Wednesday, April 29, 2026

Laceiba de Ramón Muchacho el 29 de abril

 EN: Recibido por email

Saludos,

Después de veinticinco años de estatismo militante, de expropiaciones seriales, de empresas quebradas por decreto, el hombre enviado por Washington a Caracas pone al sector privado en el centro. No al Estado: al sector privado. Esto es, sin exageración, un giro de 180 grados.

El chavismo basó su identidad entera en la demonización del capitalismo. El empresario era el enemigo de clase, el explotador, el cómplice del imperio. El resultado está a la vista y no vamos a llover sobre mojado. Que ese ciclo esté llegando a su fin es una buena noticia, pero como siempre, hay que leer la letra pequeña.

Un testaferro no es un empresario. Sector privado no es el que opera con canonjías estatales o bajo el amparo de algún general o algún ministro. Eso es ser simplemente una extensión del Estado, una burocracia sin sus ataduras formales.

Venezuela necesita un Big Bang de su sector privado pero a través de reglas claras, de estado de derecho, de marcos legales universales que apliquen igual para el que esté conectado como para el que no tenga ni un padrino.

El capitalismo de amigotes (el famoso crony capitalism) es un riesgo real para nuestro país. En ese modelo, el activo más valioso no es la productividad ni la innovación sino a quién conoces. Lo que necesitamos es economía de mercado para atraer a los mejores inversionistas, vengan de donde vengan, sean pequeños, medianos o grandes, y no a los que se sepan enchufar mejor.

Porque la aspiración de cambio tiene implícito no solo cambiar de gobernantes, sino cambiar también las prácticas que nos llevaron al desastre.

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