Wednesday, December 21, 2016

La justicia deberá prevalecer en Venezuela

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Gustavo Coronel



 ¿Se imaginan ustedes, compatriotas venezolanos, a la familia Maduro, a la familia Chávez, a los narco-generales, a los gerentes de la PDVSA gojita, a Pedro Carreño, Rafael Ramírez, Iris Varela, Delcy Rodríguez, Isaías, Roy, a toda esa gentuza chavista que ha saqueado y arruinado al país absuelta por una sociedad más interesada en llevar a cabo una transición negociada que en la aplicación de la justicia? Hay una intención en marcha de alguna gente de la oposición para que eso sea así. Gente como la del Nuevo Tiempo de Manuel Rosales, como Henri Falcón y sus asesores, como algunos miembros de Primero Justicia. Hay una oposición que se está acostumbrando a coexistir pacíficamente con la podredumbre chavista. Henrique Capriles dice algo similar pero no nombra nombres, lo cual es injusto.

¿Cuál es su razonamiento de estos pacifistas a ultranza? Argumentan que ello permitiría una transición “pacífica” en Venezuela, donde todos sigamos siendo “hermanos”.  Dicen que no se quiere una “guerra civil”, que no se quiere “sangre entre compatriotas”. A quienes hablamos de rebelión ciudadana se nos tilda de extremistas con deseos de “venganza”, confundiendo venganza con justicia.  A esa gente les digo que si la justicia no se aplica, se aplicará la venganza, que llega cuando la gente se cansa de pedir justicia sin ser oída. Por ello es que pido justicia con vehemencia.  

Quienes piden borrón y cuenta nueva han tenido tanto éxito que han podido captar a miembros de la opinión pública internacional. Basados en la farsa que es la paz en Colombia, hay quienes dicen que hay que darle a los criminales venezolanos un puente de plata para que se vayan tranquilos, pero que se vayan.

Y yo no tengo dudas de que cuando se les dé a los criminales chavistas el puente de plata, ese mismo puente de plata será utilizado por ellos para regresar al poder y llevar a cabo una segunda versión de la pesadilla venezolana.

Venezuela no aguanta una segunda pesadilla. Probablemente no aguanta ni siquiera la primera, la que no se ha terminado, la que ha prostituido y embrutecido a nuestro pueblo, la que ha creado millones de limosneros y miles de jinetero (a) s morales.

No digo que Venezuela no pueda curarse de esta herida sufrida en lo que va de siglo XXI, pero esa cura no será posible si se permite que quienes la llevaron a cabo puedan salir intactos de la tragedia. Permitirlo no sería caridad cristiana sino vulgar complicidad.

Hay toda una presión para que los venezolanos barramos la basura debajo de la alfombra y los que vengan detrás que arreen. Es una muestra más de esa maldición cómplice compartida por los líderes políticos, económicos y sociales de la Venezuela que confunde solidaridad con conchupancia. He visto funcionar esta complicidad desde que tengo uso de razón, alimentada por el mito de que los venezolanos somos solidarios y todos somos hermanos.

Esa solidaridad mal entendida llevó a Caldera a escuchar los pedidos de docenas de “demócratas” venezolanos para que soltaran a Chávez, con los resultados que ya conocemos. Algunos de quienes pidieron esa libertad para el golpista fueron victimizados después por él. Hay se repite la historia: guerrilleros que trataron de terminar con gobiernos democráticos, piden hoy coexistencia pacífica con un régimen forajido.   
Ya estoy cansado de ver este juego que perpetua la tragedia venezolana. Para mí no hay sino un camino válido: la rebelión en contra de la dictadura, cueste lo que cueste. Diálogo es colaboracionismo. No me queda la menor duda. Así lo digo, a riesgo de ser catalogado como sediento de sangre. Uno mira la historia y no hay pueblo que se haya liberado de sus cadenas tratando de sonreírle a sus victimarios

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