Editorial de El Nacional
Nicolás
Maduro informó que una delegación de cancilleres visitará desde hoy a
Venezuela. El secretario general de Unasur confirmó que vienen para apoyar la
democracia toda vez que el papel del grupo es buscar espacios de comunicación
que preserven la institucionalidad democrática y soluciones alejadas de la
violencia. Hasta allí muy bien.
Sin
embargo, no es malicioso y sí oportuno preguntarse a qué efectivamente vienen
estos ex colegas del inquilino de Miraflores. Porque de su última visita de
varios días quedó muy poco qué reconocerles como facilitadores para el diálogo
productivo entre el gobierno y la oposición.
Lo que algunos
analistas sospecharon se dio como resultado final. Los ilustres visitantes
sirvieron para darle oxígeno al gobierno, en otras palabras, para darle un
espaldarazo y dejar un sinsabor de trampa cazabobos a los opositores que no
vieron ningún progreso en las demandas que hicieron. Muy por el contrario,
Maduro ha dado mayores señales de intolerancia, violencia e irrespeto por los
derechos humanos desde aquella visita. Un ejemplo es la detención del alcalde
Ledezma.
El actual
presidente de Unasur es un “militante emocional” del chavismo y su reconocida
antipatía por Estados Unidos es producto del hecho de que este país le retiró
la visa de entrada al vincular su campaña electoral con el narcotráfico. Lo que
sumado a sus declaraciones evidencia muy poca objetividad en cuanto a la
realidad venezolana.
La
dirigencia opositora debe estar alerta. Ni la señora Holguín ni el canciller
Patiño son garantías de ecuanimidad. La primera buscando no irritar al gobierno
de Maduro en pleno proceso de negociación con la guerrilla, y el segundo como
representante de un gobierno ideológicamente amarrado al chavismo y que ha dado
suficientes señas de su apego y apoyo al comportamiento irracional de este
régimen.
Si están
aquí es porque reconocen que el gobierno está en problemas. Lo que no reconocen
es que Miraflores ha perdido la brújula y mantiene al país en vilo, con la más
alta inflación del planeta, los mayores índices de criminalidad de la región y
un déficit democrático a todas luces evidentes. Entonces es poco lo que pueden
hacer.
Si
quieren ayudar a Venezuela que actúen éticamente ajustados al proceso de
mediación y que este sea justo y objetivo. Aquí no están planteados ni golpes
de Estado ni una invasión del imperio, aquí lo que existe es un régimen que
abusivamente ha sumido al país en una postración sin precedentes, que ha
debilitado las instituciones y las ha puesto ha su servicio con el solo fin de
mantener a un grupo de individuos en el poder.
Si la oposición desde el inicio
de las conversaciones no deja claro sus expectativas y evita ser usada como
causal y no víctima de la tragedia venezolana, entonces volverán a ser
indebidamente manipulados como en el anterior ejercicio. No fueron pocas las
voces que le advirtieron a la dirigencia que estamos en tiempos de negociación,
no de diálogos de sordos.
Vía El Nacional
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