En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/06/vladimiro-mujica-cuando-el-pasado-nos-alcance/
Vladimiro Mujica
En 1973 se estrenó una película que recuerdo con mucha claridad,
Soylent Green, con Charles Bronson en el rol principal, y cuyo título
fue traducido al español como Cuando el destino nos alcance. Ambientada
en un futuro distópico, donde los recursos de la Tierra se habían
extinguido y el planeta adolecía de polución, sobrepoblación y pobreza,
la mayor parte de la humanidad subsistía de raciones de Soylent Green,
un producto manufacturado por una grande y todopoderosa compañía,
Soylent Corporation. La película gira alrededor de una monstruosa
conspiración, eventualmente descubierta por el policía caracterizado por
Bronson, para ocultar el hecho de que el producto se manufacturaba no
solamente del plancton oceánico, como sostenía Soylent Corporation, sino
empleando restos humanos. Para disponer de materia prima, las personas
eran invitadas a terminar sus miserables existencias plácidamente,
sometidas a una muerte sin dolor mientras disfrutaban de una
presentación en multimedia sobre el pasado del planeta, cuando el agua
era limpia, los bosques y flores abundantes y los animales inocentes.
Como quiera que nuestra mente siempre juega en el inconsciente con
nuestras memorias, me encuentro pensando en Soylent Green y me viene a
la cabeza que al proceso venezolano de estos últimos tiempos le viene
bien una variante del título en español de la película. La epopeya
chavista se dirige a un encuentro tormentoso con su propio fracaso. Los
tiempos del entusiasmo se han evaporado; después de 15 años de sostener
un camino imposible y de arrastrar consigo a todo un pueblo al abismo de
una nación disfuncional los discursos son cada vez más forzados y
falsos. La revolución chavista ha caído víctima de las inconsistencias y
precariedades de su propio discurso construido sobre la base de que sus
líderes eran herederos de una suerte de mandato histórico conectado
directamente a Chávez a través del así llamado árbol de las tres raíces.
La revolución se ha convertido en su propio pasado. Ya no hay espacio
para descargar las culpas de lo que andaba mal en el país en los
supuestos vicios del Pacto de Punto Fijo y la IV República. La
combinación letal de arrogancia, incompetencia y corrupción que aflora
por doquier en las filas revolucionarias es imposible de ocultar y es la
verdadera razón de las caras largas y la mirada entristecida de mucha
gente honesta que creyó en que las bondades del llamado “proceso” eran
superiores a cualquiera de sus desaciertos, y en que un futuro luminoso
esperaba a quienes perseveraran.
Pero los hechos son tercos, como magistralmente declaró Lenin, y el
futuro cada vez se parece mas a una versión peor del presente y no hay
forma de esconderlo. El desgaste acelerado de la imagen del gobierno,
tanto en el ámbito interno como internacionalmente, es inocultable.
Fuera de nuestras fronteras, inclusive en las naciones tradicionalmente
cercanas al discurso chavista, como los países del ALBA, hay que buscar
con lupa para encontrar algún tipo de declaración de defensa de los
galácticos desaciertos de nuestra oligarquía gobernante. Solamente Cuba,
unida por un vínculo de sobrevivencia a la teta inagotable del oro
negro que brota de nuestra tierra, continúa en su prédica laudatoria
incansable. O las naciones a las que Venezuela les sigue comprando armas
y equipos militares para reprimir a sus propios ciudadanos y que hacen
pingües negocios con nuestra maltratada patria. El petróleo le sigue
comprando indulgencia y complicidad al gobierno pero el entusiasmo se
extinguió. Lo que queda es simplemente el interés de los beneficiarios y
el chantaje y la cólera de los dueños de la llave del petróleo. En un
sentido muy real Venezuela se conduce como una suerte de potencia
colonialista que intenta imponer sus criterios y garantizar apoyo a sus
políticas utilizando el petróleo como herramienta de coerción.
Si algo emerge cada vez con más certeza es que la medida del fracaso
de la gesta chavista se calibra por la magnitud de la traición a sus
principios fundacionales. Las tres raíces: Simón Rodríguez (El Maestro),
Simón Bolívar (El Líder) y Ezequiel Zamora (El General del Pueblo
Soberano) deben estarse revolcando en sus tumbas al saber que en su
nombre se ha ejercido en su patria un liderazgo donde se ha fabricado
más infelicidad para el pueblo. A los magos de la propaganda populista,
que crearon conceptos poderosos, como la idea de una V República que
superaría las fallas de la IV, se les oponen ahora los poderosos
demonios de la realidad indoblegable.
Transmitir con claridad que la revolución chavista ha traicionado
profundamente al pueblo y que ya existe una nueva mayoría, Los Sin
Futuro, formada por quienes no tienen como armar sus existencias en un
país disfuncional que les niega toda posibilidad, es el reto
comunicacional y político más importante del movimiento de resistencia
democrático.
Vladimiro Mujica
No comments:
Post a Comment