Eddy Reyes Torres
Siempre lo digo y lo repito una vez más: nuestro más grande filósofo es Rubén Blades. La brillantez de su pensamiento quedó confirmada cuando escribió la lírica de Pedro Navaja, en especial la parte que dice: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!”.
Quién se podía imaginar que “Donald Chávez” resucitaría en la Oficina Oval, en el mero corazón de Washington, D. C. Para la mayoría de los venezolanos esa es una tragedia real, en especial para ese enorme caudal de compatriotas apátridas que decidieron marcharse al norte, huyendo de los logros de la revolución bonita.
El maravilloso país de Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt, John Kennedy, Edgar Allan Poe, William Faulkner, Ernest Hemingway, John F. Steinbeck, Saul Bellow, Bob Dylan, Meryl Streep, Diana Ross, Barbra Streisand, Michelle Obama, Jackson Pollock, Georgia O’Keeffe, Jasper Johns, Walt Disney, Mohamed Alí y Martin Luther King, entre otros, según algunos opinadores, ha caído bajo el control de un deslenguado y mediático populista de raza aria. Si ese es el caso, estaríamos pasando de sufrir la lluvia ácida del mulato de sabaneta a tener que calarnos el san Benito del nieto de Frederick Trump, natural de Alemania, cuna del nazismo blanco y pelo amarillo.
Sin calmantes de por medio, “Donald Chávez” ha sido ungido por el colegio electoral del imperio “mesmo” como padre máximo y gendarme necesario del universo, un rol mucho más trascendente que el minúsculo que representó “el padrecito” José Stalin (1878-1953) en la Unión Soviética. El concepto del “gendarme necesario” está recogido en la obra Los orígenes de la Francia contemporánea (1876-1893), cuyo autor es el historiador y filósofo positivista Hyppolyte-Adolphe Taine. La tesis inspiró a Laureano Vallenilla Lanz para justificar la dictadura de Juan Vicente Gómez en nuestro país, alegato que quedó recogido en su libro Cesarismo democrático. Según el cual, en todos los países y en todos los tiempos, se ha comprobado que existe siempre, como una necesidad fatal, el gendarme electivo o hereditario de ojo avizor, de mano dura, que por las vías de hecho inspira el temor, y que por el temor mantiene la paz y el progreso.
Lo anterior es lo que explica que el 7 abril de 2002, luego de la decisión adoptada por los trabajadores de Petróleos de Venezuela, en el sentido de iniciar la suspensión progresiva de labores en todo el país, como consecuencia de los continuos y desconsiderados ataques recibidos por el natural de Sabaneta, este último informó en cadena de radio y televisión las medidas de despido llevadas a cabo por las autoridades de dicha compañía. Como si no fuera suficiente, el susodicho, además, hizo sonar un pito y procedió a echar a siete altos ejecutivos de la industria, exclamando un odioso: “¡Pa’ fuera!”, al hacer mención del nombre de cada uno de ellos. La biliosa acción desató los demonios y terminó más tarde con el paro petrolero y el subsiguiente despido de casi 20.000 trabajadores de Pdvsa.
Mutatis mutandi, de similar naturaleza es la medida que recientemente adoptó el nieto del catire Frederick. Sin crema para aliviar el dolor, el constructor experto en reinas de belleza se lanzó con una acción radical y genérica dirigida a impedir la entrada de sirios, yemeníes, iraquíes, libios, somalíes, iraníes y sudaneses, en su condición de potenciales terroristas, a la patria de Madonna. El despelote que se armó en los aeropuertos de Estados Unidos fue de padre y señor nuestro, en virtud de que la medida se aplicó de inmediato, tomando por sorpresa a muchos viajeros de los países involucrados que desconocían su aplicación cuando abordaron sus respectivos vuelos, así como a las personas de igual características a las que habían otorgado en el pasado las codiciadas green card y regresaban a Estados Unidos luego de viajar a otros países, por diferentes motivos. Dicen que en la América profunda se oyó con fuerza la consigna de ocasión: “Así, así, así es que se gobierna”.
El problema con los “Donald Chávez” del subdesarrollo y el mismo imperio es que no se leen completa la historia del pana “Peter Blades”, la cual termina así: Pedro Navajas, matón de esquina/ Quien a hierro mata, a hierro termina.
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