SOLEDAD MORILLO BELLOSO
| EL UNIVERSAL
viernes 14 de noviembre de 2014 12:00 AM
Hay una enorme diferen-cia
entre la prosperidad y la bonanza. La primera es el resultado del
progreso sensato; la segunda puede ser producto de un golpe de suerte.
La primera tiende a ser estable y sustentable; a la segunda se la puede
llevar el viento.
Durante los gobiernos de CAP II, Velásquez y Caldera II, en los que no hubo bonanza, tuvimos la esperanza de sentar las bases de la prosperidad perdurable. Hubo un esfuerzo interesante por quitarle poder al Estado. Ni se hizo del todo bien ni se explicó a la población de que iba todo el asunto. Seguramente algunos recordarán el intento fallido de crear los fondos de ahorros. De haber existido estos, los emprendimientos desestatizadores hubieran hecho a millones de venezolanos propietarios de las empresas realmente poderosas. En lugar de capitales extranjeros, los venezolanos hubiéramos comprado la telefónica, las eléctricas, la petrolera, las acuíferas, etc. Hoy los venezolanos no tenemos nada. Esas empresas fueron reestatizadas. No existe la figura de los fondos de ahorros. Y si sumáramos todas las posesiones en manos privadas en Venezuela, ello no le llegaría ni por los tobillos a la riqueza en manos del Estado, el cual es dueño y señor de casi todo. Así las cosas, Venezuela es hoy un país de ciudadanos pobres y Estado magnate.
Como el Estado es una suerte de entelequia, en realidad lo que tenemos hoy es un gobierno que maneja todo. Firma la chequera y compromete a la nación en deudas infinitas. El de turno decide todo. Eso hace que todos los agentes sociales sean débiles. Aquí en Venezuela, salvo el Estado, nadie tiene verdadero poder. No hay poder empresarial, económico, gremial, sindical, religioso, mediático, social o asociativo que pueda enfrentarse al Estado. Ni tan siquiera la sumatoria de todos ellos.
Por ninguna parte se ve interés alguno de los políticos en cambiar esto. Todos hablan de cambio, pero ninguno dice que no puede haber cambio real si no hay un cambio profundo en el concepto del Estado y el poder que éste tiene. Entonces, la discusión política hoy es si los políticos que hoy están en el Estado y que lo están haciendo mal, es decir, son ineficientes, pueden ser sustituidos por otros políticos que sean eficientes. Pero ello no supone quitarle poder al Estado. El problema no es Maduro. El problema es que el sistema hace posible e incentiva los maduros. No se trata de cambiar a ineficientes por eficientes. Se trata de quitarle poder al Estado y que el poder lo tenga la sociedad.
Entonces, hasta que no hagamos reingeniería del sistema, tendremos el mismo país. Lo que cambiarán serán los sufrimientos. El diputado Soto Rojas dijo el otro día en la Asamblea Nacional que Venezuela tiene reservas petroleras para 500 años. ¿Entiende el Diputado que en 500 años el petróleo no será la fuente de energía que use la humanidad? La Edad de Piedra no se acabó porque se acabaron las piedras.
¿Cuándo nos daremos cuenta que por este camino estamos dando vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte? El perro que no consigue morderse la cola solo se agota. No se convierte en atleta. El sistema necesita cambio, no tan solo el modelo.
Durante los gobiernos de CAP II, Velásquez y Caldera II, en los que no hubo bonanza, tuvimos la esperanza de sentar las bases de la prosperidad perdurable. Hubo un esfuerzo interesante por quitarle poder al Estado. Ni se hizo del todo bien ni se explicó a la población de que iba todo el asunto. Seguramente algunos recordarán el intento fallido de crear los fondos de ahorros. De haber existido estos, los emprendimientos desestatizadores hubieran hecho a millones de venezolanos propietarios de las empresas realmente poderosas. En lugar de capitales extranjeros, los venezolanos hubiéramos comprado la telefónica, las eléctricas, la petrolera, las acuíferas, etc. Hoy los venezolanos no tenemos nada. Esas empresas fueron reestatizadas. No existe la figura de los fondos de ahorros. Y si sumáramos todas las posesiones en manos privadas en Venezuela, ello no le llegaría ni por los tobillos a la riqueza en manos del Estado, el cual es dueño y señor de casi todo. Así las cosas, Venezuela es hoy un país de ciudadanos pobres y Estado magnate.
Como el Estado es una suerte de entelequia, en realidad lo que tenemos hoy es un gobierno que maneja todo. Firma la chequera y compromete a la nación en deudas infinitas. El de turno decide todo. Eso hace que todos los agentes sociales sean débiles. Aquí en Venezuela, salvo el Estado, nadie tiene verdadero poder. No hay poder empresarial, económico, gremial, sindical, religioso, mediático, social o asociativo que pueda enfrentarse al Estado. Ni tan siquiera la sumatoria de todos ellos.
Por ninguna parte se ve interés alguno de los políticos en cambiar esto. Todos hablan de cambio, pero ninguno dice que no puede haber cambio real si no hay un cambio profundo en el concepto del Estado y el poder que éste tiene. Entonces, la discusión política hoy es si los políticos que hoy están en el Estado y que lo están haciendo mal, es decir, son ineficientes, pueden ser sustituidos por otros políticos que sean eficientes. Pero ello no supone quitarle poder al Estado. El problema no es Maduro. El problema es que el sistema hace posible e incentiva los maduros. No se trata de cambiar a ineficientes por eficientes. Se trata de quitarle poder al Estado y que el poder lo tenga la sociedad.
Entonces, hasta que no hagamos reingeniería del sistema, tendremos el mismo país. Lo que cambiarán serán los sufrimientos. El diputado Soto Rojas dijo el otro día en la Asamblea Nacional que Venezuela tiene reservas petroleras para 500 años. ¿Entiende el Diputado que en 500 años el petróleo no será la fuente de energía que use la humanidad? La Edad de Piedra no se acabó porque se acabaron las piedras.
¿Cuándo nos daremos cuenta que por este camino estamos dando vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte? El perro que no consigue morderse la cola solo se agota. No se convierte en atleta. El sistema necesita cambio, no tan solo el modelo.
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