Gustavo Coronel
Al
menos dos analistas políticos de primer rango: Francisco Toro, en
Caracas Chronicles
y Luis Vicente león en su twitter, le restan poder a la decisión de la
Asamblea Nacional de declarar a Nicolás Maduro en abandono del cargo.
Definen la decisión como “simbólica”. Discrepo de ellos. Creo que la
decisión de la Asamblea Nacional tiene un gran
poder político y puede (y debe) convertirse en una bandera principal
para la rebeldía ciudadana. Según Toro la decisión es simbólica porque
el Tribunal Supremo de Justicia ya la invalidó. Dijo que la acción era
puramente simbólica y que ya el tribunal Supremo
de Justicia la había invalidado,
ver: https://www.caracaschronicles.com/2017/01/10/venezuelas-opposition-appears-badly-divided-national-assembly-floor/
Por
su parte, León dijo en su twitter:
“La AN está cercada institucionalmente. Sus acciones son relevantes en términos simbólicos pero no en capacidad de ejecutar sus decisiones
“La AN está cercada institucionalmente. Sus acciones son relevantes en términos simbólicos pero no en capacidad de ejecutar sus decisiones
06:53 - 10 ene 2017
En
política todo es posible, pero mi impresión es que se vuelven a
sobredimensionar expectativas de cambio que en lo personal no veo claras
Me
parece que se equivocan quienes creen que el presidente no gobierna. Mi
impresión es diferente. Creo que ha reforzado su control.07:13 - 10 ene 2017
La definición de “simbólica”
sugiere que la decisión de la Asamblea Nacional no tendría valor
jurídico ya que el Tribunal Supremo de Justicia la invalidó. Esto sería
cierto si
el TSJ fuese un organismo legítimo, de acuerdo a la Constitución, pero
resulta que lo opuesto es lo cierto. El TSJ actual es un organismo
ilegítimo ya que ha sido integrado en violación de las disposiciones
que rigen esa integración. Por su parte, la Asamblea
Nacional es legítima. Se podría argumentar que lo simbólico no es la
acción de la Asamblea Nacional sino su invalidación por parte del TSJ.
Lo
que apunta León es que la decisión de declarar el abandono del cargo de
Maduro es errónea porque su impresión es que Maduro si gobierna, ya que
“ha reforzado su control”.
En este caso se hace una equivalencia entre control y gobierno. Es
decir, no puede haber abandono del cargo si se está controlando. Esta
interpretación es, en mi opinión, equivocada, porque lo que se define
como ocupación del cargo no es mero control sino
gobernabilidad dentro del marco constitucional y legal. Es en este
sentido que Maduro ha abandonado el cargo.
Más
allá de estas disquisiciones, sin embargo, lo que considero fundamental
en la decisión de la Asamblea Nacional es su poder político. Tanto en
Venezuela como en el exterior
esta decisión tiene, en potencia, la capacidad para convertirse en la
principal bandera de quienes exigen un cambio inmediato en la conducción
del país. En Venezuela todo dependerá del liderazgo político, de cuanto
pueblo esté dispuesto a rebelarse, del eco
que la decisión despierte en la Sociedad Civil y de la conducta de los
militares. En el exterior, mucho depende de lo que se vea ocurrir en
Venezuela porque nadie en el exterior va a ser “más papista que el
papa”. Si no hay decisión de rebelión cívica en Venezuela
los sectores internacionales no actuarán a nuestro favor. Seguirán
pidiendo diálogo. Si los formadores de opinión en Venezuela no apoyan la
decisión de la Asamblea Nacional será difícil galvanizar la acción de
apoyo popular y de apoyo externo.
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