SADIO GARAVINI DI TURNO
| EL UNIVERSAL
miércoles 12 de noviembre de 2014 12:00 AM
Todavía es muy temprano para
un análisis absolutamente objetivo del fenómeno chavista, esa tarea se
la dejamos a los historiadores del futuro. Sin embargo, dado que Chávez
se fue de este mundo pero el chavismo permanece, podemos afirmar que se
ha iniciado una nueva etapa en la historia contemporánea de Venezuela, y
es útil hacer una breve reflexión sobre el caudillo y su legado. Chávez
apareció en la escena hace 22 años, como jefe de un golpe fallido
militarmente, pero exitoso políticamente y por 14 años su voluntad fue
hegemónica en el país. El fenómeno chavista ha sido y será objeto de
estudio. Recientemente el autor argentino Joel Hirst ha publicado una
novela: El teniente de San Porfirio, una sátira tragicómica de
la revolución chavista, en la tradición del realismo mágico
latinoamericano, divertida a veces, pero sobre todo preocupante e
inquietante, particularmente en relación a las perspectivas futuras del
proceso. Hirst anuncia que seguirá proyectando su visión del chavismo en
una segunda novela: El infierno de San Porfirio. Entre los
especialistas de la ciencia política, Ari Chaplin ha publicado este año
un análisis crítico del socialismo del siglo XXI: Chavez's legacy: the transformation from democracy to a mafia state.
Fernando Mires en el prólogo afirma que Chaplin demuestra en esta obra
el carácter radical y antidemocrático del chavismo. Chaplin hace una
extensa revisión y análisis de las publicaciones sobre los 14 años del
gobierno chavista. Pone el acento sobre la formación de una "nueva
clase", similar a la que Milovan Gilas analizaba en la Europa comunista
antes de la implosión del imperio soviético. Una clase que controla, a
través del Estado, el poder político y la mayor parte del económico.
Chaplin además afirma que la corrupción en las instituciones estatales
favorece la penetración de la criminalidad organizada. Ciertamente, el
hecho que el gobierno venezolano haya expulsado a la DEA de Venezuela, y
no tenga ninguna colaboración con EEUU en materia de la lucha en
contra del narcotráfico, favorece que Venezuela se convierta en una
locación relativamente "amigable" para los centros de operaciones del
narcotráfico.
En mi opinión, Chávez fue una peculiar mezcla entre el primer Perón y Castro. Padecía, como Perón, de los que Octavio Paz llamaba los dos morbos endémicos de la América Latina: el populismo demagógico y el militarismo. Igual que Perón, tenía algo de Mussolini, efectivamente, Carlos Fuentes lo llamó: un "Mussolini tropical". Entre sus primeros "maestros" ideológicos tuvo al neofascista y antisemita Norberto Ceresole, autor de uno de sus libros de cabecera: Caudillo, ejército, pueblo. La otra vertiente ideológica de Chávez es el marxismo-leninismo de Castro, "inoculado" desde la adolescencia por su hermano mayor Adán, entre otros. La fortaleza del chavismo se debió, básicamente, al carisma del caudillo, al precio alto y sostenido del petróleo, que le permitió un "clientelismo distributivo" interno y externo y a la división y errores de la oposición. Fue además un hombre con suerte. Las circunstancias le fueron favorables. Sin la crisis socioeconómica de finales de los '80 y primeros '90, por la fuerte baja de los precios del petróleo y el auge de la antipolítica, el abortado golpe del 92 hubiese tenido otras consecuencias, y sin el impresionante aumento sostenido del precio del petróleo de estas últimas décadas, muy probablemente el chavismo no estaría en el poder.
En mi opinión, Chávez fue una peculiar mezcla entre el primer Perón y Castro. Padecía, como Perón, de los que Octavio Paz llamaba los dos morbos endémicos de la América Latina: el populismo demagógico y el militarismo. Igual que Perón, tenía algo de Mussolini, efectivamente, Carlos Fuentes lo llamó: un "Mussolini tropical". Entre sus primeros "maestros" ideológicos tuvo al neofascista y antisemita Norberto Ceresole, autor de uno de sus libros de cabecera: Caudillo, ejército, pueblo. La otra vertiente ideológica de Chávez es el marxismo-leninismo de Castro, "inoculado" desde la adolescencia por su hermano mayor Adán, entre otros. La fortaleza del chavismo se debió, básicamente, al carisma del caudillo, al precio alto y sostenido del petróleo, que le permitió un "clientelismo distributivo" interno y externo y a la división y errores de la oposición. Fue además un hombre con suerte. Las circunstancias le fueron favorables. Sin la crisis socioeconómica de finales de los '80 y primeros '90, por la fuerte baja de los precios del petróleo y el auge de la antipolítica, el abortado golpe del 92 hubiese tenido otras consecuencias, y sin el impresionante aumento sostenido del precio del petróleo de estas últimas décadas, muy probablemente el chavismo no estaría en el poder.
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