Nelson Rivera
Advertir es oficio ingrato. No nos gusta escuchar a quien nos previene, especialmente cuando sus pronósticos nos señalan de forma directa. El rechazo a escuchar la verdad que contienen algunas advertencias no se limita a las cuestiones personales. El repudio a la verdad se produce en relación con lo privado y lo público. Además, en la mayoría de las oportunidades, la advertencia tiene la forma de la negatividad. No porta buenos pronósticos, sino reparos a futuro, amonestaciones, llamados de atención en relación con hechos que hemos pasado por alto. El que advierte, lo quiera o no, interroga nuestras capacidades perceptivas. Nos dice: No has visto ni esto ni aquello.
Hay caracteres que se configuran alrededor de la práctica de advertir. En las familias suele ocurrir: alguien que, además de martillarnos con los peligros que nos acechan, a menudo acierta. Es la encarnación del yo-te-lo-dije. De hecho, advertir puede constituirse en una especialidad: alguien particularmente dotado para ver lo que otros no ven o para detectar lo que no podrá ser evitado. Un experto en desactivar los falsos optimismos. En señalar el modo en que las cosas pueden agravarse. Alguien que no teme aceptar que vivimos bajo una ley verificable en estos términos: las malas noticias superan las buenas. Es por ello que sentimos que en la personalidad de quien nos advierte de forma recurrente hay algo agónico, impaciente y taxativo. Por eso, en su mentalidad son tan frecuentes los dictámenes, las sentencias.
Una potente constatación cruza las páginas de Repensar el futuro. 111 sorpresas del siglo XXI, el más reciente libro de Moisés Naím: la condición del poder ha cambiado. Tres frases sintetizan su nueva caracterización. Una: el poder se ha hecho más accesible, más fácil de alcanzar. Dos: el poder se ha vuelto más difícil de gestionar o de usar. Y, tres, su volatilidad ha aumentado: el poder se pierde ahora con mayor facilidad.
Aunque no todos los artículos ordenados en este libro de rutas (pronto explicaré a qué me refiero con esta denominación) remiten a esta triple caracterología, resulta casi imposible evitar su presencia en todo el cauce de su lectura, puesto que en su fondo, las 111 piezas que lo conforman, son partes interconectadas de una meditada revisión del estado presente y futuro del poder. Que el libro sea más que una mera recopilación se debe al cuidado diseño de su estructura, a lo que cada sección agrupa, así como a la secuencia en que se ofrece el recorrido.
Los 111 artículos han sido organizados en 11 secciones. Cada sección agrupa piezas ordenadas por afinidad. El orden en que se suceden en el volumen no guarda relación alguna con el orden en que fueron publicados. Así, cada sección se configura como una ruta posible, de mayor o menor nitidez, con la que aproximarse a cuestiones de vocación planetaria. Y esa ambición, la de la vocación planetaria, es una de las fuerzas que subyacen en el método de Moisés Naím.
Las alarmas del mundo
Naím es un analista de causas y consecuencias. Nos conduce ante hechos, en apariencia remotos, que nos alcanzan y modifican el curso de nuestra cotidianidad. Realidades que permanecen en segundo o en tercer plano, o que no detectamos, nos imponen nuevas disyuntivas. Naím las localiza, conecta unos fragmentos con otros, los reinterpreta.
Sus procedimientos son diversos: desmitifica (un ejemplo: su comentario sobre la tentación de remitir a Internet la solución de los problemas del mundo); vuelve a datos ya examinados y los cruza con otros para reformularlos; clarifica (nos propone reinterpretar el significado de eventos y noticias); desagrega los vectores –también las responsabilidades– que actúan en específicas coyunturas; sugiere que ciertos acontecimientos se proyectan y adquieren un carácter sistémico; pone foco en las cosas que deben ocurrir –en su factibilidad– para que unas determinadas expectativas se cumplan; también hace lo contrario: señala las ausencias. La realidad es la trama donde presencias y ausencias se entrecruzan.
La observación de Naím parte, en lo primordial, de la economía. Desde esa plataforma se proyecta hacia la política, los grandes debates (como el de la desigualdad que es indisociable de cuestiones como ideología y poder), el impacto de Internet en el funcionamiento de nuestro mundo, los formatos de la violencia contemporánea, además de algunas incursiones en los terrenos de la futurología. Su pálpito es el del pronosticador. Una imagen de Naím: un hombre en las proximidades del despeñadero, que levanta su voz para advertirnos de los peligros que nos acechan unos metros más adelante.
En lo esencial, Naím es un advertidor. Una mentalidad interesada en las tendencias. En la introducción dice de sí mismo: “Soy un columnista”. Curiosamente se autodefine por el género periodístico que practica y no por las vitales materias de las que se ocupa en sus columnas. Escritor cuyo estilo privilegia la eficacia, sus artículos son un prodigio de claridad divulgativa y pedagógica. El que Fernando Henrique Cardoso haya usado la frase “Un observador global”, para titular su prólogo, no constituye un exceso de elocuencia: los intereses temáticos de Naím viajan por continentes y países. La sección del libro dedicada a Venezuela (“¿Cómo son las dictaduras del siglo XXI”?) logra, en pocos trazos, mostrar al lector no venezolano un esquema comprensible de las enormes dificultades por las que ha transitado y transita nuestro país. Los quince textos del capítulo “¿Qué les está pasando a los poderosos?” proceden como un abreboca para quienes se interesen por el libro previo de Naím, El fin del poder (2013). El capítulo orlado con el nombre de “Los secretos de Washington” muestra a un experto en los vericuetos de la alta política norteamericana.
En los últimos años los lectores hemos asistido a la creciente presencia, divulgativa y ensayística, de libros y revistas que miran al futuro con extrema preocupación, desde distintas perspectivas. Si un sello porta el advertir de Naím es el de su constante apelación a datos de múltiples fuentes. Incluso cuando permite que algún impulso tremendista irrumpa en su escritura (por ejemplo, uno de sus artículos lleva por título “Cinco ideas que murieron en 2011”), ello no significa que se abandone a la especulación. Hombre de rigores, no hay en sus textos lugar para la interpretación infundada o el enunciado sin respaldo. Por eso es juicioso leerle: en el seguimiento que hace de causas a consecuencias, las personas de las que habla somos nosotros. Usted, yo.
*Existen dos versiones de este libro en nuestra lengua. La primera, con el nombre de Repensando el mundo. 111 sorpresas del siglo 21, fue publicado por la editorial venezolana La Hoja del Norte, en marzo de 2016. Otra más reciente, Repensar el mundo. 111 sorpresas del siglo XXI, de abril de 2016, fue editada en España por Penguin Random House Grupo Editorial.
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