En: http://www.noticierodigital.com/2014/11/marta-de-la-vega-el-populismo-nos-hace-perder-la-conciencia-de-que-podemos-transformar-las-cosas/
nrique Meléndez / especial Noticiero Digital / 11 nov 2014 /
imagen del bautizo del libro cortesía de @serranoart.- Para la
profesora del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón
Bolívar, Marta De La Vega, nuestra manera de entender la democracia
puede enriquecerse con los aportes del folósofo alemán Jürgen Habermas.
Esta propuesta, plasmada en el libro Modernización y Democracia en América Latina desde la Perspectiva de la “Razón Comunicativa” de Habermas bautizado el pasado sábado 8 de noviembre en la Librería Lugar Común
de Altamira y con una presentación (vía Skype) del filósofo chileno
Fernando Mires, incluye la relevancia del diálogo en una democracia
moderna y la contrasta con la visión del ideólogo del proyecto nazi,
Carl Schmitt, para quien el adversario político era un enemigo al que se
debía exterminar.
A continuación en nuestra conversación con la profesora Marta De La Vega:
¿Por qué usted se apoya en la teoría de Habermas, un autor
que considera, según dice el presentador de su libro Fernando Mires, que
la América Latina es otra cosa, distinta de la europea?
-Sí, el propio Habermas me dijo en una entrevista que yo le hice en Berlín, y que salió publicada en la revista Actual en
el año 1994 cuando yo estuve invitada a la Universidad Libre de Berlín,
que efectivamente la situación en la América Latina era otra por
completo; porque yo pensaba que su teoría podía ser una herramienta muy
útil para tratar de afianzar una democracia madura en nuestros países.
-Porque uno de nuestros problemas más graves es que nuestras
democracias son sumamente frágiles; que muchas veces están
distorsionadas y pervertidas por el populismo, y por el daño que ha
hecho el populismo a la posibilidad, realmente, de una participación
activa de la sociedad; porque la gente se acostumbra al asistencialismo
estatal; se acostumbra al paternalismo del Estado; se acostumbra al
dirigismo y termina por perder por completo la conciencia de sí mismo.
-Y la conciencia de que, siendo ciudadano, él puede transformar las
cosas desde sí mismo hacia los demás en una acción que sea, justamente,
interconectada; que sea comunicativa a través de una razón que sea
dialogal. Pero aquí, por eso, hemos perdido el diálogo; porque la gente
está acostumbrada a la dádiva y al silencio.
-No es la resistencia; se trata de la mansedumbre lo que termina
imponiéndose con el populismo; que es todo lo contrario de una
democracia efectiva. Habermas resulta para mí muy fecundo en relación a
la posibilidad de que se establezca, realmente, una interacción entre la
gente; que permita superar la confrontación; la polarización y que
permita, de verdad, que el diálogo se establezca en las condiciones en
las que Habermas señala; que son muy precisas para que no se vuelva una
patología de la comunicación que es lo que hasta ahora hemos tenido.
-El diálogo, en primer lugar, implica el reconocimiento del otro; en
una relación simétrica; en segundo lugar, implica también la tolerancia;
el respeto del otro y, por supuesto, la inclusión del otro. No hay
diálogo cuando tú estableces una relación en la que lo que priva es el
insulto, la descalificación o acusaciones graves o infundadas pero que
generan matrices de opinión muy peligrosas. Por eso es que llegamos a
esta situación que puede desembocar en calumnia; en un incidente
indeseado.
¿Usted pudiera explicar por qué Fernando Mires dijo también
durante la presentación de su libro que le parecía que mientras la
oposición venezolana parecía seguir la teoría de Habermas, el gobierno
parecía seguir la teoría de Carl Schmitt?
-Schmitt es uno de los más agudos teóricos políticos de Alemania que
se convirtió en el gran ideólogo del proyecto nazi. Una de las
características importantísimas de Carl Schmitt es que, en primer lugar,
él rompe cualquier posibilidad de intermediación de las instituciones
entre el Estado y los ciudadanos, y establece, prácticamente, una
especie de fusión del Estado con los ciudadanos.
-Por ejemplo, un efecto inmediato de su pensamiento político es el
antiparlamentarismo, es decir, la disolución prácticamente de lo que
sería un congreso. Eso por un lado, y por el otro, Carl Schmitt actúa
con una lógica de guerra; con la lógica de que el que no está conmigo no
es un adversario con el que yo puedo competir abiertamente, sino que se
trata de un enemigo al que es necesario aplastar y que hay que
eliminar, incluso, si es necesario, físicamente, como ocurrió en la
Alemania nazi. En ese sentido, hay como una especie de fusión entre el
líder y el pueblo y, en ese sentido, se pierden todas las posibilidades
de intermediación.
-Otro aspecto en relación con Carl Schmitt es que al ver al otro como
un enemigo que hay que aplastar a toda costa, todo el mundo tiene que
convertirse a ese mandato; porque de lo contrario corre el riesgo de
desaparecer, y ésa es una de las fases del pensamiento totalitario; que
busca un pensamiento complemente monolítico y que persigue la
uniformación de la sociedad en su conjunto, subyugada, sometida y
subordinada al líder.
-Por otro lado, Mires ve rasgos habermasianos en la oposición porque
allí siempre se está pendiente de un diálogo; un acuerdo de
gobernabilidad y que está condenado al fracaso porque la otra parte no
es simétrica; porque no es ni verídica ni auténtica; porque no respeta
la rectitud, porque no respeta las normas ni las reglas de juego y se
vale de mecanismos para la manipulación de modo que la oposición termina
siendo víctima de esa estrategia, digamos, dominadora y que lo que
persigue es el sojuzgamiento de la sociedad.
¿Por qué le estaría recomendado leer este libro a la clase política venezolana?
-Este libro yo creo que debe ser leído por muchísima gente; debe ser
leído por todos aquellos que creemos como demócratas en que lo más
importante de la acepción contemporánea de la democracia es la
participación y que la participación implica construir una democracia
ciudadana; una democracia de ciudadanos y no una democracia que desde el
punto de vista formal puede aparecer con todas las características de
una democracia pero que, en la práctica, se convierte en sojuzgamiento,
en descalificación e intolerancia con respecto al otro, es decir, en una
perspectiva sectaria excluyente.
-Este libro, por una parte, enseña a todos los ciudadanos un poco esa
perspectiva, de que sí es posible construir un proyecto compartido que
sea a base de la inclusión y de respeto por el otro. Por otra parte,
para la clase política, precisamente, porque aquí se desenmascaran
muchas patologías que ocurren en el mundo político y la manera como a
veces actúan los propios líderes.
-A veces, más que el pragmatismo, el ulitarismo en la relación que
establece con sus electores el líder político o con sus seguidores; un
juego de manipulación; la utilización del poder a favor de intereses
particulares; perdiéndose de vista que el interés fundamental del Estado
y de los funcionarios y dirigentes políticos que van a ejecutar las
políticas estatales tiene que ser una visión que busque el bien común.
-Pero cuando se pierde esa perspectiva, y el poder nada más se busca
por el poder mismo entonces convertimos al ciudadano en un súbdito
manipulable o despreciable cuando no comparte conmigo esa visión.
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