Friday, January 13, 2017

Ética, Mires y el derecho a ser colaboracionista del régimen dictatorial venezolano

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Gustavo Coronel


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En este escrito, “Hablemos de Ética?” el filósofo Fernando Mires escribe sobre la diferencia entre ética y moral, lo cual es importante. Somos muchos quienes utilizamos incorrectamente los dos conceptos, como si fueran totalmente intercambiables. Sin embargo, este uso está tan arraigado que hay poco riesgo de que el común de los mortales no entienda cuando alguien dice que fulano de tal “falta a la ética”, aunque debiera haber dicho – según nos dice Mires -  que “falta a su ética”. La moral es la que es universal, nos dice Mires.  

Sin duda alguna que trataremos de ser más precisos en el futuro. Pero hay elementos en el escrito de Mires que deseo comentar. Lo primero es el carácter regañón de su escrito, impropio de un filósofo. Él dice: "Basta que alguien publique algunas notas divergentes para que quien no está de acuerdo te imparta un curso de ética. Algunos incluso la usan como sinónimo de moral sin decir si se refieren a una moral universal o a la que les inculcó su mamá”.  Esa frase suena a regaño, sobre todo por la alusión a la progenitora de quien pudiera estar utilizando el término de manera equivocada.

Lo otro es su insistencia en rechazar a quienes enjuician a “artistas por su adhesión o no adhesión política” llamando este intento de enjuiciamiento un “absurdo despropósito”. Dice Mires: “Juzgar por ejemplo a un artista por su adhesión o no adhesión política cuando esta no viola a la ley es un absurdo despropósito. Presionarlo, además, para que adscriba a una causa política, e insultarlo si no lo hace, es un agravio a la ley, a la moral y por lo mismo, a toda ética”.

Aquí Mires está pensando en quienes critican a Gustavo Dudamel por su silencio frente a la barbarie y, más que silencio, por su evidente cercanía al régimen. Digo Dudamel porque Mires escribió pocos días atrás un artículo defendiéndolo. Los venezolanos y extranjeros quienes criticamos a Gustavo Dudamel lo hacemos porque su colaboración con el régimen es inmoral y viola principios de ética ciudadana. Criticarlo no es insultarlo, ya que la crítica sería insultante solo si no es comprobable, como si lo es en el caso de Dudamel.  Gustavo Dudamel es un venezolano influyente (y aunque no lo fuera) que ha preferido plegarse a un régimen bárbaro para mantener su proyecto personal.  Basta ver lo que dice Dudamel (y lo que no dice) para darnos cuenta de que es un venezolano que se ha negado en el pasado y se niega hoy a tomar una posición digna frente a la dictadura. Es por esto que lo criticamos. Insultarlo sería acusarlo de cometer un crimen que no ha cometido y este no es el caso.

Mires agrega, con arrogancia impropia de un filósofo que desearía ser didáctico:

“Por si alguien no ha entendido, lo dicho significa lo siguiente: si alguien es socialista, conservador, liberal, incluso fascista (en el caso en que los fascistas estén legalizados) o simplemente un ni-ni o un no-no, está en su pleno derecho. Y cuando hay derecho, no hay ética que valga. Naturalmente, podemos discutir a cada uno lo que políticamente es o representa. Podemos -en muchos casos, debemos- polemizar con sus posiciones. Pero no podemos cuestionar su derecho a ser o no ser lo que alguien es o ha decidido ser o no ser, de acuerdo a las garantías, derechos y deberes que ofrecen la constitución y las leyes”.

Eso de “por si alguien no ha entendido” suena bien feo. Por supuesto, nadie puede discutir el derecho que Dudamel tiene de ser un colaboracionista del régimen. Eso nadie se lo discute. Lo que sí se hace es criticarlo por serlo. Y la crítica tiene que ver con el muy cuantioso  potencial didáctico perdido en el caso de Dudamel, el caso de un ciudadano que pudiera dar una clase magistral de buena ciudadanía pero que prefiere colaborar con una dictadura, en lugar de enfrentarla.

Claro que Dudamel está en su pleno derecho pero decir que no debe ser enjuiciado o criticado por su postura amiga de la dictadura se nos antoja un salto cuántico de Mires en el campo de la moral y de las éticas.

El filósofo debería ser también un maestro y muchos filósofos lo han sido. Pero el maestro  enseña con humildad, no con arrogancia y sorna.  


Mires es un excelente  filósofo. Y tiene potencial para ser un maestro. 

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