EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/trump-y-maria-corina/
A estas alturas de nuestro “juego político” – un extra inning de récord-, la vuelta a la patria de María Corina Machado se ha convertido en un acertijo. Donald Trump se desentiende del asunto y se auto pregunta, sorprendido, “¿Cómo le voy a decir eso? “, para negar que él le haya pedido a la líder opositora venezolana que no regresara. Y Machado, en una muy reciente entrevista con el periodista César Batiz, director de El Pitazo, admite que “las condiciones” para que se produzca su regreso “se están construyendo”. Es decir, no hay condiciones ahora mismo para que tal cosa se produzca.
Trump piropeó a María Corina – “ella es increíble, maravillosa”- , recordó que Machado le había dado el Nobel (la medalla, el galardón es intransferible) y remató con otra pregunta: ¿cómo no me va a caer bien? Y hasta ahí. Machado, por su parte, insistió en la entrevista referida que las relaciones con Washington se mantienen en un clima de respeto y confianza. También de franqueza: cada parte dice lo que piensa, y lo que piensa cada parte no necesariamente lo comparte la otra. En esas estamos.
No hay ninguna señal que permita advertir un cambio en la política de Estados Unidos hacia Venezuela luego del doblete sísmico del 24 de junio y el desastre consiguiente que puso en evidencia tanto la nula capacidad del régimen para responder ante una emergencia nacional como su responsabilidad en convertir a La Guaira en una zona de alta vulnerabilidad como consecuencia de la notoria y perversa ausencia de una gestión pública durante más de dos décadas. Una deducción sensata y realista es que la gente que ejerce el mando es un peligro para la seguridad de los ciudadanos.
Sin embargo, Washington tiene otra apreciación de la realidad y mantendrá su apuesta por el plan de tres fases y sus obedientes ejecutores sobre el terreno. El escenario ahora es más complejo, la pretendida estabilización no es tal en un país golpeado por una debacle que agrava el daño humano, social y económico que soporta el país y su gente. Habrá que estar atentos a nuevas señales: ¿Se retomará la iniciativa política que supuso el sorpresivo regreso de Dinorah Figuera? ¿Hay ambiente para avanzar en la agenda política o se impondrá el “interés” del régimen en prolongar la emergencia y seguir ganando tiempo?
En el primer semestre del año ha sucedido lo inimaginable. La extracción y captura de Nicolas Maduro en cuestión de un par de horas, la reconversión también a velocidad de vértigo de los “revolucionarios” en mansos corderos y un desastre descomunal que en cuestión de tres o cuatro días desnudó el tinglado mediocre, falso e inútil del poder. ¿Qué más tendrá que suceder para que los venezolanos podamos decidir nuestro destino? ¿Lo que ha pasado en estos seis meses es la estabilidad? ¿Para cuándo quedará la transición? ¿Habrá país para entonces?
La sociedad democrática venezolana, desperdigada y castigada por tanta indolencia, tendrá que moverse más, mejor y más rápido. La tarea no es menuda: salvar al país, recuperar su soberanía y su orgullo e imponer una agenda política para el bien común. Tendremos que crear las condiciones para que las cosas ocurran.
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