Tuesday, October 13, 2026

Editorial El Nacional: Viva la pelota

 EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/10/viva-la-pelota/

Mientras el país espera tantas cosas, comienza el beisbol. Será la 82 temporada de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) que saltó al campo en 1946, cuando se vivía la primera y breve experiencia democrática. Entonces, nuestra pelota coleccionaba varios campeonatos mundiales (1941, 1944 y 1945) aunque se contaban con los dedos de una mano los peloteros de aquí que jugaban en las Grandes Ligas estadounidenses. Este torneo que comenzó ayer está precedido de la hazaña alcanzada en marzo al coronarse la selección nacional en la sexta edición del Clásico Mundial de Beisbol: una victoria 3-2, nada menos que sobre las estrellas de Estados Unidos.

Venezuela es una potencia beisbolera, con un campeonato local vibrante, una afición entregada a cada una de las ocho divisas, con especial predilección por Leones y Navegantes, los más ganadores del circuito, y numeroso talento nacional, que aun en estos tiempos complejos sigue apareciendo y consolidándose entre la élite mundial de este deporte, cuya jerga particular y pícara le permite al venezolano responder con tono jocoso a las vicisitudes de la vida. Por el beisbol sabe la mayoría que nada se acaba hasta que se acaba y que la esperanza en la victoria, en un vuelco de la partida, late hasta el último out. 

Es, además, un torneo reñido, disputado, y aunque unos nombres de equipos pueden pesar más que otros, por la trayectoria acumulada, cualquiera pueda ganar. En las últimas cuatro temporadas lo han hecho cuatro equipos distintos. El más ganador, Leones del Caracas, tiene 21 títulos, uno de cada cuatro disputados. No es una cifra excesiva y da margen para la ilusión. Para que Bravos de Margarita, por ejemplo, se corone alguna vez, de lo que estuvo cerca en la temporada 24-25.

Pocas cosas son mejores que asistir a un juego de nuestro beisbol. Los peloteros importados que han venido a reforzar los equipos locales por ocho décadas han dejado testimonios del contagio que les produce la energía del público y la entrega de los peloteros del patio en la defensa de sus equipos. La pelota expresa, con seguridad, la buena vibra del venezolano, por el disfrute del juego, por la sapiencia que tienen del deporte y el buen humor, incluso, con que sobrellevan la derrota porque saben que habrá otra oportunidad la próxima noche.

Ojalá todo se pudiera arreglar con batazos -no mazos- y robos -de base- y pisa y corre, con árbitros afilados y profesionales y veredictos inapelables. Lo que se consigue en el campo no lo tuerce una decisión de oficina entre gallos y medianoche. Es, pues, para la confianza de las divisas, de los peloteros y de la afición, un juego limpio, con reglas que todos respetan y donde gana el que más carreras hace, aunque parezca obvio decirlo.

¡Play Ball! Magallanes sale a defender su título y siete más a intentar ponerlo out. La pelota distrae pero no desvía. Recarga las pilas y reanima el espíritu, por algo somos los campeones.

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