En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/16/jesus-chuo-torrealba-el-escudo-de-todos-la-politica-social-en-la-venezuela-tricolor/
Jesús Chúo Torrealba
En 1988 llegó al
poder un grupo de venezolanos que, no tenemos porque dudarlo, querían lo
que ellos creían era lo mejor para nuestro país. El proyecto que tenían se llamaba “El Gran Viraje”. Tal viraje era esencialmente económico. Pretendía romper con el rentismo petrolero, promoviendo la capacidad exportadora del aparato productivo nacional. Para
quienes asumían la conducción de ese proceso, la viabilidad social y
política de ese proyecto descansaba en el “carisma” y liderazgo de la
persona que ocupaba la Presidencia de la República. El tema de los
costos sociales del programa de ajustes era visto desde la óptica de lo
“compensatorio”, esto es, aligerar un poco el impacto de los efectos
inmediatos del ajuste sobre los pobres y la clase media baja. De acuerdo a la “lógica” manejada entonces, la resolución de los problemas sociales de fondo (inequidad, falta de acceso a las oportunidades, desigual
posibilidad de aprovechamiento de las mismas…) sólo tendría respuesta
verdadera en el largo plazo. “La mejor política social es tener una
buena política económica”, fue la expresión utilizada entonces para
colocar lo económico por encima de lo social. El “largo plazo” de este proyecto nunca existió. Es la costosa historia conocida…
En 1998 llegó al
poder otro grupo de venezolanos que, tampoco lo dudamos, igualmente
querían para el país lo que ellos creían que sería lo mejor. No llegaron al poder con un proyecto claro, pero si con consignas de gran capacidad movilizadora. Al principio dijeron que no eran comunistas, que en Cuba había una dictadura y que el control de cambios era indeseable. Su
principal consigna fue la “Constituyente”, que implicaba la realización
de un conjunto de cambios fundamentales en lo político-institucional.
Tras esos cambios se perfiló, entonces si, una suerte de proyecto
político que llamaron “revolución”. Este proyecto profundizó el rentismo
petrolero, pues para enfrentar la influencia política y cultural del
sector empresarial optó por destruir el aparato productivo tanto en el
sector agro-industrial como en el sector industrial manufacturero, lo
que hizo al país extremadamente dependiente de las importaciones, y en
materia social generó los siguientes efectos: los sectores pobres
siguieron siendo pobres, amplios sectores de clase media se convirtieron
en empobrecidos y la burguesía productiva nacionalista se vio
sustituida por una boliburguesía parasitaria y verdaderamente apátrida.
Nuevamente la viabilidad social y política de ese proyecto descansó
sobre el “carisma” y liderazgo de la persona que ocupaba la Presidencia
de la República. El tema de los costos sociales de esas prácticas es
manejado desde una perspectiva clientelar y de control político, usando
la política social del Estado para premiar lealtad o castigar autonomía.
De acuerdo a la “lógica” manejada ahora, la resolución de los problemas sociales de fondo (inequidad, falta de acceso a las oportunidades, desigual
posibilidad de aprovechamiento de las mismas…) sencillamente no está
planteado como objetivo del Estado, porque “no los vamos a sacar de la
pobreza para que se conviertan en escuálidos”. “Con hambre y sin empleo
con Chávez me resteo”, fue la expresión en algunos momentos utilizada para colocar lo político por encima de lo social. Ese proyecto si tuvo largo plazo, desastroso. Es la historia que hoy padecemos.
