Javier Ignacio Mayorca
Las
reformas policiales intentadas en los últimos quince años fueron decididas en
reacción a escándalos públicos, con magros resultados. Ahora, el comisionado
para esta tarea es el inspector Bernal
@javiermayorca
El
presidente Nicolás Maduro designó al diputado e inspector jubilado de la
extinta Policía Metropolitana Freddy Bernal para encabezar la Comisión para la
Transformación del Sistema Policial, una instancia que según el propio
mandatario tendrá la finalidad de “revolucionar” a los cuerpos de seguridad
ciudadana.
Esta
decisión es una consecuencia directa de la operación ejecutada por la policía
judicial en el edificio Manfredir de la avenida Sur 4 el 7 de octubre, que
arrojó un saldo de cinco muertos, entre ellos los líderes del Frente 5 de Marzo
(una plataforma de colectivos que opera desde la antigua sede de la PM) y del
colectivo Escudo de la Revolución.
En
medio de una fuerte presión por parte de los grupos armados, Maduro removió al
ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres. Los
rumores sobre la destitución de la directiva de CICPC no han cesado, aunque han
amainado. Mientras tanto, seis agentes de ese organismo son solicitados por los
homicidios, tras imponerse la tesis de que ese día no hubo un enfrentamiento
sino ejecuciones extrajudiciales.
En
la Venezuela actual, lo escandaloso de esto no es precisamente el número de
muertos a manos de policías, sino que las supuestas víctimas formaban parte de
las agrupaciones que desde el mandato de Hugo Chávez han sido fomentadas por el
propio Ejecutivo para defender el proceso político. En la semana previa al
tiroteo en Manfredir 18 personas habían fallecido como consecuencia de
supuestos enfrentamientos con efectivos de CICPC, y en ningún caso la Fiscalía
se movió con la misma diligencia.
El
nombramiento de Bernal marcó entonces el inicio del tercer proceso de
transformación de los cuerpos policiales del país a partir de 1999. En todos
los casos, el Ejecutivo ha actuado en reacción a situaciones escandalosas, que
de alguna manera le ocasionaban desprestigio.
En
abril de 2006, Chávez designó a la Comisión Nacional para la Reforma Policial
(Conarepol) como una consecuencia directa de la matanza de tres estudiantes de
la Universidad Santa María en el sector Kennedy de Macarao, ocurrida en junio
de 2005, y el posterior secuestro y asesinato de los hermanos Faddoul Diab en
marzo de 2006. En ambos casos los autores materiales eran funcionaros
policiales activos, respectivamente de CICPC y de la PM.
Un
año después, la Conarepol presentó un documento de 19 páginas con
recomendaciones que aún no han sido transformadas en hechos según el criterio
de uno de los miembros fundadores de ese grupo, el criminólogo y profesor
universitario Andrés Antillano.
En
mayo de 2011 otro escándalo involucró a la policía judicial. Tres hombres
murieron en los calabozos del Departamento de Aprehensión (antigua División de
Capturas) ubicado en El Rosal. Las muertes pusieron sobre el tapete la terrible
situación de hacinamiento que vivían entonces los detenidos en esa instalación,
lo que además abonaba el terreno para todo tipo de corruptelas.
Al
mes siguiente, el Gobierno decretó la reestructuración de la policía judicial. Para
ello nombraron una comisión que estudiaría la situación de ese cuerpo y haría
las recomendaciones del caso. A propósito de este proceso, CICPC ha tenido
algunos cambios cosméticos, pero la situación de fondo se mantiene. La “refundación”
de la institución tomó nuevo impulso en agosto de 2013, con un decreto
presidencial. A partir de ese momento, el liderazgo del proceso fue encomendado
a los directivos del cuerpo. Pero ha sido inútil. Incluso, el hacinamiento de
detenidos se ha extendido desde el inmueble de El Rosal hasta todas las
oficinas de la policía de investigación.
El
aprovechamiento de los escándalos para generar procesos de cambio en las instituciones
policiales no es nuevo ni exclusivamente venezolano. Lawrence Sherman (1978) lo
observó en un estudio sobre la influencia de estas situaciones en la policía de
Nueva York. Una de las conclusiones de su investigación fue que los escándalos suelen
ocasionar realineaciones en las estructuras de poder de los cuerpos policiales,
y que esas nuevas estructuras son más inestables que las precedentes. Esto no
necesariamente es malo o contraproducente. Lo importante, indicó, es que las
decisiones que dan origen a esas modificaciones estén basadas en información
precisa, algo que a veces es muy difícil de obtener en tales instituciones.
Ahora, le toca a Bernal. A diferencia de las dos reformas anteriores, se trata de un
operador político surgido del ambiente policial. Su primera decisión fue
nombrar cinco comisiones para hacer un nuevo diagnóstico de los cuerpos de
seguridad ciudadana. En esa inestabilidad, uno de los grandes ganadores será
nuevamente la Guardia Nacional, que no será tocada por las decisiones del
comisionado en virtud de ser un componente militar, aún cuando toda su
actividad se despliega prácticamente en el ámbito policial.
| Una nueva tarea para el inspector |
Otro
detalle es que Bernal ha asumido la vocería de los procesos de asistencia
técnica e intervención de las policías municipales y estatales, algo que
anteriormente hacían los viceministros de Seguridad Ciudadana y del Sistema
Integrado de Policía.
¿Podrá
Bernal hacer algo distinto que lo realizado por las comisiones que lo
precedieron en la tarea? Los miembros de la Conarepol en su mayoría gozaban de
credenciales académicas pero tenían escaso ascendente sobre las instancias políticas
de decisión. Algo similar ocurrió con la comisión reestructuradora de CICPC.
Ahora sucede lo contrario: un hombre surgido de las filas del Psuv intentará
llegar a ese objetivo, y está en el proceso de buscar a las mentes esclarecidas
que lo ayuden. Empezó mal, al plantearse que al terminar su trabajo las
policías venezolanas serán “revolucionarias” y “bolivarianas”. Lo que
necesitamos en realidad son cuerpos uniformados y técnicos que sepan hacer su
trabajo en el marco que imponen las leyes. Con solo eso el país se dará por
satisfecho.
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