Monday, March 13, 2017

América Economía: La lección de Odebrecht

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América Economía
Redacción
Enero 10, 2017
http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/editoriales/la-leccion-de-odebrecht

Los US$ 3.500 millones que se ha comprometido a pagar la gigante de
ingeniería brasileña Odebrecht, al firmar en Nueva York un acuerdo
extrajudicial con los gobiernos de Estados Unidos, Brasil y Suiza, van
a pasar a la historia. Es la multa más cara que se le haya impuesto a
una empresa latinoamericana y Odebrecht la pagará como parte del
acuerdo por el cual sus principales ejecutivos se declararon culpables
de montar la mayor operación de sobornos en la historia de América
Latina.
La justicia brasileña, en primera instancia, había condenado unos
meses antes a Marcelo Odebrecht, el CEO de la empresa, a 19 años
de cárcel. La red delictual creada por la constructora pagó periódicos
sobornos a cientos de funcionarios públicos, parlamentarios y
dirigentes políticos, por períodos de hasta diez años o más en algunos
casos.
La operación comenzó sobornando a funcionarios de la gigante
petrolera estatal Petrobras para adjudicarse contratos en los proyectos
de infraestructura que sacaba a licitación la empresa estatal. Corrían
los primeros años del gobierno de Luiz Inacio “Lula” da Silva y su
Partido de los Trabajadores (PT), por primera vez en el poder,
necesitaba financiar las campañas electorales de sus candidatos a
alcaldes, gobernadores, diputados y senadores. Las platas de
Odebrecht pasaban a manos de Petrobras y de ahí eran canalizadas
hacia las arcas del PT, para un fin quizá más noble que el
enriquecimiento personal de los gerentes de Petrobras: ganar las
próximas elecciones. Y las siguientes y las que venían después.
La multa de US$ 3.500 millones puede sonar excesiva para algunos
miembros de la comunidad de negocios de la región, pero no lo es.
Por el contrario, castigar a la máquina de sobornos más grande de la
historia de la región, con la multa más alta de la historia de la región,
suena a estricta justicia.
Tampoco es demasiado severa la pena de 19 años de cárcel para
Marcelo Odebrecht, quien además reducirá probablemente su
sentencia en las instancias de apelación, luego de confesar la culpa y
cooperar con la investigación.
Lo que hizo Odebrecht fue montar una eficaz empresa de sobornos
tan bien aceitada que, a poco andar, fue emulada por casi todas las
demás empresas de ingeniería de Brasil, pasando luego a otras
industrias que viven del procurement estatal. Odebrecht, además,
exportó su máquina de sobornos a otros 12 países donde hace
negocios con el Estado, entre ellos nueve latinoamericanos: México,
Colombia, Argentina, Perú, Venezuela, Panamá, Ecuador y República
Dominicana.
Es incalculable -pero inmenso- el daño que una operación de soborno
como la de Odebreecht ha causado a Brasil y a los otros países donde
se puso en marcha. Echa por tierra todos los esfuerzos de ganar
credibilidad en la arena política y económica internacional; dificulta el
acceso a los mercados globales de capital, desincentiva la inversión
extranjera directa, hace que los agentes económicos pierdan fe en las
licitaciones oficiales, pone trabas a la innovación y al desarrollo
emprendedor. Todo esto, además de imponer un impuesto invisible a
los proyectos que surgen de las alianzas público-privadas.
Tan grande era la operación de Odebrecht, que la empresa creó una
organización paralela, una especie de “oficina de sobornos” con sus
propias unidades de contabilidad, finanzas y administración, que se
estableció como una ventanilla de pagos semipermanente, con horario
de atención y fechas de pago. Esta institucionalización del soborno
hace que la corrupción se vea como algo natural, parte de la
naturaleza humana. Algo molesto pero inevitable, como la muerte y los
impuestos.
Hay que celebrar que haya provocado un escándalo. Y hubo
escándalo gracias a que en Brasil el poder judicial es verdaderamente
independiente y hay real libertad de prensa. Es imposible luchar contra
la corrupción si no se la ve, y no se la ve si nadie la denuncia. La
primera herramienta en la lucha contra la corrupción es la
transparencia. Y transparentar la corrupción es lo que han hecho en
este caso el juez nombrado para dirigir la investigación, Sérgio Moro, y
los medios de comunicación brasileños.
La ira pública frente al creciente escándalo, sumada a la mayor
recesión de Brasil en más de medio siglo, fueron combustible para la
hoguera que consumiría a Dilma Rousseff. La ex presidenta al parecer
no recibió sobornos, pero nadie cree que no supiera lo que estaba
pasando. El ex presidente Lula está en el banquillo de los acusados y
podría ir a dar a la cárcel. Marcelo Odebrecht ahora está cooperando
con la investigación y es secreto a voces que sus declaraciones
podrían hacer caer al actual presidente de Brasil, Michel Temer.
El escándalo de corrupción Petrobras-Odebrecht es único por su
tamaño y ramificaciones a toda la región, pero está lejos de ser el
único caso en América Latina. Una verdadera epidemia de escándalos
de corrupción se ha destapado en la región en los últimos dos años.
Hasta en Uruguay, el país menos corrupto de América Latina según el
ranking de percepción de corrupción de Transparency International, la
coalición de gobierno está a punto de perder la mayoría en la cámara
de diputados a causa de la investigación por corrupción en dos
proyectos binacionales uruguayo-venezolanos que se pusieron en
marcha durante los gobiernos de Pepe Mujica en Uruguay y Hugo
Chávez en Venezuela. Agréguese a ello el escándalo de la “Casa
Blanca” que toca a la esposa del presidente de México Enrique Peña
Nieto, la seguidilla de acusaciones de la justicia argentina contra la ex
presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el encarcelamiento del ex
alcalde de Bogotá, los cargos contra el ex presidente de Perú Ollanta
Humala, la imputación por estafa de la nuera de la presidenta Bachelet
en Chile, y así, suma y sigue a lo largo y ancho de la región.
Podría pensarse que hay más corrupción en la región hoy que la que
había hace diez años. Pero la evidencia señala lo contrario. El más
reciente informe de Transparency International, sobre la percepción de
corrupción en 167 países del mundo, muestra que en casi todos los
latinoamericanos las cosas han mejorado. Sólo dos países tuvieron
descensos fuertes: Brasil por el escándalo Petrobras, y Guatemala por
una mafia aduanera, uno de cuyos miembros era el presidente Otto
Pérez Molina, quien se vio obligado a renunciar.
El destape de casos de corrupción que se ventila en público, en casi
todos los países, ha causado un nivel de indignación pública que
podría ser propicio para hacer reformas institucionales y lanzar
campañas anticorrupción y pro transparencia. De hecho, varios países
de la región están actualizando sus políticas anticorrupción o
estableciendo otras nuevas, más robustas y más adecuadas a los
tiempos. Ayuda a la perspectiva de una nueva ofensiva anti corrupción
el que la casi totalidad de los países latinoamericanos viven hoy en
democracias estables, con separación de los poderes del Estado,
instituciones más sólidas, imperio de la ley en general, y, muy
importante, libertad de prensa.
El solo hecho de ver a un actor clave de los negocios brasileños, como
el principal dueño de Odebrecht, condenado a 19 años de prisión, y a
su compañía multada fuertemente, y a Lula enfrentando los tribunales,
transmite el mensaje claro de que la justicia funciona también con los
poderosos. Eso es de importancia clave cuando en todo el mundo,
incluyendo nuestra región, hay una creciente desafección hacia las
elites. Una decidida política anticorrupción de parte de los gobiernos
latinoamericanos no es solo correcta y urgente: es también una
medida de supervivencia de la convivencia democrática en el mediano
y largo plazo.

