Tuesday, June 9, 2026

Editorial El Nacional: León XIV, un viento de aire fresco

 EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/06/leon-xiv-un-viento-de-aire-fresco/

Todo el mundo, o casi todo, parece mostrarse encantado con lo que dice León XIV. Las plazas y los estadios se abarrotan para escucharlo en España. Son piezas oratorias muy bien expresadas, y en castellano, que no es su lengua nativa, y mejor pensadas. Otra cosa es como luego esas palabras son seleccionadas por los medios, e incluso con libertad para añadir otras que el Pontífice ha evitado pronunciar. Por ejemplo, ultraderecha, tan manoseada en el debate político español.

En las sociedades polarizadas -y la española lo es, abundan por todo el mundo- cada parcialidad se siente reconfortada o retratada según qué párrafo o línea del discurso papal le conviene o lo desagrada. Unos escogen su crítica a la polarización y al ímpetu populista, otros su rechazo a los enfoques identitarios. Los más progre se molestan por su defensa de la vida desde el momento de la concepción, que aplauden los conservadores pero, algunos de ellos, se distancian en el tema de los migrantes. Otros, una minoría, ni se molestan en escuchar, aunque admiran a aquellos curas que profesan una teología liberadora.

El Papa no es un político pero hay la tentación -líbranos señor- de etiquetarlo, así todo resultará más fácil y, a la vez, más confuso. En un mundo donde resuenan las armas, los discursos prepotentes, las ideologías dueñas de la verdad y las mentiras alternativas, este Papa, el primero en la milenaria historia de la Iglesia católica nacido en Estados Unidos, rescata el valor de cada persona y lo coloca en el centro de la dignidad humana. 

 “Nuestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común”, de esa forma lo dijo en el Congreso de los Diputados de España, donde por primera vez habló un Pontífice.

El Papa continúa hoy su visita española en Barcelona y la concluirá el viernes en las Islas Canarias, comunidad de entrada de miles de migrantes que llegan desde África - continente obstinadamente saqueado- en precarias embarcaciones. Tema espinoso, en el que cada nación, desde la más poderosa del mundo hasta otras de menor influencia, actúan de manera similar: la protección de las fronteras, olvidando en un lavado de memoria conveniente de qué miseria vienen muchos de los que ya están entre esos límites.

León  XIV plantea un dilema mayor: “Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”. 

También plantea en el tema de las migraciones una tarea más ardua que la construcción de muros o la aprobación de leyes contra el distinto: la respuesta tiene que ir más allá de la gestión de los flujos; saber cuáles son las causas que obligan a partir y, por tanto, “ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración” y trabajar para que nadie tenga que abandonar su hogar “por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida”. Los venezolanos tendríamos que vernos reconfortados en esas palabras, como víctimas de un exilio forzado y también de repatriaciones inhumanas.

Haríamos, sin embargo, una lectura parcial de lo dicho, y lo que aún dirá, León XIV si solo nos detenemos en lo que nos interesa. Él lo expresó de una manera que nos interpela. “Nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al hermano”.

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