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Saludos,
“PDVSA
reduce el poder del Estado en contratos para atraer inversión extranjera”, dice
el titular de Bloomberg.
Traducción: el régimen se
baja los pantalones cada vez que Washington lo ordena.
Pero ni eso ni los viajes
de Delcy a India y otros países lograrán atraer el tipo de inversiones que
Venezuela necesita: las que se amarran al país y a su futuro; las que necesitan
que a Venezuela le vaya bien para poder ser rentables.
Inversiones de largo
plazo, a gran escala, capaces de “mover la aguja” y ayudarnos a salir de la
pobreza.
Porque
una cosa es vender petróleo aprovechando una coyuntura internacional. Y otra muy distinta es atraer miles de
millones de dólares durante décadas a un país sin instituciones confiables.
¿Puede Delcy
garantizarles seguridad jurídica a las empresas extranjeras mientras se la
niega a los propios venezolanos?
No puede.
Delcy encarna la
ilegalidad, la ilegitimidad y la supresión de los derechos civiles y políticos
de los venezolanos.
La interina representa
precisamente todo aquello que ahuyenta las inversiones: arbitrariedad,
opacidad, inestabilidad y ausencia de Estado de derecho.
Delcy y el régimen que
representa son unos espanta-inversiones.
Son la garantía de que
todo saldrá bien para los enchufados y muy mal para el venezolano decente y de
a pie.
Permítannos repetirlo:
Delcy y
su combo son la garantía de que todo saldrá bien para los enchufados, pero muy
mal para Venezuela.
No importa cuándo lean
esa sentencia. Mientras ellos sigan mandando, no perderá vigencia.
Podrán modificar contratos,
ofrecer ventajas y recorrer refinerías. Pero el capital que construye, genera
empleos y apuesta por varias generaciones no se atrae con una gira, ni con
cambios cosméticos.
Necesita instituciones,
estabilidad y confianza.
Y necesita saber que el poder
no cambiará mañana las reglas que promete respetar hoy.
Amigos, no tenemos
alternativa: debemos avanzar hacia la solución de fondo.
Todos sabemos cuál es.
Hay que presionar y
empujar hacia allá.
Con Trump y Rubio. O sin
ellos.
Porque no es el futuro de
Trump ni el de los estadounidenses el que está en juego.
Es el nuestro.
Y vamos a recuperar el
control de nuestro propio destino.
¡Feliz fin de semana para
todos!