Los venezolanos, especialmente los caraqueños,
estamos marcados por historias sobre el 28 de febrero de 1989;aquel
día, el Caracazo puso de manifiesto una realidad que muchos no querían
ver. El hambre había llegado para quedarse a las zonas populares de la
capital. La escasez y la inflación provocaron un gran malestar en la
población que no soportó las implicaciones del aumento de la gasolina, lo que generó disturbios, saqueos y la muerte de muchos civiles; políticamente, fue un duro golpe para un gobierno que recién empezaba y nunca logró estabilizarse.
La similitud de aquellos tiempos con los actuales no se puede pasar por alto; estamos viviendo uno de los peores momentostanto política como económicamente. La inflación y la escasez, junto con la caída de los precios del petróleo, han traído como consecuencia la acentuación de una crisis que para el gobierno de Maduro, hasta ahora, no era prioritaria. Desde hace más de un año, en el interior del país, ha habido desabastecimiento de productos de la cesta básica; largas colas y recorridos por diferentes establecimientoshan sido necesarios para llenar las neveras de los que, todavía, pueden darse ese lujo. En Caracas, aunque eventualmente habíamostenido fallas en la distribución de productos, no podíamos imaginarnos lo que ya se vivía en otros estados .
Caracas ha sido la consentida de este gobierno, que tiene muy frescos los episodios vividos aquel febrero de 1989, pero ahora, ésta no
escapa a la realidad nacional. ¿Cuántas historias no han escuchado los
caraqueños sobre el día que bajaron los cerros? Historias que, en la boca de muchos, son
añoranzas de volver a vivir el momento en que los venezolanos
decidieron alzar su voz y protestar por una situación que solo
recrudecía. El Gobierno teme el día en que esa historia se repita y, para ellos, hay una mala noticia: potencialmente,ese día ya está aquí.
Para todos los que han
salido a recorrer supermercados buscando alimentos y productos de aseo
personal que no se consiguen, el día que bajen los cerros es ayer, hoy,
mañana o dentro de un mes.
Anteriormente, las redes de supermercados públicos y misiones llevaban a
los sectores populares los alimentos y productos necesarios a precios
solidarios; hoy, eso no es posible. Por razones financieras,el Gobierno no puede permitirse el subsidio de todos los alimentos que se consumen (en su mayoría importados).
Es por ello que estos sectores se han visto en la necesidad de bajar de
los cerros en los que viven para abastecerse. La realidad vuelve a
tocar a las puertas de la clase media y del gobierno de Maduro, ambos
con miopía, incapaces de ver que la exclusión y la falta de solidaridad
son las principales causas de este desastre.
Cuando no se aprende de la historia la misma se repite; hoy estamos de vuelta 25 años atrás; la realidad toca la puerta de los venezolanos, no solo del gobierno sino también, del ciudadano de a pie que ahora comienza a entender realidades que, hasta hoy, no había querido comprender. La crisis ha colocado a los venezolanos en igualdad de condiciones ya que el factor determinante ahora no es el poder adquisitivo sino la valentía que se tenga para hacer una cola en las afueras de un local en horas de la madrugada; así, mientras que las clases altas y medias sufren la escasez y la inflación que antes no sentían, los sectores populares, antes consentidos por el gobierno, comienzan a entender que con discurso político no podemos construir un país; la lucha de clases, tan aupada por el gobierno,perdió totalmente el sentido dándole paso al reencuentro necesario para reclamar justicia al gobierno de Maduro; igualmente, la realidad del interior tocó las puertas de la capital para hacerla entender que más allá de los peajes y los acentos no nos separa nada. Ahora solo le toca al Gobierno entender su parte. Por lo pronto, una gran verdad está en proceso, los cerros ya bajaron y seguirán haciéndolo…
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