Luis Vicente León
Luego de varios intentos fallidos,
finalmente el presidente Maduro hizo algunos anuncios económicos
tendientes a enfrentar la crisis que vive el país.
Como era de esperar, su discurso tuvo
una larga introducción en la que ratificó su estrategia de evasión de
responsabilidades sobre la crisis y construcción de chivos expiatorios,
con los que intenta desviar la atención de la población de la raíz real
de los problemas que vive el país y que no es otra que la estrategia de
controles extremos y estatismo con la que han intentado manejar la
economía, por cierto más abollada que carrito chocón.
Finalmente, casi par de horas después,
llegó el momento de algunos anuncios concretos. El presidente comenzó
por los de carácter compensatorio. Con la población afectada por la
crisis y la necesidad de adoptar medidas de ajuste severo. Es racional
que intente apoyar a la población más afectada en el trance que vive y
sobre todo en el que vivirá ineludiblemente. Aumento salarial,
construcción de viviendas, bonos adicionales son las ofertas principales
con las que el presidente Maduro intenta acompañar a la población.
Lucen bastante débiles en términos de su capacidad compensatoria y
difícilmente lograrán emocionar mucho a las masas con las magnitudes
mencionadas (y con la capacidad de ejecutarlas en el medio de un
desplome previsible del flujo de caja del Estado), pero no cabe duda de
que la intención de recordarle a la gente el interés de estar cerca de
ella en la crisis, puede considerarse un movimiento estratégico adecuado
y en el orden correcto.
Presentada la compensación en anticipo,
vinieron los anuncios que podríamos considerar realmente relevantes y
que resumo en tres grandes dimensiones:
1. El mecanismo cambiario:
se mantiene un esquema de cambio múltiple (desechando la idea más
eficiente de la unificación cambiaria), pero se modifica el sistema
actual, manteniendo el 6,30 Bs/$ sólo para alimentos y medicinas, algo
que será evidentemente discrecional. Se unifican los dos mecanismos de
SICAD en uno sólo, sin especificar el tipo de cambio de arranque, pero
se puede inferir que será uno intermedio entre los dos cambios
existentes de 11 y 50, con características de cambio variable (aunque la
fluctuación hasta ahora ha sido en función de lo que el gobierno quiere
y no de las características del mercado).
Quizás, la noticia
más importante es que se liberan las operaciones en el mercado paralelo,
manejado por casas de bolsa públicas y privadas. No hay detalles del
sistema y se supone que será explicado con detalles por los ministros de
la economía, pero todo apunta a que se revive el sistema de permuta que
operaba activamente en el pasado. Por cierto, debería haberse agregado
en el discurso una disculpa pública a todas las personas que fueron
sometidas a prisión y al despojo de muchos de sus activos por operar
este sistema en el pasado, invitados por el propio gobierno, que luego
los persiguió y culpabilizó de la crisis del país, algo que la evidencia
ha demostrado falso e injusto.
En todo caso, tanto
la unificación parcial en SICAD como la legalización operativa del
mercado paralelo se pueden considerar de inmediato como una devaluación
implícita de la moneda, en dirección correcta y, si se aplica
adecuadamente, podría ayudar a cerrar déficit, reducir las necesidades
de financiamiento monetario del BCV a PDVSA y reducir la demanda de
importaciones por vía del incremento del precio y no de los controles
discrecionales de volumen. Así mismo, podríamos esperar que el gobierno
decida permitir a las empresas petroleras internacionales vender sus
divisas en algunos de los dos nuevos mercados, y PDVSA podría incluso
participar en el paralelo, toda vez que está autorizada a trabajar en
cualquier cambio oficial.
Legalizado el
paralelo, podemos suponer que es un mercado oficial. Esto podría
estimular incrementos de producción. Una variable vital en la nueva
realidad petrolera mundial. Sin embargo, estas medidas, que hubieran
sido muy positivas a principios del 2014, en este momento lucen
insuficientes para atender la caída de ingresos de la Nación y el
dramático déficit fiscal que se espera.
2. Se abre el compás de discusión para el incremento del precio de la gasolina.
Considerando que este subsidio representa una pérdida a la Nación de
alrededor de 10 millardos de dólares. Es obvio que se hace vital
resolver este problema y, si bien no hubo anuncios concretos aún, la
apertura de esa discusión hace prever acciones en el corto plazo, lo que
puede considerarse positivo.
3. Se crea un Consejo Nacional de Economistas para oír opiniones y propuestas tendientes a enfrentar la crisis.
Más allá de las dificultades que tendrá este espacio para lograr
acuerdos mínimos, cualquier intento de apertura a las opiniones
diferentes y a propuestas alternativas debe ser bienvenida, más
proveniendo de un gobierno que no tiene profesionales de esta ciencia en
su gabinete económico.
Aquí no analizamos los anuncios de
profundización de los controles a los canales de distribución porque no
consideramos que esas medidas aporten nada a la solución de los
problemas y, lejos de eso, son la causa fundamental de la crisis. No
podemos dejar de mencionar los elementos que faltaron en el discurso y
que forman parte clave de un rompecabezas que luce todavía muy
incompleto: no explicó el Presidente cómo financiarán la caída de sus
ingresos petroleros a la mitad; no detalló los resultados de su gestión
de financiamiento en China y otros países aliados; no se habló de los
ajustes necesarios en el gasto público, claramente ineficiente y, sobre
todo, no se presentó un plan estructurado y creíble para promover la
producción privada interna, variable fundamental para abordar una
crisis, de la cual sólo hemos visto hasta ahora su maqueta.
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