Saturday, June 6, 2026

Editorial El Nacional: Cumaná se muere de sed

 EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/06/cumana-se-muere-de-sed/

Mientras altos funcionarios de Washington comprueban in situ el avance de su plan Venezuela, en la capital del estado Sucre -que honra al Gran Mariscal de Ayacucho- se libra una batalla diaria, hora a hora, para disponer de agua. El pasado 3 de junio se cumplieron, con pesar y sacrificios, 100 días sin que circule el líquido por las tuberías de los hogares. Los niños y muy mayores se enferman, el presupuesto familiar se consume en pagar botellones y cisternas y en reponer las bombonas de gas para hervir el agua que consiguen donde y como pueden. 

Carmen Vásquez, una vecina del sector de La Sabana en la comunidad del Aeropuerto Viejo de Cumaná ve llegar la cisterna con agua pero ni siquiera corre tras ella. “El agua que traen es amarilla, y se enferman los niños” dice. Prefiere comprar botellones de agua potable aunque se gaste entre 6 y 7 dólares, que equivale al doble de salarios mínimos. A veces, cuenta Carmen, se asean en la playa de San Luis, y de vuelta a casa usan el mínimo de agua dulce para quitarse el salitre. 

Las autoridades (es solo un decir) han advertido a destiempo que la sequía de las tuberías va para largo. No es un efecto del cambio climático, sino de la desidia e incompetencia oficial. ¿Qué es una raya más para un tigre? Si antes se culpaba a alguna iguana inquieta de una monumental falla eléctrica, la crisis hídrica de Cumaná y otras poblaciones del estado Sucre se atribuye a un movimiento sísmico que ocurrió hace 8 años. Por entonces el régimen de Maduro, con parte del elenco que sigue al mando, estaba ocupado en una constituyente que burlara el mandato de los electores expresados en las parlamentarias de 2015. Desde aquello ha llovido mucho, pero no hay agua. El sismo, en todo caso, fue según expertos un alerta (desatendido).

El agua que surte a Cumaná, Barcelona, Puerto La Cruz, Guanta, Marigüitar, Araya e, incluso, la isla de Margarita proviene de la presa Santiago Mariño, la presa de Turimiquire, como se conoce popularmente: una obra extraordinaria cuya construcción se inició en 1974, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, y entró en funcionamiento pleno en 1989. Tiene capacidad para albergar 423,9 millones de metros cúbicos de agua, en su estructura de 113 metros de alto y 480 de largo. Una construcción de la democracia descuidada en dos décadas y media de destrucción premeditada.

Levantada en la serranía de Turimiquire, el agua de la represa llega a la capital sucrense a través de un sistema de túneles: uno de captación para el tratamiento del líquido, otro de trasvase -el túnel Guamacán- de 13 kilómetros de largo, la arteria principal del sistema. El agua se descarga finalmente en el tanque El Antillano, desde donde se distribuye a toda la ciudad.

El meollo del problemón que afecta a los cumaneses se halla localizado en la falta de mantenimiento de ese sistema. Un informe de 2024 sobre la rehabilitación de la presa de Turimiquire daba pistas para actuar de inmediato. Imágenes internas del túnel de Guamacán revelarían un colapso que interrumpe el paso del agua; el tanque El Antillano, además, estaría fuera de servicio desde hace años.

Un experto consultado por El Nacional reconoce que en 2017, 2020 y 2023 se hicieron inspecciones, recomendaron remover sedimentos y realizar mejoras. Y hasta ahí se llegó. Lo que no llega es el agua, aunque la hay.

Es el colmo de la inutilidad. La marca indeleble de una gente que empobrece a una nación bendecida con recursos naturales y generaciones bien formadas que tuvieron que irse del país. 

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