Wednesday, July 29, 2026

Laceiba: 1º de agosto Por Laureano Márquez

 EN: Rrecibido por email

Desafortunadamente, los venezolanos estamos acostumbrados a diálogos en los que no se dialoga y a acuerdos en los que no se acuerda nada. Un refrán popular reza: «obras son amores y no buenas razones».

Como diría un maracucho: «la parte teórica nos la sabemos al pelo». Lo que estamos necesitando es la parte práctica. Es decir, que comiencen a suceder cosas que nos devuelvan la confianza en que esta tierra merece ser próspera, soberana, honesta, libre y democrática.

La enumeración es reiterativa; la podríamos resumir en un solo anhelo: necesitamos esperanza.

Qué fácil es para los seres humanos dedicados a la acción pública confundir la ambición personal con el «interés general» —que no es lo mismo que el interés del general—. No soy quién para interpretar en nuestro caso eso que los alemanes llaman Weltanschauung, con esa facilidad que tienen para lograr que una sola palabra diga tantas cosas: «conjunto de valores, creencias y conceptos fundamentales a través de los cuales una persona, sociedad o cultura interpreta la realidad, su propia existencia y todo lo que la rodea».

Pero la más simple intuición nos indica que el pueblo venezolano no aguanta una traición más; necesita acciones concretas y una reconstrucción física y moral.

No hace falta ser ni Maquiavelo ni Sir Karl Popper para intuir lo que nos está haciendo falta. Necesitamos —como se han dado cuenta ahora que son perseguidos algunos de los que antes perseguían— que no haya detenidos por sus opiniones políticas y que los cuerpos policiales dejen de ser una amenaza para el ciudadano; que haya una justicia imparcial y se detenga la corrupción que nos colocó a la cabeza de los países más deshonestos del mundo; que haya un proceso de reconstrucción y ayuda organizada para todos los que quedaron devastados por los desastres, y que la educación sea la primera prioridad. Para ello, los docentes tienen que cobrar un sueldo digno que les permita vivir. Necesitamos que la economía se estabilice, para lo cual es indispensable la confianza. Necesitamos que los exiliados retornen, que los mayores tengan seguridad, que los salarios se ajusten a las necesidades de los trabajadores; que las instituciones funcionen, en fin, que el país sienta que está transitando un tránsito transitable.

La lista de necesidades es inmensa, pero hay una sin la cual no pueden tramitarse las restantes: Venezuela necesita ratificar el acuerdo del 5 de julio de 1811, es decir, retomar tanto su independencia como su soberanía.

Para ello solo hay un camino, el que indica el olvidado artículo 5 de la Constitución: «La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio. Los órganos del Estado tienen que emanar de la soberanía popular y estar sometidos a ella».

En otras palabras, el primero de agosto es una fecha de la cual lo único que se espera es otra fecha; lo demás es paja.

Laureano Márquez P.

@laureanomar