AméricaEconomía (1986). es una revista de negocios que
cubre América Latina en español y portugués. Fue fundada
en 1986 por el chileno Elías Selman y el sueco Nils
Strandberg.
La primera edición de AméricaEconomía apareció en junio de
1986, en medio de lo que se conoció como «la década
perdida latinoamericana». A pesar de ello, los fundadores
pensaron que se necesitaba una publicación para el
emergente hombre de negocios globalizado de
Latinoamérica.
Elías Selman y Nils Strandberg encargaron al periodista
argentino Andrés Oppenheimer el diseño de una revista
sobre América Latina. La edición cero fue creada por tres
periodistas –Pablo Huneeus, Germán Mujica y Alejandro
Koffmann–, quienes durante 15 días trabajaron en el sótano
de una casa en Nueva Jersey, EE.UU., hogar de Everett
Martin, reportero de The Wall Street Journal que cubría
América Latina.1
A los pocos meses, AméricaEconomía fue comprada por Dow
Jones & Co., la empresa editora de The Wall Street Journal
A partir de 2011, AméricaEconomía busca una nueva
estrategia que incorpore la digitalización creciente de los
medios de comunicación, por lo que cambia de nombre a
AméricaEconomía Media Group para dar cuenta de su nueva
visión multiplataforma (medios impresos, digitales, móviles)
y lanza en enero, su nuevo portal dedicado a la tecnología y
telecomunicaciones en la región llamado AEtecno.
Sus principales ejecutivos son Elías Selman C. Presidente
Grupo Time, Publisher and Editor, Eduardo Albornoz G. CEO y
Rodrigo Guaiquil C. COO

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