Monday, March 13, 2017

Moisés Naím: ¿A qué clase media pertenece usted?

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Las agendas divergentes entre países ricos y pobres están creando
importantes fricciones

Moisés Naím
El País
Marzo 11, 2017
http://elpais.com/elpais/2017/03/11/opinion/1489257079_696935.html

Hace seis años escribí esto: “La principal fuente de los conflictos
venideros no van a ser los choques entre civilizaciones, sino las
expectativas frustradas de las clases medias que declinan en los países
ricos y crecen en los países pobres”.

Mi argumento en ese entonces —y que ahora se ha confirmado— es
que las clases medias en Estados Unidos, Europa y otros países de
mayores ingresos verían empeorar su estándar de vida, mientras que en
China, Turquía, Colombia y otros países emergentes la situación
económica de los más pobres mejoraba. En ese mismo artículo señalé
que tanto el aumento como la disminución de los ingresos generan
expectativas que alimentan la inestabilidad social y política. La sorpresa,
por supuesto, es que el aumento de los ingresos de la gente en los países
pobres sea una fuente de inestabilidad. Más abajo vuelvo sobre esta
paradoja. En ese artículo de 2011 también alerté de que
“inevitablemente, algunos políticos en los países avanzados
aprovecharán este descontento para culpar del deterioro económico al
auge de otras naciones”. Y finalicé pronosticando que las consecuencias
internacionales de este choque de clases, que entonces no eran obvias,
acabarían siéndolo.

Bueno… lamentablemente, ya lo son.

En estos tiempos de Brexit, Donald Trump, Marine Le Pen, Geert
Wilders, Podemos y otras sorpresas políticas proliferan los análisis que
intentan descifrar las fuerzas que nutren “La Gran Furia”, ese profundo
descontento que lleva a los votantes a escoger a quien sea con tal de
que no se parezca “a los de antes”. La globalización, la inmigración, la
automatización, la desigualdad, el nacionalismo y el racismo son solo
algunas de las causas que más comúnmente se mencionan para explicar
“La Gran Furia”.

Pero me ha llamado la atención que los análisis no
incluyen en su explicación lo que está sucediendo en Asia, América
Latina o África. Una vez más, la narrativa dominante trata como si fuera
mundial un fenómeno regional que ocurre principalmente en
Norteamérica y en el Viejo Continente.

Los análisis ignoran que la clase media, esa que en Europa y EE UU está
luchando para no perder su preeminencia económica, social y política
está en pleno apogeo en el resto del mundo. Para una familia en India
que, por primera vez, tiene ingresos que le permiten tener medicinas,
casa, coche, televisión, teléfonos inteligentes y algo de ahorros, la
defensa de la supremacía blanca que en EE UU motivó a muchos a
votar por Donald Trump resulta ininteligible.

El apogeo de la clase media en países pobres es la principal revelación
de un importante estudio que acaba de ser publicado por Homi Kharas,
uno de los más respetados estudiosos de la cuestión. Sus cálculos indican
que hoy 3.200 millones de personas forman parte de la clase media en
el mundo, es decir el 42% de la población total. Para estos cálculos, los
investigadores e instituciones como el Banco Mundial definen como
clase media a las personas con ingresos diarios de entre 11 y 110 dólares
al día. Este segmento ha venido creciendo rápidamente, pero a
diferentes ritmos. Mientras que en Estados Unidos, Europa y Japón
crece anualmente al 0,5%, en China e India suma un 6% cada año.

Globalmente, la clase media aumenta 160 millones de personas al año y
de seguir a este ritmo, en pocos años, la mayoría de la humanidad
vivirá, por primera vez en la historia, en hogares de esta categoría. Si
bien las clases medias son hoy más numerosas que nunca en países como
Nigeria, Senegal, Perú o Chile, su expansión es un fenómeno
primordialmente asiático. Según Kharas, la abrumadora mayoría (¡el
88%!) de los 1.000 millones de personas que formarán parte de este
estrato en los próximos años vivirá en Asia.

El impacto económico de todo esto es enorme. El consumo de la clase
media en países de menores ingresos crece al 4% anual y ya equivale a
un tercio del total de la economía global.

Naturalmente, los cambios que está experimentando la clase media
tiene importantes consecuencias políticas. En Europa y EE UU estas
consecuencias ya las vemos en los resultados de las elecciones, los
referendos y en la proliferación de improbables candidatos que
promueven agendas inéditas. En los países de menores ingresos, en los
cuales la clase media crece a gran velocidad, también crecen
rápidamente las expectativas y exigencias. Estos nuevos protagonistas
sociales más tecnológicamente conectados, con más poder adquisitivo,
más educación, más información y más conciencia de sus derechos son
una fuente de inmensas presiones sobre gobiernos que no tienen la
capacidad de satisfacer esas expectativas.

La clase media de los países ricos se siente amenazada y va a exigir a sus
gobiernos acciones y resultados que mantengan sus estándares de vida
históricos. Al mismo tiempo, la clase media de los países emergentes
está más esperanzada que nunca y luchará para que su progreso
continúe.

Como ya lo estamos viendo, estas agendas políticas divergentes son el
origen de importantes fricciones internacionales. Y lo seguirán siendo.

Sígame en Twitter en @moisesnaim

Moisés Naím (Caracas, 1952). Es licenciado en Ciencias
Económicas, con máster y doctorado por el Instituto de
Tecnología de Massachussets. Ha sido profesor en la Johns
Hopkins School for Advanced and Internacional Estudies y en
el Instituto de Estudios Superiores de Administración en
Caracas. Entre otros cargos, ha sido director ejecutivo del
Banco Mundial y ministro de Comercio e Industria de su
país. Colabora en diversos periódicos como Washington Post,
Los Ángeles Times, New York Times, Newsweek y con una
columna semanal en El País. Fue director de la edición
estadounidense de Foreign Policy, que circula en 160 países
y se publica en siete idiomas, desde 1996 hasta 2010.
Investigador del Carnegie Endowment for International
Peace (Washington, D.C.). Su obra se compone de libros de
economía y política internacional, entre los que destacan:
Venezuela, una ilusión de armonía, con Ramón Piñango;
Tigres de papel y minotauros: La política de reforma
económica en Venezuela (1993); Lecciones de la experiencia
venezolana, con Louis Goodman, Johanna Mendelson,
Joseph Tulchin y Gary Bland (1994); La política de
competencia, desregulación y la modernización en América
Latina, con Joseph Tulchin (1999), Estados Alterados:
Globalización, Soberanía y Gobierno (2000), Ilícitos (2006).
En abril de 2011 recibió el Premio Ortega y Gasset por la
más destacada trayectoria profesional y también “su enorme
capacidad de análisis que lo convierten en una referencia
imprescindible en lengua española". En 2014 publicó “El fin
del poder”.

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