Francisco Monaldi
Esto es lo que pasa cuando los precios del petróleo se desploman — y no pinta bien para los productores
El boom petrolero más largo y más grande
en la historia ha terminado. En un boom —y el último duró casi 10 años—
todo resplandece para los países productores: la economía crece, el
consumo explota, las empresas obtienen grandes ganancias
independientemente de su productividad, la pobreza disminuye —incluso si
los programas de protección social son ineficaces—, los políticos son
populares y son reelectos —incluso si son incompetentes y corruptos— y
la gente tiende a ser más feliz.
Pero los precios del petróleo tienden a
ser cíclicos, así que cuando llega la caída, la fiesta termina. Durante
el descenso de los precios del barril en la década de 1980, la mayoría
de los países dependientes del petróleo sufrieron las consecuencias del
colapso de la inversión y el consumo. Unos pocos, como Omán y Malasia,
fueron capaces de compensar la caída de los precios mediante el aumento
de la producción, pero muchos exportadores de petróleo sufrieron,
también como consecuencia de los recortes de producción acordados por la
OPEP. Algunos se recuperaron mejor que otros, pero en general, entre
1982 y 2002, a los países exportadores de petróleo les fue mucho peor
que el resto del mundo en desarrollo.
Aquellos a quienes les fue peor fueron
—típicamente— quienes se endeudaron durante el auge. La pobreza y el
desempleo aumentaron considerablemente. De hecho, el bajo rendimiento
llevó a la idea generalizada de que tener petróleo era una maldición,
algo que ha generado una amplia literatura. La realidad es más compleja,
como muestra el rendimiento económico superior durante el boom de la
última década. De hecho, sacando esas dos décadas de “descalabro”, los
países petroleros han superado a sus pares en los últimos setenta años.
Así que la verdadera “maldición” es, en realidad, la caída de los
precios del petróleo.
El actual colapso de los precios —por primera vez desde 2009 los precios están por debajo de los simbólicos 50 dólares por barril—
es en gran parte el resultado del auge en la producción de petróleo de
esquisto en Estados Unidos, que agregó a la oferta más de 3 millones de
barriles en los últimos años. Los precios altos atraen inversión y
oferta. Y este boom no fue diferente. Los precios del petróleo son muy
difíciles de predecir, por lo que no se sabe si la caída actual va a
durar, a pesar de la evidencia que apunta a dos años más de precios
bajos. Por otra parte, los precios siguen siendo superiores al precio
histórico. Durante la mayor parte de los más de 120 años de historia de
la industria petrolera, el precio ha estado por debajo de US$ 50 en
dinero de hoy. Pero la geopolítica o el consumo renovado podrían alterar
el escenario de exceso de oferta y sorprendernos una vez más. De hecho,
las caídas del petróleo tienden a preceder a los booms, precisamente
porque se agota la inversión en exploración de petróleo .
Los importadores netos, como la mayoría
de los países europeos, se beneficiarán de la disminución del precio del
petróleo. En Estados Unidos, los ciudadanos pagarán ahora mucho menos
por la gasolina que durante los últimos cinco años, lo que lleva a
gastar más en otros bienes. Se está dando una gran transferencia de
riqueza de los exportadores a los importadores.
Incluso si la caída es a corto plazo,
todos los exportadores netos de petróleo sufrirán, pero sólo será
desastroso para aquellos países que no hayan aprendido las lecciones del
ciclo anterior de auge y caída de precios. Esta vez muchos países han
guardado una parte mayor de sus ganancias y han invertido más en activos
productivos, aunque, por lo general, a un nivel significativamente
inferior al valor del recurso que se agota. Muchos abandonaron sus
políticas fiscales conservadoras durante la crisis financiera de
2008-2009, una acción que tenía sentido, pero nunca regresaron a la
prudencia de los primeros años del boom.
El malestar producido por la Primavera
Árabe motivó el aumento del gasto de los productores de Medio Oriente.
Pero aun así, con pocas excepciones, la mayoría de los exportadores
están en mejores condiciones para enfrentar la tormenta. Los países
ricos del Golfo y algunos de los países del Caspio pueden manejar
fácilmente una caída temporal de los precios: ellos han acumulado
grandes fondos externos, aunque algunos se enfrentan a perspectivas
fiscales más preocupantes a largo plazo. Incluso Rusia se encuentra en
una mejor posición para gestionar una caída de los precios del petróleo
que la que tuvo Unión Soviética, pero no por ello deja de sufrir los
recortes necesarios en las importaciones y el gasto. Y las sanciones les dolerán más.
Irán está en peores condiciones, porque tenía una política económica
menos prudente y las sanciones ya habían producido una crisis, incluso
antes de la caída del precio del petróleo. Nigeria, a pesar de tener una
macropolítica mejorada en comparación con el auge anterior, se va a ver
afectada significativamente debido a su excesiva dependencia del
petróleo, lo que llevará a un aumento de la pobreza y la inestabilidad
política. Angola también es vulnerable. Los exportadores de petróleo de
América Latina con políticas macroeconómicas en general prudentes, como
Colombia y México, también se verán afectados por el necesario ajuste
fiscal, pero deben ser capaces de gestionar la situación limitando el
trauma. Sin embargo, ningún país está en peor forma frente al colapso de
los precios que mi país natal, Venezuela.
Como la proverbial cigarra de la fábula,
Venezuela no sólo gastó todo durante el verano, principalmente en
consumo, sino que también adquirió una inmensa deuda para gastar aún
más: el país tuvo déficits de 15% al 20% del PIB
durante los años picos del boom. Ahora viene el invierno y se enfrenta a
un colapso económico. La inflación podría superar el 100% en 2015, la escasez es generalizada y
hay una alta probabilidad de que muchos venezolanos que salieron de la
pobreza durante el auge vuelvan a caer ella, con graves consecuencias
para la estabilidad política.
La abundancia de petróleo no es
necesariamente una maldición. La mayoría de los productores están mejor
preparados esta vez, pero para los pocos que no aprendieron nada del
pasado la realidad será tan dura como el invierno de la cigarra.
***
Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Guardian. Para leerlo haga click acá.
Traducción: Rodrigo Marcano
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