Enrique Viloria Vera
En
uso de las atribuciones que me atribuí a mí mismo, es decir a Yo, dentro de
esta emergencia a la que nos tiene sometido el Imperio y a los fines de abatir
la inflación, y de ganar otra batalla en esta guerra económica sin cuartel ni
tanques ni aviones, decreto las siguientes medidas que deberán tener presente,
muy presente, los panaderos usurpadores y traidores, a riesgo de que les caiga
el SUNDAE de fresa, es decir, rojo – rojito:
I.
De
la naturaleza del pan socialista: aunque el trigo es
un producto extranjero, impropio de estos lares caribeños, en razón de su
extendido consumo, impuesto por los colonizadores, se declara de interés socialista,
sujeto a todas las regulaciones habidas y por haber, a las que se establecen en
este decreto y a todas las otras que próximamente se me ocurran.
II.
De las denominaciones del pan socialista:
Por razones prácticas, esta vez, no le cambiaremos el nombre, como sí hacemos
con todas las instituciones, plazas, calles, trochas y avenidas de la
bolivariana patria, se seguirá llamando pan. Sin embargo, por razones de género
se prohíbe llamarlo bollo; además se
suprime el uso del término canilla que
da la idea de un pan escuálido, capitalista, falto de harina y levadura. El pan
gallego dejará de producirse a partir de la entrada en vigor del presente
decreto, porque no es posible que nuestros panaderos le rindan homenaje a ese
enemigo de la revolución y del proceso de mariano nombre y que – por a hora,
mientras yo no me postule – preside el gobierno del reino que diezmo a nuestra
población originaria, inoculando el virus de una gripe, cuyo nombre que no me
atrevo a pronunciar para que no se amargue el decreto.
III.
De
la forma del pan socialista: Será siempre alargado,
nada de pan redondo, ya que esa forma geométrica se reserva única y
exclusivamente para nuestra genuina arepa, que debe ser siempre redondita para
que le quepa debajo del brazo a los niños de la patria que hambre no pasan. Por
las mismas razones de respeto a nuestro platillo idiosincrásico, se prohíbe
terminantemente la producción de pan de maíz, porque éste no alcanza por culpa
de ya saben quién. ¡Ah!, y se acabó el pan de piquito.
IV.
De
la vigilancia y supervisión de las medidas decretadas:
Como siempre los ojos del comandante Eterno estarán muy pendientes de lo que
hagan los panaderos apátridas y traidores; a los que sean lusitanos, sin
importar su procedencia peninsular o isleña, serán deportados, y a los que sean
venezolanos se les retirará la cédula y el pasaporte,
además no podrán optar a las bolsas del CLAP. Igualmente, los pranes de la
ministra están autorizados a castigar a los que burlen estas disposiciones
destinadas a asegurarle a los súbditos bolivarianos el pan socialista de todos
los días, eso sí, uno por persona y tres por hogar censado por las comunas
revolucionarias.
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