Editorial de EL NACIONAL
Hace cinco meses, la cúpula del oficialismo sorprendió a la ciudadanía
con una escandalosa información: existe un plan para asesinar al presidente
Maduro, en el cual están comprometidas varias figuras importantes de la
oposición. El elenco más elevado del gobierno se presentó ante las cámaras y
rodeó a alcalde Jorge Rodríguez, quien se encargó del anuncio y también de
pronosticar la inminencia de un proceso a través del cual se pondría de
manifiesto uno de los designios más tenebrosos de los últimos tiempos.
Pero hubo silencio sepulcral en adelante. Lo que prometía una fulminante
lluvia de evidencias sobre un delito espantoso, se volvió sal y agua. El
supuesto plan de magnicidio pasó poco a poco a los rincones de los noticieros,
debido a que los promotores del anuncio cambiaron la alarma por mudez. Como era
como el centésimo descubrimiento de un intento de asesinar al primer magistrado,
más o menos, o la centésima advertencia de su probable ejecución, todo se
desinfló en cuestión de una semana sin que la gente se preocupara por el
seguimiento del caso. Era lo que la costumbre mandaba.
Aunque no faltó un elemento contundente, que llevó el caso a los
apartamentos de la indiferencia y la incredulidad. Uno de los acusados por el
gobierno, Pedro Mario Burelli, demostró que se trataba de una fabricación cuyo
origen se encontraba en la manipulación de correos electrónicos que no habían
redactado sus remitentes, o cuyo contenido había tergiversado la mano larga del
oficialismo. Con testimonios irrebatibles que ventiló ante la vista del
público, demostró la existencia de una acusación sin asidero, la puesta en
marcha de afirmaciones calumniosas que desmentía sin vacilación con la
exhibición de pruebas palmarias. Desde entonces reinó el silencio en la casa de
los acusadores, no en balde se probaba la falsedad y la desvergüenza de su
denuncia.
Hoy el insólito caso vuelve a primer plano. Se ha actualizado debido a
la acusación que se ha hecho a la ciudadana María Corina Machado como imputada
en el pregonado intento de asesinar al presidente Maduro. Después de un mutismo
casi semestral, los acusadores la quieren comprometer en un delito sustentado
de manera tan precaria.
Mientras se reduce de forma arrolladora el número de los incrédulos que
ha creado la temeraria acusación, resucita un proceso digno del cementerio de
las causas absurdas. Sin que se hayan acumulado nuevas evidencias en torno a un
suceso parecido a una infantil invención, imputan a una ciudadana que respondió
con su presencia un primer llamado de la justicia y ha permanecido en la
palestra sin ocultamiento haciendo su trabajo de activismo político, ante la
vista del gobierno y del país entero. Como no la debo no la temo, ha dicho la
ciudadana Machado en reiteradas declaraciones.
Es
evidente que no se trata de hacer justicia, debido a que nadie puede ser
encausado por una invención malintencionada y macabra de los dirigentes del
PSUV, sino de perseguir a una ciudadana que se ha tomado en serio su trabajo
Vía
El Nacional
No comments:
Post a Comment