En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/17/eduardo-semtei-cne-y-constituyente-y-todo-lo-contrario/
Eduardo Semtei
Recuerdo dos cuentos fastidiosísimos de cuando era niño y correteaba
por los Valles del Tuy y más tarde por El Guapo. Uno era el cuento del
Gallo Pelón que consistía en preguntarle a alguien, más pendejo que uno,
si quería oír el cuento del Gallo Pelón; al incauto, no importa lo que
contestara, uno le repetía no es que sí, o no es que no, sino que si
quieres que te cuente el cuento del Gallo Pelón. Esa tortura parvularia
podía durar horas hasta que el afectado salía corriendo espantado a
llamar a sus progenitores o se entraba a carajazos limpios con su
experimentado torturador.
El segundo era preguntarle a otro cristiano quién fue primero entre
el huevo y la gallina. Si el interrogado decía el huevo uno rápidamente
lo acosaba diciéndole que de dónde había salido el huevo y si respondía
la gallina, ripostábamos de inmediato preguntando de dónde carrizo había
salido la picatierra. Al final, la misma vaina, una sampablera de
golpes, porrazos, gritos y correderas.
Así, como en estas actitudes infantiles, hay muchísima gente
discutiendo sobre el CNE y la constituyente como el cuento del Gallo
Pelón y del huevo y la gallina. Es la misma cháchara, la misma ladilla,
pero hecha por “experimentados políticos” y “activos agentes de las
redes sociales” cuando no se autobautizan como “verdaderos opositores”.
Pura paja. Puro cuento. Cobardones del Twitter que ni de vaina dan cara.
Unos anónimos pusilánimes. Puro farfullo.
Muchos extremistas, radicales inútiles, fabricantes de sueños,
espejismos y creadores permanentes de fracasos y decepciones, andan
diciendo que no hay que votar con este CNE. Que hay que cambiar al CNE
para confiar en los procesos electorales. Pero al CNE solo lo puede
cambiar la Asamblea Nacional, mucho más rápido y relancino si la
oposición conquista los dos tercios de la misma. Pero, como dicen que no
se puede votar con este CNE corrupto y viciado, entonces perderemos las
elecciones parlamentarias por forfait y, por lo tanto, la Asamblea
Nacional en manos chavistas no modificará nunca la mayoría oficialista.
Lo que nos conduce de nuevo a no votar y así sucesivamente hasta el fin
de los días. Y entramos en la discusión de que fue primero el huevo o la
gallina.
Hay que votar y cambiar al CNE (el huevo) o hay que cambiar al CNE y
después votar (la gallina). Parece que existiera en algún lugar del éter
una fuerza mágica, extraña y fuera del contexto de la racionalidad que
cambie las cosas como son y nos la ponga papita. Resumo.
Votamos en las parlamentarias para obtener mayoría y cambiar al CNE o
no votamos esperando que el CNE cambie sin nuestra participación.
¿Huevo o gallina? En cuanto a la constituyente, es otra irracionalidad.
Varios autores han demostrado hasta la saciedad, con ejemplos mundiales,
con enjundiosos estudios jurídicos y políticos que las asambleas
constituyentes toman cuerpo en la realidad cuando las mismas son
impulsadas por y desde el poder. Desde la Revolución americana, pasando
por la francesa, y las docenas de ejemplos americanos, hasta la
revoluciones rusa, china y cubana, en docenas de países europeos,
africanos y asiáticos, todas, absolutamente todas, fueron anidadas e
impulsadas desde el poder. No desde la oposición. Además, su complejidad
en las actuales condiciones se traduce en gastar pólvora en zamuro,
perder esfuerzos, dividir la oposición.
Fíjense ustedes, para lograr una nueva Constitución, primero hay
recoger las firmas. En este aspecto paso a anotar que ya el CNE
estableció que las firmas que hoy por hoy se andan recogiendo no cumplen
con las normativas ni han sido aprobadas o reconocidas. Así que ya
tenemos una pata coja. Hasta donde alcanza mi conocimiento, en el primer
mes de recolección de firmas, hechas al margen y hasta en contra de la
política general de la MUD, tienen unas 70.000 rúbricas, a tal ritmo
para llegar a 3 millones necesitarían unos 42 meses. Claro, los
recogedores dirán que tienen millones de millones de millones de
millones. ¿Quién los desmiente? Ellos son su propio CNE, na’ guará. Si
se logran recoger, algún día, entonces habrá que llamar a un referéndum,
por cierto con ese mismito CNE que los radicales celebrantes de la
constituyente tanto abominan y aborrecen. Luego, si se gana el
referéndum, hay que elegir los diputados a la constituyente, en las
mismas circunscripciones y con el mismito CNE que regularía y
supervisaría las elecciones parlamentarias regulares de 2015. Si
logramos tener mayoría en diputados en la constituyente, entonces habría
un referéndum para aprobar la nueva constitución. Es decir, un proceso
largo, complejo, de varias fases, comparado con la simpleza y sencillez
de ganar unas elecciones parlamentarias ya previstas para 2015.
Entonces surge la pregunta. ¿Quieres elecciones de la constituyente o
de la Asamblea Nacional con el actual CNE? Si contestas que sí o
contestas que no, volveremos como en la infancia a repreguntar, no es
que sí, o no es que no, sino que si quieres elecciones con el actual
CNE. Y así señores se nos va el tiempo, la vida, las fuerzas, los
recursos. En una discusión tremendamente infantil. En términos
concretos, en la actualidad, de los cinco miembros del CNE cuatro son
pro gobierno. Recordemos que la mayoría son tres de cinco. Es decir,
para efectos prácticos que tengan tres, o cuatro, o cinco es la misma
vaina. El descontento es de 75%. Vamos entonces a empujar todos la misma
carreta y convertir el descontento en votos. Esa es la vía. Los otros
son cuentos infantiles de gallos pelones y gallinas pirocas.
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