos ambos flancos, en Venezuela, y en el globo terráqueo, con el propósito de garantizar la  suprema felicidad social del pueblo, y salvar al resto de nuestros congéneres que padecen la desdicha de no vivir en Venezuela, existen sin embargo algunos inconvenientes menores que deben ser resueltos. Inconvenientes, nos duele decirlo, seguramente inducidos por sectores cavernícolas de la oposición. 

Informes de la inteligencia oficialista señalan que la oposición creó las colas, y solo después, mucho después, surgió la escasez. Esa conspiración es tan vieja como el mundo.

Ya la recordó Fernando Rodríguez en un brillante editorial de Tal Cual, al comentar un relato de Gabriel García Márquez: “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”.  Una persona del pueblo se levantaba en la mañana, aquejada por un terrible presentimiento. Su augurio era divulgado por otros habitantes.

A las pocas horas, la mayoría de los vecinos recogían sus petates y abandonaban la comarca, si no me equivoco, tras incendiar los graneros. Y al final, la profetiza de la desgracia decía convencida: “Yo les dije que algo muy grave iba a suceder en este pueblo”.

Es claro que si los escuálidos inician una cola, es para hacer creer que al final de la cola hay un supermercado o una bodega con estantes vacíos. No importa si los anaqueles están llenos hasta la bandera. El pánico ha sido sembrado.

Los amos y las amas de casa abandonan sus tareas específicas y van corriendo a la cola sin tratar de averiguar quienes han lanzado el rumor. El resultado es previsible: se vacían los repletos anaqueles. Es ahí donde aparecen fotógrafos --el gobierno está seguro que fueron enviados por la CIA-- para registrar las imágenes de estanterías vacías.

EN TODAS PARTES SE CUECEN COLAS
Vivo en Nueva York, y les aseguro que hay colas por todas partes. Previo a las Navidades, los comercios anuncian que los primeros 100 o 200 compradores que ingresen a una tienda recibirán un descuento del 80 por ciento.

Bueno, una semana antes, los neoyorquinos empiezan a hacer cola frente a la tienda. Aparecen con sus tiendas de campaña, o con sus bolsas de dormir, porque en diciembre la temperatura es gélida, traen consigo termos, viandas,  porque aún no hay colas en los supermercados y es fácil adquirir víveres, y aguardan, pacientes, a comprar un televisor, una nevera, o un equipo estereofónico al precio de una cafetera.

Otro ejemplo son las entradas para ver un musical de Broadway. Cualquier cola frente a un supermercado de Guarenas parece una ridiculez frente a las colas creadas por los fanáticos de los musicales.

Lo único que escasean en esas filas son efectivos de la Guardia Nacional o los escuálidos que desean acompañar a los melómanos en su aflicción. Tampoco he observado muchos arrebatones o empujones, aunque sí el nacimiento de abundantes romances y de toda clase de infidelidades. Muchos sacos de dormir son del tamaño de camas matrimoniales.

Y si el lector de Tal Cual necesita otro paradigma de cola, basta observar lo sucedido con Charlie Hebdo, el semanario atacado por yihadistas, con su saldo de 12 asesinados y numerosos heridos. Charlie Hebdo tenía una circulación semanal de 60.000 ejemplares.

Tras el ataque, todo el mundo quiso mostrar su solidaridad. El semanario ha vendido ya tres millones de ejemplares, y hay nuevas reimpresiones en marcha. Calculan que la venta total podría alcanzar a 5 millones de ejemplares.

Hubo grandes colas frente a los quioscos de periódicos, no solo en París, sino en las principales ciudades de Francia, y también en varios países europeos. Y como siempre, en estos casos, la escasez creó un mercado y una enorme especulación.

Charlie Hebdo se ha convertido en una especie de incunable. Aunque su precio de portada es de tres euros, unos 4,50 dólares, ya Ebay ofrece ejemplares que cuestan varios centenares de dólares, más o menos lo mismo que cobran especuladores venezolanos en un supermercado por dos cajas de leche en polvo. Por lo tanto, lo que debe hacer el gobierno venezolano es frenar el pánico de raíz.

La Revolución Bolivariana es demasiado fuerte para caer en la provocación. Fracasó la estrategia de retener a clientes en las colas para impedir que salgan a protestar por la presunta existencia de colas. Si el chavismo se deja arrastrar por los rumores de la oposición, las filas para adquirir productos de primera necesidad tendrán que ser administradas por el Ejército de Salvación.

Lo importante ahora es eliminar las colas. De esa manera, la escasez se borrará por arte de magia. Y a no creer en las voces agoreras de Fedecámaras, como las de Jorge Roig, que asegura la existencia de inventarios para 45 días.

El presidente venezolano ya anunció en Qatar que venderá alimentos a esa nación donde hay ahora solo camellos y Rolls Royce. Es obvio que esos alimentos forman parte de la sobreproducción de productos de la canasta familiar venezolana. La administración chavista debe reasumir sus tareas específicas, que consisten en preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana.Toda otra tarea es superflua.

@mszichman

Vía Tal Cual

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