La sonrisa de Nicolás Maduro lo indica todo. Se siente fortalecido y su partido, el PSUV, también. Haber ganado 18 de 23 Gobernaciones en disputa el domingo 15 de octubre, pintar el mapa de rojo, confirmarse como la primera opción electoral en el país puede lucir definitivo para un régimen que continúa blandiendo los argumentos de la “guerra económica” y los desmadres “inducidos” de las finanzas nacionales.
Pero es una mayoría de oropel, basada en buena parte en mentiras estructuradas desde el alto gobierno. Las elecciones de gobernadores no se definieron solo el domingo, también en julio pasado, y antes en abril, y con distintos eventos a lo largo de una década, con la complicidad involuntaria del propio liderazgo opositor y al desánimo de quienes adversan al chavismo.
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