En la Venezuela Tricolor que habrá de suceder a este desastre rojo no deberán operar fundamentalismos
político-ideológicos ni dogmas técnico-económicos que se erijan en
camisas de fuerza: “Lo económico” y “lo político” serán los dos brazos
necesarios para trabajar de manera concurrente y armoniosa sobre lo que
debe ser el centro de la acción del Estado, que es LO SOCIAL. Y “atender
lo social” tras 15 años de destrucción sistemática de la
infraestructura pública para operar en educación, salud y seguridad
ciudadana; tras 15 años de deterioro del empleo público, privado y
hasta del emprendimiento; tras 15 años de promoción expresa de los
antivalores de la violencia y la muerte, y de también expresa agresión a
los valores de la cultura del trabajo, será una tarea al mismo tiempo
urgente e importante: Urgente, porque sin el abordaje exitoso de corto
plazo no habrá la gobernabilidad necesaria para acometer los cambios de
fondo; Importante, porque de lo que se trata es precisamente no de
seguir “corriendo la arruga” sino de dar respuesta cierta a los
problemas sustantivos: “inequidad, falta de acceso a las oportunidades, desigual posibilidad de aprovechamiento de las mismas…”.
En el ámbito de lo
urgente se verificará un cambio sustancial en la lógica de los programas
sociales: La política social del Estado Venezolano dejará de ser el
instrumento de dominio y manipulación de unos, o el gran negocio de
otros, sino que será el ESCUDO de todos. La
política social del Estado será el Escudo que protegerá a los más
débiles entre los débiles, a los más frágiles entre los frágiles, a los
más pobres entre los pobres, de los nefastos efectos de 31 años de
crisis y de los últimos 15 años de saqueo masivo. Y
será también el Escudo que protegerá a TODA la sociedad de las
indeseables consecuencias que en materia de lesiones gravísimas a la
convivencia social tiene que más de un tercio de la población este hoy sumido entre la pobreza crítica y la pobreza extrema.
Este Escudo contra
la pobreza y contra la desesperación no promoverá adicción, conformismo
ni dependencia del ciudadano frente al Estado. Por
el contrario, junto al auxilio socioeconómico para sacar a una familia
de la precariedad urgente, estará también el apoyo socioeducativo para
liberarla de la precariedad permanente. En
vez de utilizar, como hoy, la política social para dotar al Estado de
rehenes socioeconómicos, las herramientas, programas y proyectos de la
política social estarán orientados a promover a un pueblo autónomo,
independiente, dueño de su vida y capaz de gerenciar su futuro, en fin,
un pueblo que sea capaz de ejercer el “poder popular” más allá de la
ficción burocrática, un pueblo al que llamarlo “El Soberano” no sea una
ironía.
Esto va mucho más allá, por cierto, de aquella simpleza de que “no hay que darle el pescado, sino enseñarlo a pescar”. Como
alguna vez nos dijera en entrevista Lorenzo Mendoza, presidente de
Empresas Polar, “en este país hay muchísimas necesidades de muy diverso
tipo, y todas exigen respuestas diferentes y urgentes: A algunos hay que darles
el pescado, a otros hay que enseñarles a pescar y a otros incluso hay
que comprarles los peces que pescan, mientras desarrollan sus propios
mecanismos de mercadeo y comercialización. Pero a todos hay que apoyarlos. El
de la pobreza extrema no es un problema de dogmas académicos, sino de
urgentes necesidades humanas”. Que esto haya sido afirmado no por algún
sociólogo centroizquierdista, sino por el empresario privado más exitoso
del país, revela la importancia de abordar el tema de la pobreza
extrema no desde los también angulosos extremos de los dogmas
ideológicos, sino desde la proactiva perspectiva del compromiso social y la vocación democrática.
Estos
deberán ser algunos de los rasgos distintivos de la Política Social del
Estado en la Venezuela que viene, la Venezuela Tricolor: Un
Escudo de todos, una mano solidaria para alcanzar la sobrevivencia de
quien se encuentre en situación desesperada, otra mano solidaria para
-resuelta la emergencia- ayudar ese hermano nuestro, a esa familia
humilde, a continuar de manera cada vez más autónoma construyendo su
vida, ejerciendo ciudadanía, para que esté en sus propias manos el ya jamás volver a ser pobre. ¡Palante!
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