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Laura Tyson
Project Syndicate
Septiembre 7, 2016
https://www.project-syndicate.org/commentary/stagnating-wages-advanced-economiesby-
laura-tyson-and-anu-madgavkar-2016-09/Spanish
Actualmente el debate por la desigualdad suele centrarse en la acumulación
desproporcionada del ingreso y la riqueza en una pequeña proporción de los hogares
estadounidenses y de otras economías avanzadas. Algo que se percibe menos —pero
resulta igualmente corrosivo— es la tendencia a la caída o el estancamiento del ingreso
para la mayoría de los hogares.
Durante gran parte del período posterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta la década
de 2000, un sólido crecimiento del PBI y el empleo en las economías avanzadas implicó
que casi todos los hogares experimentaran un aumento de sus ingresos, tanto brutos
como después de impuestos y transferencias. En consecuencia, una generación tras otra
crecieron esperando estar mejor que sus padres. Pero según la nueva investigación del
McKinsey Global Institute, es posible que ya no haya garantías para esa expectativa.
Durante la última década, el crecimiento del ingreso se detuvo abruptamente para la
mayoría de los hogares en los países desarrollados, entre los cuales se vieron más
afectados los monoparentales con jefas de hogar mujeres, o con trabajadores jóvenes de
menor nivel educativo. El ingreso real de los salarios y el capital para los hogares en el
mismo segmento de la distribución del ingreso fue inferior en 2014 que en 2005 para
aproximadamente dos tercios de los hogares en 25 economías avanzadas: más de 500
millones de personas. Entre 1993 y 2005, por el contrario, menos del 2 % de los
hogares en esas economías tuvo ingresos iguales o menores.
Los aumentos en las transferencias gubernamentales y las menores tasas fiscales
redujeron el efecto del estancamiento o la caída del ingreso de mercado (antes de
transferencias e impuestos) sobre los ingresos disponibles. Sin embargo, entre el 20 %
y el 25 % de los hogares sufrieron un estancamiento o una caída del ingreso disponible
entre 2005 y 2014, mientras que en los 12 años anteriores ese porcentaje había sido del
2 %.
Entre los principales responsables de este cambio se cuentan la profunda recesión y la
lenta recuperación posterior a la crisis económica de 2008 en las economías avanzadas.
Entre 1993 y 2005 el crecimiento del PBI aportó aproximadamente 18 puntos
porcentuales al crecimiento anual del ingreso medio de los hogares, en promedio, en
EE. UU. y Europa; ese indicador se desplomó hasta los 4 puntos porcentuales entre
2005 y 2014.
Pero la caída poscrisis del crecimiento dista de ser el único problema. (En ese caso, la
última década podría simplemente constituir una anomalía). Existen factores de largo
plazo, como la débil inversión, la desaceleración del crecimiento de la fuerza de trabajo
y una violenta disminución del crecimiento de la productividad, que han reducido el
crecimiento del ingreso para el hogar promedio en la mayoría de los países avanzados
respecto del período 1993-2005.
Los cambios demográficos —entre los que se cuentan cambios en la estructura familiar,
las bajas tasas de fertilidad y el envejecimiento de la población— llevaron a reducciones
tanto en el tamaño total de los hogares como en la cantidad de personas en edad de
trabajar con ingresos por hogar. Y los cambios en el mercado de trabajo —impulsados
por el cambio tecnológico, la globalización de los empleos con baja y media
capacitación, y la creciente preponderancia del empleo temporal y a tiempo parcial—
han llevado a que la participación del salario en el ingreso nacional baje y la distribución
de ese ingreso entre los hogares resulte cada vez más desigual. Ninguna de esas
tendencias se revertirá pronto, Por el contrario, es probable que algunas de ellas se
profundicen.
La investigación de McKinsey confirma que esos factores de largo plazo socavan el
ingreso en la mayoría de los hogares y Muestra que el ingreso real de mercado en la
mayoría de los hogares se mantuvo estable o cayó, aun cuando el crecimiento agregado
fue positivo durante el período 2005-2014.
Especialmente en EE. UU., la capacidad de los trabajadores para proteger su
participación en el ingreso nacional y de los hogares de ingresos bajos y medios para
mantener su participación en la masa salarial, se vieron sustancialmente erosionados.
Por ello, el crecimiento real del ingreso medio disponible se redujo en nueve puntos
porcentuales entre 1993 y 2005, y en otros siete puntos porcentuales entre 2005 y
2014.
Suecia, donde los hogares promedio recibieron una mayor proporción de las ganancias
del crecimiento del producto durante el período 2005-2014, logró revertir esta
tendencia negativa. En respuesta al lento crecimiento de la última década, el gobierno
sueco trabajó con los empleadores y los sindicatos para reducir la cantidad de horas de
trabajo y conservar los empleos. Gracias a esas intervenciones, los ingresos de mercado
cayeron o se estancaron en sólo el 20 % de los hogares y hubo generosas transferencias
netas, que lograron que el ingreso disponible aumentara para casi todos los hogares.
