En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/10/jose-vicente-carrasquero-de-quien-es-venezuela/
José Vicente Carrasquero
Cuando se analiza el discurso de la élite gobernante, no deja de
provocarle a uno la sensación de que se consideran dueños del país. Por
lo tanto, libertad absoluta de disponer de los recursos, de imponer
formas de comportamiento, de someter a los venezolanos a condiciones de
pobreza y deterioro permanente de la calidad de vida. Mientras, a ellos
los vemos engordar, usar ropas y prendas que difícilmente se pagan con
salarios de funcionarios públicos, tener a su disposición los recursos
que en realidad le pertenecen al pueblo.
Es común oír a funcionarios decir que van a bajar los recursos. Eso
me genera un grave problema con lo dispuesto por la constitución que
esta misma élite escribió. El artículo 5 del libro fundamental dice que
la soberanía reside en el pueblo. Que de esa soberanía manan los poderes
públicos que se entiende, están al servicio de ese pueblo soberano.
Siendo eso así, ¿en qué cabeza cabe que un burócrata cualquiera se
sienta por encima del pueblo al que sirve?
Aquí tenemos un problema de cultura política que a ninguna élite le
ha convenido solventar. Es así como la mayoría de los venezolanos
entiende el término primer mandatario como la persona que más
manda. La que detenta el poder máximo. Eso no es posible según nuestro
ya mencionado artículo 5 de la constitución. Para comenzar, primer mandatario
se refiere a esa persona que recibió el mandato del pueblo de gobernar
el país según el libro fundamental, las leyes de la república y un plan
de gobierno que, lógicamente, está limitado por el marco legal vigente.
Para ponerlo sencillo, el primer mandatario, ya sea nacional, estadal o local, es una persona que está al servicio del pueblo y en ningún caso por encima de él.
Es por ello que un primer mandatario o cualquier funcionario cuyo
poder deviene del artículo 5 constitucional, no puede permitirse el lujo
de un lenguaje altisonante o insultante para dirigirse al pueblo que es
su soberano. Esta condición de la política moderna es poco entendida
por sociedades primitivas que tienen direcciones igualmente primitivas.
Chávez implantó en el discurso el uso de epítetos y descalificaciones
para personas que conforman parte del soberano y a las cuales no les
debía otra cosa que respeto dado su estatus, como presidente, de
subalterno. Para él en cambio reclamaba respeto y el uso de títulos no
previstos en la constitución. Este abuso del cargo fue heredado por sus
seguidores, que pretenden hacer del insulto y la mentira la forma de
dirigirse a quienes conforman la superioridad, es decir, el pueblo.
Y la cosa no se queda ahí. Recientemente una ministra sugería que los
artículos de línea blanca que el gobierno comercializará en la época
navideña es un regalo de Maduro. ¿De dónde sacó esta señora semejante
desatino? ¿Fue con dinero de Maduro que se compraron esos aparatos?
Definitivamente no. Por lo tanto, no es un favor de Maduro para con el
pueblo es un cumplimiento, aunque bastante mediocre, de su deber de
servir al soberano.
Varias personas me han preguntado sobre los trámites para reservar un
avión de PDVSA e irse a tratar a hospitales de primera línea en otros
países. Porque si un ministro del gobierno pudo hacerlo, ¿por qué ellos
no?
Lo cierto es que el país luce secuestrado por unos políticos
mediocres que creen que el país, sus recursos y su gente les pertenecen y
están a su disposición. Ante estos abusos es poco lo que hacen el resto
de los actores políticos y sociales para poner orden en este
desaguisado.
Yo he comenzado por puntualizar lo ya mencionado. Se puede resumir
en: el país y los recursos le pertenecen al pueblo. Así lo dice la
constitución y lo han dicho todas las anteriores. El estado es un
aparato que sirve al ciudadano, que está a su servicio. No al servicio
de una clase política primitiva que cree haber llegado al poder por
medio de una invasión sangrienta, y que por eso, tiene derecho al
usufructo de nuestros recursos y al sometimiento del pueblo en general.
Nos hace falta una clase política moderna que entienda que está al
servicio de los venezolanos a los cuales les sube los recursos
necesarios para mejorar su calidad de vida, y rinde cuenta por esas
acciones ante la ley que, también está al servicio del soberano.
Es hora de traer el país al siglo XXI. Venezuela es del pueblo. No de
los gobernantes y mucho menos si tienen su voluntad sometida a los
designios de los Castro.
Es deber del pueblo reclamar lo que es suyo. Es su deber exigir
políticas que mejoren su calidad de vida. Con los recursos con los que
hemos contado, no hay derecho a estar haciendo colas o suplicando
servicios. Tenemos que hacer, como pueblo, que los gobernantes cumplan
con su deber. Caso contrario, deben irse y la constitución establece los
mecanismos.
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