EN: Recibido por email
Saludos,
Según informes de prensa, la Casa Blanca estaría considerando comprar las Islas Chagos a Mauricio para asegurar el control permanente de la base militar de Diego García, en el océano Índico. La noticia pareciera estrambótica y geográficamente remota, pero es parte de un intenso reacomodo mundial del cual Venezuela no es ajena.
Cuando vemos las referencias reiteradas de Trump a nuestro país como “el estado 51”, quizás no haya solo un mensaje para su propia base electoral. La estadidad no es una posibilidad seria ni real, pero Venezuela atraviesa un momento de vulnerabilidad profunda, producto del irrespeto continuo de la soberanía popular y del debilitamiento de las capacidades del Estado para proyectarse sobre su propio territorio.
El Estado venezolano fue privatizado para servir a una casta corrupta y cínica: vació las instituciones, desintegró la economía, expulsó a millones de ciudadanos y entregó parcelas concretas de soberanía a actores externos que hasta el 3 de enero tenían una presencia incontestada en el país.
Para algunos, hablar de si existe la remota posibilidad de que Venezuela deje de ser un país independiente no es sino ciencia ficción y hasta una perdedera de tiempo. Pero como la ciencia ficción a veces la pega, no está de más recordar que entre la soberanía plena (hoy extraviada) y la incorporación formal a Estados Unidos como un estado más, existe un abanico amplio de fórmulas intermedias que la historia estadounidense conoce bien: territorios no incorporados como Guam o Samoa Americana, estados libremente asociados como Puerto Rico, acuerdos de defensa exclusiva como los que vinculan a Palau o las Islas Marshall con Washington. Todas son figuras jurídicas vigentes. Todas implican grados distintos de control externo sobre territorios y hasta países que formalmente conservan su nombre y su bandera.
El chavismo no solo sometió a prueba la democracia venezolana. Sometió a prueba la idea misma de Venezuela como nación soberana, con consecuencias catastróficas: una diáspora de millones regada por el mundo, un Estado con capacidades mermadas para sostenerse y proyectarse y una soberanía cedida por pedazos a actores criminales, solo para citar tres de las fuerzas disolventes más evidentes.
Por eso la noticia sobre ese lugar remoto llamado Chagos no debería dejarse de lado como una excentricidad de la geopolítica. Más bien nos trae la invitación a hacernos una pregunta que nunca pensamos que tendríamos que formular: ¿podemos dar por sentada la continuidad de Venezuela a futuro como nación independiente?
Feliz y productiva semana para todos.
No comments:
Post a Comment