Ciertamente, EE. UU. también intervino después de la crisis: implementó un paquete
de estímulo fiscal en 2009 que, junto con otras transferencias, aumentó el crecimiento
del ingreso medio disponible en el equivalente a cinco puntos porcentuales. Una baja
de cuatro puntos en el ingreso medio de mercado se convirtió así en una ganancia del
1% del ingreso medio disponible. Pero eso no cambió el hecho de que entre 2005 y
fines de 2013 los ingresos del mercado cayeron para el 81 % de los hogares
estadounidenses.
De manera semejante, la reciente investigación llevada a cabo por Emmanuel Saez, de
Berkeley, muestra que el ingreso real de mercado para el 99 % inferior en EE. UU.
creció tanto en 2014 como en 2015 a tasas que no se veían desde 1999. Sin embargo,
para fines de 2015, los ingresos reales de mercado para ese grupo habían recuperado
sólo dos tercios de las pérdidas que sufrieron durante la recesión de 2007-2009. En
otras palabras, la intervención estadounidense fue mucho menos eficaz que la de su
contraparte sueca para lograr que los trabajadores recuperaran sus niveles de ingreso
anteriores.
Las consecuencias de esos fracasos son de gran alcance. El estancamiento y la caída del
ingreso real no sólo funcionan como un freno a la demanda de consumo y el
crecimiento del PBI, sino que además alimentan el descontento social y político, ya que
los ciudadanos pierden confianza en las estructuras económicas existentes.
Encuestas de MGI en Francia, el Reino Unido y EE. UU. han encontrado que las
personas cuyos ingresos no crecen y que no prevén una mejora tienden a percibir el
comercio y la inmigración de manera mucho más negativa que quienes experimentan o
prevén ganancias. El voto por el brexit en el RU y la oposición bipartidaria a los
acuerdos comerciales en EE. UU. son claras señales de esto.
El debate reciente sobre la desigualdad del ingreso en EE. UU. y otros países
desarrollados se ha centrado en el rápido aumento de los ingresos para unos pocos,
pero el estancamiento y la caída del ingreso para muchos suma una dimensión distinta
al debate y exige distintos tipos de soluciones que enfaticen el crecimiento de los
salarios para la mayoría en la distribución del ingreso. Frente a un continuo
estancamiento y caída del ingreso de los hogares —y con las generaciones más jóvenes
camino a ser más pobres que sus padres— resulta urgente encontrar ese tipo de
soluciones.
Traducción al español por Leopoldo Gurman.
.
Laura D'Andrea Tyson (New Jersey, 1947). Economista
summa cum laude por la Universidad de Smith (1959) que
le valió el Doctorado en Filosofía de la misma universidad.
PhD en Economía por el Instituto de Tecnología de
Massachusetts. Profesora del Departamento de Economía de
la Universidad de Princeton, Directora de Investigación,
Berkeley mesa redonda sobre la Economía Internacional,
Universidad de Berkeley, Directora del Instituto de Estudios
Internacionales, Universidad de California en Berkeley.
Desde 1993 hasta 1995 fue Presidente del Consejo de
Asesores Económicos del Presidente Bill Clinton. Desde 1995
hasta 1996, Presidente del Consejo Económico Nacional. Se
desempeñó como Decana de la London Business School
(2002 – 2006). Desde 2007 Profesora de la Haas School of
Business.
Es miembro del directorio de Morgan Stanley desde 1997,
miembro del directorio de AT & T Inc. desde 1999, miembro
del directorio de Eastman Kodak y es miembro de la
Comisión de Mercado de Capitales.
Tyson ha publicado varios libros y artículos sobre la
competitividad industrial, el comercio , y también en las
economías de Europa central y sus transiciones a los
sistemas de mercado. Mantiene una columna sobre
economía para la revista Business Week. Tyson escribe
regularmente sobre cuestiones de política económica
nacional e internacional en el Washington Post , el New York
Times y otros periódicos y revistas de difusión nacional e
internacional.
Además es miembro de la Junta de Síndicos en Blum Center
de la Universidad de Berkeley para las economías en
desarrollo. El Centro se centra en la búsqueda de soluciones
para hacer frente a la crisis de la pobreza extrema y las
enfermedades en los países en desarrollo.
Autora de varios libros sobre los cambios en la economía
mundial, con especial atención a la competencia de alta
tecnología y como hacer negocios en las economías de
mercados emergentes
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ánimo de lucro de unión de editores, prensa y asociación de
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