19 DE FEBRERO DE 2017 12:01 AM
No le hizo ninguna gracia a Juan Vicente Gómez que los universitarios de la capital seleccionaran mediante elecciones a la reina de los estudiantes; menos gracia le causó que la coronación de Beatriz Peña y los actos de la Semana del Estudiante devinieran en protestas contra su mandato: aparecía en la escena nacional lo que conocemos como generación del 28; una generación que, a juicio de Manuel Caballero, inventó una nueva forma de hacer política en Venezuela, cuya influencia en la vida pública, desde entonces y hasta no hace nada, ha sido determinante.
No, no entusiasmaban al Bagre elecciones de ninguna suerte, aunque fueran de embuste embuste; tampoco a sus sucesores, los generales (andinos como él) Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita.
A comienzos del quinquenio del buenazo de Isaías, se produjo un significativo y efervescente evento electoral para elegir a otra soberana, la reina de la VII Serie Mundial de Beisbol Amateur entre dos hermosas candidatas. Oly Clemente y Yolanda Leal protagonizaron una memorable contienda marcada por el entusiasmo de un pueblo que clamaba por el voto secreto, directo y universal para elegir a sus gobernantes y asumió este evento como un modo de expresar lo que más tarde sería argumento para derrocar a un Medina, que habría visto en tal disputa –la Clemente para la gente decente y la Leal para la gente vulgar fueron consignas volanteadas con profusión– la prefiguración de un bochinche incompatible con la disciplina castrense.
A los regímenes militares las elecciones les producen urticarias. Esa alergia tiene que ver con una formación para mandar y obedecer, no para discernir. Medirse en elecciones no estaba en los planes del golpista del 4F. Concurrió a las urnas aconsejado por un viejo zorro de la política –Luis Miquilena– y comprendió que si podía manipularlas, las elecciones lo barnizarían con un cierto matiz democrático y legal e hizo del CNE un apéndice suyo como ahora lo es del cogollo padrinomadurista.
Se aseguró de instrumentar reglamentos y mecanismos para controlar todos los procesos comiciales en el país, pues veía como en las universidades y los colegios profesionales sus encantamientos de serpiente no tenían efecto. Las brujas no pudieron suspender las elecciones en la Universidad Central de Venezuela pautadas para el viernes. Delegaron la tarea a la guillotina suprema de justicia.
La institución especializada en enredar papagayos y rizar el rizo con estrambóticos dictámenes decidió que los sufragios se aplazaran hasta el próximo año. Los estudiantes no le pararon ni un milímetro a esa sentencia y acudieron masivamente a depositar sus votos, respaldando la exhortación de Hasler Iglesias, presidente de la Federación de Centros Universitarios: ¡vivan los estudiantes!
Es aleccionador el desafío de la casa que vence las sombras, sobre todo porque enfrenta a un poder que se cree omnímodo. Debería la diputación unitaria mirarse en ese espejo para que la gente no siga preguntándose cómo es posible que una docena de jueces venales, irregularmente nombrados, mantengan en jaque a más de un centenar de parlamentarios de legitimidad admitida hasta por Nicolás.
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