Mucho estilismo, muchas firmas, mucha propaganda… pero los titulares hablan por sí solos.
La de Venezuela sigue siendo una tarea incompleta.
El terrorismo de Estado que se visibilizó ayer contra el ex alcalde Javier Oropeza tiene responsables, con nombres y apellidos. Y no solo están en Caracas: por extensión del tutelaje, la responsabilidad también alcanza a Washington.
Este caso también deja lecciones y advertencias, sobre victorias no consolidadas y logros que pueden ser reversibles si el trabajo se deja a medias.
Como con los medios…
Como con los presos políticos…
Como con las mafias y la corrupción.
Las alertas formuladas por los investigadores de la ONU se han confirmado. El régimen del oprobio sigue siéndolo, por más que se tongonee.
Quedó en evidencia, una vez más, la urgencia de un cambio genuino y la necesidad real de avanzar en las transformaciones institucionales pendientes, sin parsimonias, ni goteos.
No es capricho. Es la realidad.