EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/06/el-plan-rubio-es-promesa/
Marco Rubio, Secretario de Estado del gobierno de Donald Trump -también un poco nuestro- le dijo a congresistas de su país en una sesión de control que tomaran en cuenta, al preguntar sobre Venezuela, que solo han transcurrido cinco meses desde la captura y extracción de Maduro. Es decir, desde que opera este tutelaje satisfecho con el desempeño de Delcy Rodíguez, su mujer en Caracas. Los venezolanos suman esos cinco meses a las dos décadas y media que Rubio deja en la cuneta.
Lo que funciona bien es el flujo de petróleo bombeado y administrado por Washington. Sin que tal cosa haya cambiado el día a día de los venezolanos que no están en posiciones de mando: la inmensa mayoría, que estira como puede sus limitados recursos para intentar cubrir la canasta básica de alimentos. El dólar está más caro, la inflación más alta y la incertidumbre tan intacta como antes de que llegaran los helicópteros.
Rubio afirma, y parece convencido, que tienen que convocarse elecciones multipartidistas, que es necesario elegir una nueva comisión electoral, permitir la actuación libre de la prensa y de las organizaciones políticas. La idea que sigue flotando, sin embargo, es que también es pronto para eso.
En esta misma página escribía ayer Ricardo Hausmann que “prácticamente no existe presión para establecer un calendario electoral, nombrar un consejo electoral independiente o reabrir el censo electoral a millones de venezolanos en el extranjero y a jóvenes en el país”. Tampoco se hace nada para el regreso de María Corina Machado al país. “Estados Unidos, en la práctica, ha cambiado las libertades políticas y civiles por el acceso al petróleo”, sostiene Haumann con todas sus letras.
Mientras tanto, el régimen se reacomoda en el poder, sin prisas tampoco. Ni siquiera para liberar a todos los presos políticos, y moviendo sus hilos para una reforma aparente del poder judicial que, si sigue el rumbo de las designaciones en la Fiscalía y la Defensoría, no pasará de cambios cosméticos, como tapar el rojo con el azul o el blanco.
La ruta del dinero junta, paradójicamente, a los bolivarianos con sus “enemigos históricos” en una huida hacia adelante conveniente para ambas partes. ¿Por cuánto tiempo? Nadie lo sabe, pero por ahora el negocio es bueno. Después de cinco meses el plan Rubio sigue siendo una promesa, al menos para los venezolanos.
Los que están en Miraflores están cómodos. La soberanía solo era una consigna intercambiable. Para la oposición es su razón de ser, desde el inicio de la lucha democrática en el lejano año 1999. No se trata de un cambio de gobierno. Lo que está en disputa es que Venezuela vuelva a ser una nación libre, dueña y orgullosa de sí misma. Cinco meses es demasiado cuando esa ruta se tuerce.