En: http://www.lapatilla.com/site/2014/11/16/washington-post-denuncia-escasez-y-corrupcion-endemica-en-venezuela/
La situación actual de escasez de productos básicos no es un secreto…
para los venezolanos, pero muchas veces esta realidad no llega a
traspasar las fronteras y mucho menos a los hogares estadounidenses. Pero este viernes, el Washington Post,
uno de los diarios nacionales más destacados y con mayor tirada, lleva a
su misma portada una “carta desde Venezuela”, firmada por el
corresponsal Nick Miroff, titulada “Detergent, cooking oil peddled like
drugs” (Detergente, aceite de cocinar se trafican como drogas, en
español) y donde se indica que pese a las prohibiciones del mandatario
Nicolás Maduro existe una gran “boom” de ventas en las calles de manera
informal, publica el Diario de las Américas.
El panorama que describe el periodista no tiene nada que ver con la
idílica Venezuela que desde las instancias gubernamentales trató de
venderse con la campaña turística de Cheverito: Miroff se traslada a
Petare, uno de los barrios más pobres del área metropolitana de Caracas,
donde se concentra gran parte de ventas callejeras, que queda definido
gráficamente como un “anti-Target”, uno de los supermercados más comunes
de Estados Unidos.
En una frase el periodista logra condensar la realidad que se vive
cada día en esta zona: “No hay ninguna organización aquí”. El mercado ha
sido hasta ahora “el lugar donde encontrar todos los productos escasos
por los que los compradores deben hacer colas por horas en los
supermercados, o simplemente no pueden encontrar”, como el papel
higiénico, el desodorante o los tan necesarios pañales.
Sentimientos de culpa
El diario especifica que “el pasado mes el presidente venezolano
Nicolás Maduro anunció en televisión la prohibición en la calle de café,
huevos, champú y otros 50 productos ´regulados´”. Pasado este tiempo,
esta persecución se ha convertido en tema que puede ser de doble filo
(“tricky”) para el Gobierno, ya que “en Petare, como en cualquier otro
sitio [...] puede alejar a los más pobres” del líder venezolano. “Maduro
ya se maduró”, recoge un testimonio para referirse a cómo los menos
favorecidos comienzan a mostrar distancias con el sucesor de Hugo
Chávez.
“Tengo seis hijos y dos nietos [...] Sólo trato de sobrevivir”. Son
las palabras dolorosas de Maribel Nieble, una vendedora que está
sufriendo los estragos de la escasez y que trata de ofrecer algunas
mercancías de uso corriente. Pero su sentimiento es un ejemplo de la
situación que vive el país: “Me siento como un traficante de drogas”.
El corresponsal no se olvida de hacer un recorrido por las medidas
más controversiales impulsadas desde el Gobierno (como culpar de esta
situación a la “guerra económica” de ciertos sectores que quieren
“socavar la Venezuela socialista” así como la recogida de nombres e
identificación, que tan duramente ha sido criticada por la oposición),
especificar la situación de la inflación (“una de las más altas y que se
sitúa en el 63%”) y recordar los efectos de la caída de los precios del
petróleo.
Corrupción generalizada
Pero hay un elemento que el artículo destaca muy claramente y que
define como algo habitual: la corrupción. “Para hacer las cosas aún
peor, hay una endémica cultura de corrupción que retuerce aún más las
pocas formas que quedan de la industria local y comercio legítimo”. Otro
testimonio recogido en el texto no deja lugar a dudas: “Hasta que no se
elimine la corrupción en la Guardia Nacional, nada podrá cambiar”.
Nada que no se sepa en Venezuela pero que es bueno recordar fuera de sus fronteras.
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