Saturday, February 18, 2017

“Donald Chávez”: la saga continúa

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Eddy Reyes Torres

18 DE FEBRERO DE 2017 12:03 AM
¿Creían ustedes que mi artículo de la semana pasada sería una nota aislada sobre el (im) popular, quisquilloso, increíble, y poderoso “Donald Chávez”? Pues se equivocan. El personaje se ha metido, sin pedir permiso, en nuestras vidas y, queramos o no, nos afectará a todos hasta el mismo cansancio. No lo duden ni un segundo: él será parte de la cotidianidad de los venezolanos y el mundo entero, a menos que las fuerzas de las protestas, el Poder Judicial o los propios líderes del Partido Republicano logren una de dos: hacerlo entrar por el aro o destituirlo por la vía del “impeachment” (juicio político). Es por ello que mis amigos y enemigos invisibles deben prepararse para leer varias (o quizás muchas) entregas, que necesariamente no serán consecutivas, sobre los exabruptos y metidas de pata del revolucionario y carismático constructor de Nueva York (estado Barinas, Venezuela). Mi deseo más anhelado es que los seguidores de esta saga alcancen cuando menos la cota (ajustada por los años y la inflación) que logró el peruano Alfredo Bryce Echenique con La vida exagerada de Martín Romaña, en 1981. Entremos entonces en materia.
       Ya conocen ustedes qué pasó con la orden genérica del catire Donald dirigida a impedir el acceso de refugiados e inmigrantes provenientes de países respecto a los cuales no se ha evidenciado que hayan cometido actos terroristas en Estados Unidos. Después que un juez competente suspendió la medida por genérica, el gendarme de la Casa Blanca lo ninguneó, llamándolo “so-called judge…” ("La opinión de este supuesto juez, que esencialmente priva a nuestro país de las fuerzas del orden, es ridícula y será anulada") y ordenó apelar a la instancia superior, integrada por tres jueces, uno de los cuales fue designado por el republicano George Bush. Para su pesar, ahí le pararon el trote con una decisión unánime. Sin embargo, su intemperancia lo llevó a enviar a los demandantes un mensaje por Twitter que decía “I see you in Court” (Nos vemos en la Corte Suprema de Justicia).
Lo que quedó claro de lo decidido hasta ahora es que la orden ejecutiva es genérica y por tanto inconstitucional. Así, míster Donald tiene dos alternativas: restringir el alcance de su mandamiento para hacerlo viable en el corto plazo o agotar la vía judicial, lo que le llevará tiempo, además de arriesgarse a terminar con otro pronunciamiento en contra.
De más gravedad que lo anterior es la decisión de llevar a cabo deportaciones masivas de los indocumentados que ahora se encuentran en el país. Según el centro de investigaciones Pew Research Center, para 2014 la población de indocumentados era de 11.3 millones. La metodología que aplica esta organización es transparente: verifica el número total de inmigrantes que son incluidos en los datos de la Oficina del Censo y la encuesta American Community Survey, y luego restan el número de personas que entran al país legalmente; toda la data se basa en registros administrativos muy sólidos del Departamento de Seguridad Nacional. Los expertos admiten que la cifra anterior puede ser superior en uno o dos millones, pero no más de eso. Sin embargo, en su campaña para la presidencia, sin sonrojarse un ápice y cual experto de reconocida trayectoria, “Donald Chávez” dijo: “Honestamente, hemos estado oyendo ese número por años, siempre es 11 millones; nuestro gobierno no tiene idea, podrían ser tres millones, podrían ser treinta millones; no tienen idea de cuál es el número”.
Sin entrar, por razones más que obvias, a descalificar la cifra del gendarme necesario del norte, el número de indocumentados que registra el PRC es muy alto, motivo por el cual muchos sectores de la economía que emplean a estas personas están realmente preocupados por las consecuencias negativas que tendrán en sus negocios las deportaciones masivas planteadas. Un grupo significativo de empresas agrícolas, por solo mencionar un sector específico de la economía americana, ha señalado que de concretarse la medida se verá en la necesidad de cerrar sus operaciones. Y no hablemos de los graves problemas que la referida acción generaría en países como México, El Salvador o Guatemala, cuyos nacionales en la patria de Donald alcanzan la cifra de 5.900.000, 631.000 y 499.000, respectivamente. La reducción inevitable de ingresos en divisas que se produciría en dichos países, producto de la consecuente disminución de las remesas de dinero, y el ineludible incremento del desempleo por el retorno de tantas personas, serían sin duda dos de los trastornos que se gestarían y que tendrían un gran impacto económico, político y social.
Hace poco, en la versión en español del artículo que Robert Kuttner publicó en el The Huffington Post (“Donald Trump será destituido, pero ¿cuándo?”), se anticipa que el constructor de Nueva York será depuesto en un futuro no lejano. Allí se destaca en una nota complementaria lo que ya es obvio: “Una por una, Trump ha decretado órdenes impulsivas que no han sido revisadas por juristas, ni por expertos gubernamentales ni responsables políticos, y ni mucho menos han sido objeto de una planificación meditada”. Si cambiamos la referencia a Trump por “Chávez-Maduro”, el comentario tiene plena aplicación en la patria de Bolívar, cuna de líderes carismáticos que siempre fracasan.
La sabiduría contenida en el Eclesiastés se ratifica una vez más cuando señala: “No hay nada nuevo bajo el Sol”.

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