3 DE SEPTIEMBRE 2016 - 12:01 AM
A mediados de 1956 comienza a hablarse insistentemente de la elección presidencial que debía tener lugar en 1957. El tema adquiere relevancia por los sucesos políticos que vienen aconteciendo a nivel continental: Juan Domingo Perón (1895-1974) fue derrocado en 1955, Anastasio Somoza (1896-1956) es asesinado a finales de 1956 y Gustavo Rojas Pinillas (1900-1975) se ve obligado a dejar el poder en mayo de 1957. La corrupción del Gobierno y la situación económica también hicieron su aporte a la crisis que se desata. En esa coyuntura, la Iglesia da un primer paso de suma importancia con la pastoral del arzobispo de Caracas, monseñor Rafael Arias Blanco, que fue leída en todos los templos de la arquidiócesis, con ocasión del 1° de mayo de 1957, día de Fiesta de San José Obrero. Entre otras cosas, ahí se decía:
“…La Iglesia tiene derecho, un derecho al cual no puede renunciar, a intervenir en la solución del problema social (…) Una inmensa masa de nuestro pueblo está viviendo en condiciones que no se pueden calificar de humanas; el desempleo que hunde a muchísimos venezolanos en el desaliento y que a algunos empuja hasta la desesperación (…) son hechos lamentables que están impidiendo a una gran masa de venezolanos poder aprovechar, según el plan de Dios, la hora de riqueza que vive nuestra patria…
“Y con las palabras de nuestro santo padre Pío XII, os recordamos que: ‘No es en la revolución, sino en la evolución armónica donde está la salvación y la justicia. La violencia nunca ha hecho más que derribar en vez de levantar; encender las pasiones en vez de calmarlas; acumular odios y ruinas, en vez de hermanar a los combatientes; y ha lanzado a los hombres y a los partidos a la dura necesidad de reconstruir lentamente, tras las dolorosas pruebas, sobre las ruinas de la discordia. Solo una evolución progresiva y prudente, valiente y acomodada a la naturaleza, iluminada y guiada por las santas normas cristianas de la justicia y la equidad, puede llevar al cumplimiento de los deseos y de las honestas necesidades del obrero”.
Ya no había tiempo que perder y la situación fue aprovechada por los grupos opositores (AD, Copei, PCV y URD) para acordar una acción conjunta que resultó determinante.
De acuerdo con la Constitución entonces vigente, el período presidencial de Pérez Jiménez culminaba a finales de 1957. Pero en vez de llamar a la elección de los poderes públicos, el gobierno –contrariando elementales principios legales– procedió a convocar un plebiscito para el 15 de diciembre, a fin de que el pueblo decidiera si prorrogaba o no la reelección del régimen para el período 1958-1963. Ante esa realidad, los estudiantes de los liceos y universidades de Caracas realizaron encendidas manifestaciones públicas. Un hecho, especialmente llamativo, se produjo: en el patio principal de la Universidad Católica Andrés Bello queman una fotografía del presidente de la República. El 31 de diciembre de 1957, Caracas se vio afectada por movimientos más febriles. La ciudad hizo honor a la estrofa que le corresponde en el Himno Nacional: “Y si el despotismo levanta la voz/ seguid el ejemplo que Caracas dio”. Ese día, el gobierno nacional ordenó la detención de dos altos militares: el general Hugo Fuentes y el coronel J. M. Castro León. A las 5:00 de la madrugada del 1° de enero, se declaró en rebeldía la Base Aérea Boca del Río y un contingente de la Guarnición de Maracay. Muy temprano en la mañana, el ruido de los aviones militares y los disparos de las baterías antiaéreas despertaron a los caraqueños. El teniente coronel Hugo Trejo se sublevó en el Cuartel Urdaneta, ubicado a pocos kilómetros de Miraflores. Sin embargo, en un movimiento estratégico inexplicable, en lugar de dirigirse contra Miraflores, avanzó a Los Teques para después seguir a Maracay. Al siguiente día, los militares leales a Pérez Jiménez lograron dominar la situación: Trejo fue detenido a la entrada de Maracay. Mas los ánimos no se apaciguaron. Pocos días después, el jefe del Estado Mayor, general Rómulo Fernández, solicitó al presidente de la República la remoción del gabinete ministerial y principalmente la salida del ministro de Relaciones Interiores, Laureano Vallenilla Lanz, hijo, y del director de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada (1906-1989). Ambos personajes salieron del país. Pero en una jugada sorpresiva, el 13 de enero, Pérez Jiménez ordenó la detención del general Fernández y lo obligó a marcharse a República Dominicana. El clima político era de extrema tensión, lo que explica que la agitación en las calles no se hiciera esperar. Los manifiestos y pronunciamientos de la Junta Patriótica (“Pueblo y Ejército unidos contra la usurpación”), intelectuales (“Declaración sobre la situación política nacional”), y estudiantes (“Manifiesto N° 1 del estudiantado universitario”) se sucedieron uno tras otro. Al mediodía del 21 de enero sonaron las cornetas de los automóviles que circulaban por la ciudad y repicaron las campanas de los templos de Caracas. Estalló entonces la huelga general acordada por la Junta Patriótica, órgano de amplia representación opositora. Todo el comercio y la banca cerraron sus puertas. En varios barrios de Caracas se produjeron manifestaciones que fueron reprimidas por la Seguridad Nacional. El día 22, se sublevó la Escuela Militar y la Marina. El desenlace se produjo de seguida: en la madrugada del 23 de Enero de 1958, el general Marcos Pérez Jiménez salió precipitadamente del país a bordo del avión presidencial –conocido popularmente como La Vaca Sagrada–, sin informar previamente a su tren ejecutivo. A consecuencia de la atropellada salida, el mandatario depuesto olvidó una maleta repleta de varios millones de bolívares en efectivo, valores públicos negociables y documentos.
Curiosamente, salvo la decisión de otorgar más concesiones petroleras para la obtención de ingresos extraordinarios que le permitieron continuar con la política de expansión del gasto público (1956-1957), la gestión de Pérez Jiménez en el campo económico fue positiva. Así lo sostiene Omar Bello Rodríguez cuando señala:
“A mi parecer, sin dudas, la década de los cincuenta constituye un período de alto crecimiento económico (9,4% tasa media interanual 1950-57) con estabilidad (índice de precios al mayor con variación anual inferior a 1% e, incluso, variación negativa), sostenido sobre un gasto público inclinado a favor de la obra material de infraestructura. Son los años en que adquiere relevancia la industria de la construcción y también la de materiales de construcción y servicios conexos, manejados dentro de un singular esquema de economía mixta donde se hace relevante la presencia del sector privado” (Bello Rodríguez, Omar, “Apuntes para un borrador sobre la historia económica contemporánea de Venezuela”, texto sin publicar).
Visto a la distancia, el gobierno de Pérez Jiménez fue infinitamente superior al actual de Nicolás Maduro. Nuestro pueblo salió de aquel y de este también saldrá. El pasado 1° de septiembre se dio un paso fundamental.
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