Thursday, January 12, 2017

La posverdad como obstáculo al cambio político

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Ramón Escovar León

12 DE ENERO DE 2017 12:42 AM | ACTUALIZADO EL 12 DE ENERO DE 2017 06:01 AM
“La política es el arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño” decía D’Israeli. La cita es pertinente en estos días por el éxito y la potencia que ha adquirido la mentira en el mensaje político, tal como lo demuestran Hugo Chávez en el caso de Venezuela, y, más recientemente, Donald Trump, en el de Estados Unidos. Para describir esta situación se ha puesto de moda el neologismo posverdad, que fue calificado como palabra del año por el Diccionario Oxford. Este término alude “a circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Esta palabra ha sido reseñada por la Fundación del Español Urgente (http://tinyurl.com/jzjsuqr) y utilizada por la revista The Economist (10.09.2016) para destacar, entre otras, las mentiras del nuevo presidente de Estados Unidos; por ejemplo, cuando acusó a Barack Obama de haber sido el fundador del Estado Islámico. The Economist destaca que Trump presta poca atención a la verdad de sus palabras, pues a través de ellas solo busca que se activen votos. Entonces hay un desajuste entre el mensaje político falso y la veracidad de los hechos, lo cual no es nada nuevo, pero vale la pena recordarlo por el papel que ha jugado esta estrategia en Venezuela.
Aunque escapa a las breves dimensiones de este artículo examinar las mentiras más protuberantes que han contribuido con la cadena de engaños a la que hemos sido sometidos los venezolanos, no debemos pasar por alto que el inventario de los líderes chavistas en este sentido es enorme, y que el grueso de su mensaje ha estado dirigido a despertar una serie de emociones negativas en sus seguidores; muchas de ellas basadas en el odio y el resentimiento hacia quienes disienten del modelo revolucionario. Calificativos como “traidores a la patria”, “agentes del imperio” y otras equivalentes se han convertido en moneda de cuenta en el discurso revolucionario.
Ahora el uso político de la posverdad debe ser revisado por parte de los dirigentes de la oposición. Hay ofertas para todos los gustos que proyectan su eco en los medios de comunicación y en las redes sociales. La cantidad de seguidores en Twitter se consigue sobre la base del comentario elevado y hasta desajustado. Recuérdese, por ejemplo, que apenas entró en funcionamiento la nueva Asamblea, luego del contundente éxito electoral del 6D, se hicieron ofertas muy atractivas para atraer la atención de los opositores, como aquella que afirmaba que en seis meses se sacaría a Maduro del poder. No dudo que había cierta creencia de que este hecho podría ser posible, pero a mi juicio estuvo basado en lo que se deseaba más que en realidades políticas, es decir, era wishful thinking y nada más. Luego vino con insistencia la promesa del revocatorio. Basta revisar los tuits de la época para verificar el tamaño de lo que se ha ofrecido y lo poco que se ha logrado desde entonces. Salta aquí un elemento que llama la atención: hubo mucha lentitud en el necesario paso de revocar a los “magistrados exprés” porque fueron elegidos incumpliendo el procedimiento previsto en la Constitución. En esta discusión se consumió mucho tiempo y, al final, todo fue desmontado por la Sala Constitucional. Aquí el factor tiempo era fundamental, porque “el tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración”, como ya ha apuntado acertadamente Couture.
Que sirvan los errores cometidos para evitar crear esperanzas ajenas a las realidades políticas. Por eso celebro que Julio Borges, el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, haya declarado a El Nacional (08.01.2017) que “Hay que darle a la gente una sobredosis de realismo. No hay soluciones mágicas y solamente si el país entero se pone de pie como un solo hombre a presionar para rescatar la Constitución y el sufragio, podemos solucionar parte de la crisis”. Se trata de un comentario conveniente porque lo que tenemos por delante no es fácil y, por eso, se requiere manejar la verdad y no crear falsas esperanzas con ofertas basadas en las emociones e intereses de los oradores políticos. En otras palabras, armados con la verdad podremos diseñar un plan político que permita la celebración de las elecciones previstas en nuestro sistema electoral. Y de esa manera podremos recuperar la libertad, la democracia, el crecimiento económico y la decencia institucional. Para ello es fundamental dejar de lado la política de la posverdad.  
@rescovar

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