EN: Recibido por email
Saludos,
Todo lo que dice Rubio ocurrió bajo el mandato de Delcy como ministra, canciller y vicepresidenta. #SoloEso.
“Un país que tenga presos políticos no puede avanzar en nada”.
Lo dice el cardenal Baltazar Porras, un mensaje rebosante de sabiduría y pertinencia en el “nuevo momento”.
El que entendió, entendió.
Y mientras las familias de más de 400 presos políticos siguen su vía crucis, los costosos abogados de la “socia-lista” Cilia Flores piden beneficios para la corrupta combatiente, alegando problemas cardíacos.
Ella y su marido, que dejaron morir al exgobernador Alfredo Díaz y a Víctor Quero Navas; que bailaba en tarimas mientras sus esbirros asesinaban a jóvenes manifestantes, ella mismita ahora quiere casa por cárcel. Seguramente planea mudarse a un piso de lujo en Nueva York, mientras los presos en Venezuela mueren de mengua.
La indignación llega al límite con tal desfachatez. Y empeora al conocerse detalles de las atenciones médicas y legales que recibe Flores, en contraste con los dolorosos relatos de miles de detenidos, como los casos de Emirlendris Benítez, el obispo Jurado Farfán o el empresario José Ignacio Moreno, entre tantos expedientes atroces que califican para un thriller de Netflix.
No sabemos qué pasará con Cilia. Lo que sí sabemos es que Delcy la quiere bien lejos porque, de regresar, Flores no dudaría en iniciar una cacería en su contra.