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Saludos,
Una entrevista reciente a Víctor de Aldama ha confirmado lo que por años se intentó ocultar: la breve visita a Barajas de Delcy Rodríguez en 2020 no fue un desliz diplomático, fue una operación planificada entre el régimen de Nicolás Maduro y altos funcionarios del gobierno de Pedro Sánchez… que terminó ejecutándose como un sketch de Los Tres Chiflados.
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El episodio es propio de la picaresca: a pocos minutos de aterrizar en Madrid, le comunican al avión que entre la lista de pasajeros hay alguien que no puede pisar territorio Schengen so pena de ser detenida. Aun así, autorizan el aterrizaje. El avión es rodeado por la Policía Nacional y la Guardia Civil. Suben Ábalos y De Aldama para intentar convencerla de que regrese de inmediato, pero no podían hacerlo por razones técnicas. Delcy, indignada, amenaza con hacer pública la carta de invitación oficial que —según ella— le extendió el gobierno español. La situación es tan insólita que se les ocurre una salida aún más insólita: crear una “sala VIP” improvisada en el aeropuerto mientras buscaban cómo sacarla sin armar un escándalo.
Pero estos nuevos detalles sobre el incidente son reveladores por varias razones. Aquí van algunas.
1. Las sanciones funcionan
Las sanciones individuales funcionan. Sánchez quiso hacerle una gracia a Maduro invitando a Delcy a Madrid. Y a pesar de que ella era consciente del riesgo, al final al Gobierno español le salió una morisqueta, porque mal que bien, hay instituciones. Se tuvieron que inventar un protocolo absurdo para evitar un escándalo internacional.
Imaginen este mismo episodio sin sanciones: Delcy aterriza, baja sonriente, va a sus reuniones, negocia el regreso del Pollo Carvajal (para meterlo en el Helicoide o dejarlo tranquilo en una finca), firma contratos de minería termina su jornada cenando en DiverXo.
Las sanciones no lo resuelven todo, pero restringen el margen de maniobra de quienes hoy usurpan el poder en Venezuela. Y obligan incluso a gobiernos amigos a pensárselo dos veces antes de hacer negocios con ellos.
2. El apoyo a la democracia comienza por no ser cómplice
Muchos en Europa y América Latina dicen estar trabajando por la causa de la democracia en Venezuela, pero lo mínimo, lo elemental, lo básico, es no asociarse con el crimen organizado que gobierna en nuestro país
¿No quieres imponer sanciones? Está bien. Pero entonces no prestes tus instituciones, tus aeropuertos ni tus contratos públicos a quienes destruyen la vida de millones.
No ser cómplice de la corrupción chavista es el punto cero de cualquier política exterior digna. Pero epa: no solo digna: inteligente, porque ya vemos que la cercanía del entorno de Sánchez a Maduro le puede terminar costando muy caro.
3. Qatar Airways para Delcy, penurias para el resto
La solución aquella noche en Barajas fue tan vergonzosa como audaz: se inventaron un “pasillo Schengen imaginario” desde la pista hasta la Terminal 1, donde Delcy y su comitiva pasaron la noche, antes de ser embarcadas cómodamente en un vuelo de Qatar Airways gestionado de urgencia para evitar un conflicto mayor.
(Y no, por supuesto que no fue en clase económica)
¿Quién pagó ese vuelo? Muy probablemente, dinero venezolano robado al pueblo venezolano.
Mientras miles cruzaban el Darién para escapar de la tragedia causada por Delcy y sus compinches, a ella la encaramaban en un avión con todas las comodidades para no terminar en una cárcel española.
4. ¡Habría que sancionar a más esbirros!
¿Deben seguir teniendo libre tránsito por Europa y propiedades en Estados Unidos los hijos, esposas y amantes de quienes sostienen la dictadura venezolana?
¿Es justo que vivan la vida loca mientras sus parientes destruyen un país entero?
Y ojo: no nos referimos solo al Alto Mando Militar. Hoy también sostienen al aparato represivo de la dictadura un puñado de jueces, fiscales, defensores públicos y efectivos de cuerpos de seguridad. Cada uno con rostro, cargo y responsabilidad.
El tipo de apoyo internacional que Venezuela necesita no pasa por declaraciones ambiguas o por intervenciones militares extranjeras.
En medio de esos extremos, hay un abanico de acciones que —no lo dudamos— el liderazgo democrático exige y debe seguir exigiendo. Pero ninguna es más básica que esta: no facilitarle el camino a la impunidad.
Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.
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