Monday, February 20, 2017

Ideas: 10/40 notas sobre la revolución digital (1/4), por Nelson Rivera

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Nelson Rivera
He organizado las notas que siguen, a partir de numerosas fuentes: decenas de artículos publicados en revistas especializadas y en prensa: el futuro es hoy una fuente en auge en medios de todo el planeta; varios informes que he conseguido en la web, en español, generados por entidades científicas o de multilaterales; así como la lectura de varios libros: El volumen de The Economist sobre las proyecciones planetarias hacia 2050; Dataclismo, de Christian Rudder; Ciudades sostenibles, publicado por The Worldwatch Institute; y La cuarta revolución industrial, de Klaus Schwab, que me ha servido de guía para organizar una cantidad abrumadora de información que recopilo cada día. Quiero añadir: desde hace algunos meses, cada día le dedico una hora a La singularidad está cerca, el ambicioso, poliédrico, complejo y radical libro de ese genio que es Ray Kurzweil. Cuando escribo esta serie, acabo de cruzar la mitad del libro. Todo el planteamiento suyo, que parte de la ley de los rendimientos acelerados, aumenta la frecuencia de los latidos del corazón. Si las previsiones de Kurzweil se cumplen, solo hasta un punto conservador, los cambios que ahora mismo se están produciendo ante nuestros ojos, no solo habrán aumentado el tamaño del universo, modificado de forma definitiva el carácter de nuestras vidas, sino que nos colocarán ante problemas y debates que ni siquiera hemos atisbado. Voy:
1) Lo que solemos llamar futuro, cuando hablamos del modo en que cambiarán nuestras vidas, ya está aquí. Se ha instalado entre nosotros. Lo hace en forma de tecnologías, soluciones robóticas, inteligencia artificial y de muchas otras formas. También está presente en lo nuevos conocimientos hiperespecializados y menos divulgados sobre, por ejemplo, el funcionamiento del cerebro o la hipnótica cuestión de cómo los telescopios están a punto de alcanzar el momentum del big bang. Esta primera idea rompe un paradigma de milenios: la del futuro como un tiempo más allá de nosotros. Ahora el futuro se ha ensanchado (en todas las direcciones) y se cuela en todos los ámbitos de nuestras vidas. Nos trae sus evidencias, sus formas y sus lógicas. Las primeras operaciones de la computación cuántica o de la invención de materiales son, a un mismo tiempo, presente y futuro. Kutzweil sostiene que todo crecimiento exponencial es engañoso. En su fase inicial es imperceptible. Si no se calcula su trayectoria, un día irrumpe, “explota con furia inusitada”.
2) Los cambios que se producirán no serán meras evoluciones o mejorías. Otras lógicas se impondrán o, si prefiere un verbo menos rotundo, se instalarán entre nosotros. Se trata del surgimiento de una nueva era, marcada por magnitudes, alcances y velocidades inéditas hasta ahora (velocidades que abrirán el umbral de nuevas aceleraciones).
3) ¿Qué conjunto social arrojarán estos cambios? Los expertos no lo saben con exactitud. Dice Klaus Schwab: “Nunca ha habido una época de mayor promesa o potencial peligro”. Lo que sí es previsible es que nadie escapará: las vidas de personas, comunidades, organizaciones y países se estructurarán de otro modo.
4) El futuro supone la coexistencia inseparable entre tecnología y sociedad. Quizás la frase sea un tanto abstracta. Más que coexistencia se producirá la fusión, la asociación (me provoca decir la “amalgama”) entre los materiales y lo digital, entre la biología (nosotros) y lo digital. Por lo tanto, ya no seremos los mismos. Es posible que debamos redefinir quiénes somos. Personas/máquinas: eso seremos. En mayor o menor medida.
5) La inteligencia dejará de ser fija. La cognición expandirá sus fronteras. A las experiencias que conocemos se sumarán las experiencias virtuales. Y se confundirán unas y otras. No es temerario decir que cambiará el carácter, la naturaleza de la inteligencia. Algo más: la inteligencia artificial nos retará y nos superará.
6. El dictamen de Nihim sub sole novum, el bíblico “nada nuevo bajo el sol”, será desmentido. La interacción entre inteligencia humana e inteligencia digital dará lugar a lo inédito, a hechos, realidades y objetos sin precedentes. Una proyección: lo digital formará parte de todo ambiente. Otra: Pulularán unidades digitales a las que hablaremos. Para todo. Una más: todo o casi todo tendrá una aplicación. No sabemos qué forma tendrá. Pero es probable que un pequeño aparato atado a nuestra muñeca, semejante a un reloj, logre acompañarnos y convertir en datos buena parte de nuestras vidas.
7) ¿Será disruptivo, a pesar de la afirmación anterior de que el futuro ya está presente? Lo será. La percepción de los expertos, lo enunciaba un panel de científicos europeos, es que no hay ni “la sensación de inminencia”, ni narrativas preparatorias, ni los liderazgos y, a veces, ni siquiera disposición a escuchar lo que viene. Contra este fondo, copio esta frase de Kurzweil: “Durante el siglo XXI no experimentaremos cien años de avance tecnológico, sino que presenciaremos alrededor de veinte mil años de progreso medidos al ritmo del progreso actual, o alrededor de mil veces más de lo conseguido en el siglo XX”.
8) La proliferación al infinito de los chips, el Internet de las cosas, dará lugar a un big band de datos. El conocimiento se llenará de mediciones a un extremo hoy impensable. Todo será computado: nuestra actividad, nuestro sueño, el vaivén de nuestras energías, el modo en que invertimos el tiempo. Imagine el lector algo que ya conoce: los drones. Imagine ahora que se reduzcan a tamaños que escapan de nuestra visión simple. Imagine por último que, en cantidades de millones y millones, planean por la atmósfera de las ciudades donde vivimos.
9) Klaus Schwab dedica un capítulo de su libro al tema de los impulsores: las tecnologías que empujan a la cuarta revolución industrial. Las clasifica en físicas (como la impresión 3D), digitales (el Internet de las cosas es su ejemplo más categórico: la tecnología que rige y regirá la relación entre personas y cosas), y biológicas: serán estas últimas, más allá de sus aportaciones a la medicina (ya ha comenzado la producción de órganos para el trasplante) y a la producción de alimentos y biocombustibles, donde se generarán los debates más controvertidos, cada vez que se incursione en el capítulo de humanos modificados o intervenidos genéticamente.
10) Me detendré aquí, apenas para formular una pregunta: ¿Dónde quedaría “la vulnerabilidad esencial a la condición humana” de la que hablaba Elías Canetti, si los bebés de diseño se convierten en realidad?




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